La Estrella Concepción | El nudo ciego del empleo femenino en Chile
En una columna publicada el 2 de junio de 2026, Felipe Vergara, director de Postgrados de la FEN UNAB, abordó este escenario en la cual el desempleo de las mujeres ya superó las dos cifras en el país.
Las cifras del mercado laboral en Chile se han estancado en una meseta preocupante y vuelto a evidenciar una grieta histórica que nos negamos a cerrar;
con una tasa de desempleo general instalada en el 9,1% y la desocupación femenina escalando nuevamente a los dos dígitos (10,5%), el diagnóstico es crudo e ineludible y es que buscar trabajo en Chile, especialmente siendo mujer, se ha transformado en una carrera con vallas invisibles, pero implacables.
Este fenómeno no responde a una falta de voluntad: al contrario, la fuerza de trabajo femenina sigue aumentando; son cada vez más las mujeres que salen a buscar un ingreso; sin embargo, el mercado formal simplemente no las está absorbiendo al mismo ritmo.
La consecuencia directa es el refugio en la informalidad (que roza el 29% en las mujeres) o el desaliento de quienes buscan insertarse por primera vez.
Trabas al empleo
Frente a esto, la pregunta de fondo ya no es cuántas mujeres quieren trabajar, sino qué trabas estructurales continúan operando en el sector privado para que las empresas eviten contratarlas.
El gran elefante en la habitación sigue siendo la forma en que legislamos el cuidado. El artículo 203 del Código del Trabajo —una norma de hace décadas que obliga a las empresas con 20 o más trabajadoras a costear una sala cuna— sigue funcionando, irónicamente, como un impuesto encubierto a la contratación de la mujer número 20.
Mientras el cuidado de los hijos siga siendo percibido legalmente como un costo o riesgo exclusivo de la madre, y no del padre, el empleador promedio seguirá viendo al hombre como el trabajador “sin riesgo de ausencia”.
Urgencia económica
Por eso, el debate en torno al proyecto de Sala Cuna Universal —que actualmente vive definiciones clave en el Congreso con miras a destrabar su financiamiento y cobertura— no es un asunto meramente educacional o social; es una urgencia económica de primer orden.
Desligar el beneficio del tamaño de la nómina femenina y de su género, creando un fondo solidario de financiamiento, permitiría nivelar la cancha para que las pequeñas y medianas empresas (PYMES) dejen de temerle a la contratación de talento femenino; cada punto de aumento en la participación laboral de las mujeres se traduce directamente en un incremento del Producto Interno Bruto (PIB); mantener esta barrera es, literalmente, frenar el crecimiento del país.
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