La Estrella Concepción | La paradoja de estar conectados
En una columna publicada el 13 de julio de 2026, la docente de Psicología UNAB Concepción, María José Millán, abordó la "relación" de las personas y las pantallas, que con el paso del tiempo, modificó nuestra forma de convivir con las personas.
Hace un par de décadas, pocos habrían imaginado que uno de los principales desafíos para nuestra salud mental estaría relacionado con un objeto que llevamos permanentemente en el bolsillo. Sin embargo, en la actualidad resulta difícil comprender nuestra vida cotidiana sin considerar el papel que ocupan las pantallas y las redes sociales en la forma en que nos vinculamos con los demás.
Con frecuencia pensamos en el impacto de las redes sociales desde sus
manifestaciones más visibles, como ansiedad, problemas de autoestima, dificultades para dormir o una creciente tendencia a compararnos con vidas aparentemente perfectas.
Sin embargo, la progresiva disminución de los espacios de encuentro presencial es una consecuencia más que merece atención.
La paradoja llevada a la vida real
Cada vez más actividades que antes ocurrían cara a cara se trasladan al mundo digital. Conversamos por mensajería instantánea en lugar de reunirnos, compartimos momentos a través de fotografías en vez de vivirlos juntos y observamos la vida de los demás mediante una pantalla, sin necesariamente participar de ella.
Estar conectados ya no siempre significa estar acompañados.
Diversas investigaciones internacionales han advertido cambios importantes en las formas de relacionarnos. Un reciente informe del Institute for Family Studies (IFS) en Estados Unidos describe una disminución sostenida de las relaciones íntimas y de la frecuencia con que las personas comparten tiempo presencial con amigos, especialmente entre los más jóvenes.
Más allá de las cifras específicas, estos datos parecen apuntar hacia la reducción de las oportunidades de encuentro en la vida cotidiana.
Cambios reales
Lo cierto es que hemos observado una profunda transformación en la experiencia de la infancia y la adolescencia, caracterizada por el desplazamiento de gran parte de la vida social hacia los entornos digitales.
Independientemente de las distintas posturas que puedan existir sobre este fenómeno, resulta difícil negar que la forma en que las nuevas generaciones construyen vínculos ha cambiado de manera relevante.
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