La Segunda | Decana Erika Castillo: «el profesor no está preparado para ser excelente cuando sale de la universidad»
Decana de la Facultad de Educación y Humanidades de la U. Andrés Bello analiza los resultados en la prueba PISA: “Una de las cosas que más alarma es que quienes obtenían mejores resultados han bajado”.
La doctora en Filología y decana de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Erika Castillo (58), estuvo la semana pasada en España en reuniones y seminarios en Granada y Jaén; desde allá analizó los resultados del informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos —PISA— un examen mundial que, cada tres años, mide las habilidades de los estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias. Allí Chile registró un retroceso en las dos primeras y en la última se mantuvo estable respecto a la anterior medición de 2022.
“Una de las cosas que más alarma es que en Chile el descenso no ha estado dado por una ampliación de la brecha, sino porque quienes obtenían mejores resultados los han bajado. Pero hay un elemento que destaco fuertemente: tenemos un lugar sobre el promedio OCDE respecto de la percepción que tienen los estudiantes en cuanto a que el profesor se compromete con sus aprendizajes. Esa parte es prometedora, si a eso le sumáramos una valoración del trabajo de los profesores por parte de los equipos directivos, padres, apoderados y el entorno, la haríamos”, sostiene Castillo frente al computador, desde su habitación en un hotel en Madrid.
Oriunda de Concepción, estudió Pedagogía en Castellano y un magíster en Literatura Hispánica en la Universidad de Concepción. La veta por la enseñanza viene de su padre, un abogado enamorado de la pedagogía y su madre, una profesora normalista que fue directora de colegios vulnerables de la Región del Biobío. “Quería estudiar Derecho, porque vengo de una familia con hartos abogados, pero no me dio el puntaje y entré a Castellano, que era mi segunda alternativa, y me enamoré de la carrera”, afirma.
“Soy millennial para el trabajo. Estoy corrida una generación” dice entre risas por su extenso currículum: ha trabajado en el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas del Mineduc; en la Vicerrectoría Académica de la U. de Santiago y en la Dirección General de la U. San Sebastián. También fue vicerrectora académica de la UMCE, y durante dos períodos ejerció como vicepresidenta de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA). En marzo de este año asumió en la UNAB.

—¿Alguna vez hizo clases en colegios?
—Sí, recién salida de la universidad. Fue una tremenda experiencia, porque hay una parte de la docencia en el aula que extraño hasta hoy, y sobre todo la conexión tan cercana con la adolescencia y la juventud, desde el lenguaje, la inquietud y la relación con la vida.
“Hemos disociado el aprendizaje del movimiento”
—¿Qué está pasando al interior de las salas de clases? Un 43% de los estudiantes que rindieron la prueba PISA reporta que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas las clases, en comparación con el 31% promedio de la OCDE.
—Las personas necesitan moverse y hemos disociado el aprendizaje del movimiento. Ese es un aspecto en el que hay que entrar con esta nueva ley de los 60 minutos (de actividad física, juegos o deporte durante la jornada escolar). Cuando un cuerpo ha estado en movimiento se dispone de mejor manera al aprendizaje. Puede que nuestras prácticas educacionales escolares sean muy frontales y rígidas y eso incide en ciertos niveles. Pero cuando vas avanzando, hay un tema con la capacidad de atención que está muy vinculada al manejo de las tecnologías y a la rapidez del consumo de la información. Hay un valor positivo asociado al manejo de tecnologías e información fácil, de poca profundidad, pero eso harta y nos lleva a que el estudiante traslade esa competencia que tiene con los aparatos digitales a sus relaciones personales, donde quiere esa rapidez y fluidez.
—Las nuevas generaciones quieren todo más rápido.
—La escucha atenta, con tiempo, con pausas, el valor de que el otro haga una reflexión profunda y pueda pensar qué le pasa ha perdido muchísimo espacio en la educación. Y no es tan fácil de solucionar. Pero tenemos una llave maestra: los estudiantes (86%) piensan que el profesor se preocupa por sus aprendizajes. Cuando esa implicancia la siente el que aprende, se compromete no solo con su propio aprendizaje, sino que con la expectativa que el otro proyecta sobre sí. Ese es el circuito maravilloso de la interacción pedagógica oportuna, pertinente. El otro que te escucha, entiende lo que está detrás de tu respuesta, imagen y gesto. Tenemos una súper buena llave que hay que saber trabajar; masificarla no es fácil, pero nos da una luz esperanzadora.
—¿Qué tanto pueden influir leyes como la de inclusión, que plantea el desafío de una sala de clases mucho más diversa, por ejemplo, con niños con TEA o hiperactividad?
—Cuando la educación es selectiva, eliges a quienes quieres tener. Cuando es vista como un derecho de desarrollo de las personas, tienen que participar todos los que están en la edad de hacerlo. Frente a eso, en el aula hay que hacerse cargo. ¿Cuáles son los límites? Probablemente algún tipo de situaciones o problemas de aprendizaje que dentro de una sala común puede que requieran un manejo muy especializado. El aula inclusiva es en la que todos pueden aprender más y mejor. La obligación del docente es adecuar sus metodologías de enseñanza.
—¿Pero los profesores están preparados para ese tipo de aula? ¿En las facultades de educación, les entregan herramientas para enfrentarlo?

—Entregamos herramientas teóricas, porque es muy difícil en la práctica. Son técnicas aprendidas. El profesor no está preparado para ser excelente cuando sale de la universidad. El profesor se transforma en excelente en su desempeño profesional continuo y acompañado. Hay un rol muchísimo más activo que podríamos tener las universidades respecto del acompañamiento del profesor en servicio. Ahí hay un punto del eslabón que en alguna parte se cayó. Si uno pudiera imaginar un mundo más ideal, está la idea de las escuelas anexas que sirven como centros de práctica, en que hay interacción permanente, se hace innovación, en que se sigue, se estudia y se sistematiza. Los países con mejores resultados tienen esa figura.
“Las pantallas invadieron el escenario”
—Cristián Bellei, investigador del CIAE (Centro de Investigación Avanzada en Educación) de la U. de Chile, cree que el estancamiento del país se explica, en parte, con la falta de una agenda de desarrollo de capacidades docentes. ¿Concuerdas con este análisis?
—Completamente de acuerdo. La formación inicial docente, en términos generales, es buena en Chile. El 99,9% de las pedagogías están acreditadas, además todos los estudiantes pasan por una evaluación que hace el Ministerio de Educación, cosa que no se hace con ningún otro tipo de profesión, salvo Medicina con el Eunacom (Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina). Lo que no hay es una claridad de cómo los profesores van siendo acompañados y sus capacidades docentes van creciendo en el tiempo y siendo valoradas por el entorno. La gestión número uno debería ser cómo garantizamos mejores aprendizajes para nuestros estudiantes en la escuela, pero también cómo generamos todos los acompañamientos para que la escuela lo pueda hacer bien.
—Un 48% de los estudiantes (20 puntos más sobre el promedio OCDE) dicen que sus compañeros se distraen con los dispositivos digitales durante las clases. ¿Qué valor le otorgas a la prohibición del uso de celulares en las aulas?
—Es un muy buen ejercicio de emocionalidad no estar con el celular en clase, justamente para aprender a relacionarte, porque también las familias están en la misma dinámica. Pero ojo: no es que en las familias se hable y que en el colegio sea distinto, no, es que las pantallas invadieron el escenario en todos los lugares. ¿Por qué se distraen con tecnología? Porque esta, quieran o no, entrega información, pero no se compromete con el aprendizaje. A pesar de las capacidades de los profesores de elaborar material de apoyo entretenido para los estudiantes, créeme que lo que el estudiante vio la noche anterior en su celular fue harto más entretenido, porque lo elabora gente casi de la edad de ellos, con otras capacidades.
—El uso de la inteligencia artificial también creció por sobre el promedio de la OCDE. El 51% de los estudiantes chilenos dice que utiliza el chat GPT para aprender al menos una vez por semana. ¿Más tecnología significa menos aprendizaje?
—Tienes más acceso a la información, pero no sabemos si es validada, no sabes la fuente y eso es riesgoso, porque puedes aprender cosas que no tengan una buena base científica. Si no tienes un conocimiento y un criterio en el área específica de aquello que estás consultando, la IA puede ser muy obsecuente. En mi experiencia con la IA, sino sabes escribir bien, no vas a dar nunca una buena instrucción y no vas a generar un prompt adecuado. Si no sabes leer y comprender profundamente, lo que vas a entender será algo de un bajo nivel cognitivo. Podemos tener sujetos altamente informados, pero poco transformados en capacidades abstractas de pensamiento. Ese es el riesgo mayor. La gente cree que la información puede ser conocimiento, pero no necesariamente son los criterios que estructuran algo, que es a lo que uno apunta cuando enseña.

—Chile no solo tiene una alta proporción de estudiantes que no alcanza las competencias básicas, sino que también presenta muy poca participación en los niveles más altos de desempeño. ¿Qué consecuencias puede tener esto?
—Eso es lo más grave, porque la pregunta es ¿cuándo aprendes ese razonamiento profundo? Lo aprendes cuando lees algo o cuando tienes que escribir y fundamentar. Cuando argumentas en una prueba, por ejemplo, seguro que llegas a un razonamiento muchísimo más profundo. En casos como la gramática, lo que haces es que tu mecanismo de comunicación, que es el código, el lenguaje que utilizas, lo distancias de ti y analizas cómo está estructurado. Esa es una de las experiencias más potentes de razonamiento abstracto, porque no sólo estás pensando en cómo está constituido un algo que observas, sino que estás sacando algo tuyo, que lo externalizas y lo analizas.
—¿Por qué los estudiantes de familias que más pagan por la educación de sus hijos son los que más ven disminuido su desempeño?
—Volvería al punto de la conversación reposada, a la interacción y a la implicancia con lo que le pasa al otro en su aprendizaje, emocionalidad, percepción, cambios, relaciones con sus amistades. Cuando alguien te dedica tiempo y conversa contigo, ¿qué significa? Más allá de lo que hables, significa que eres importante para la otra persona.
*Entrevista realizada por el diario La Segunda a la Decana de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Erika Castillo.
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