Estudio de investigador FEN UNAB explora el impacto del capital psicológico en el compromiso académico
El paper, desarrollado por el profesor Jesús Juyumaya junto a otros tres investigadores, fue publicado en el Journal of International Education in Business, una de las principales revistas académicas de educación en negocios.
El académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jesús Juyumaya, junto a otros tres expertos, desarrolló una investigación que buscó explorar el impacto del capital psicológico en el compromiso de los estudiantes universitarios.
El estudio, titulado “El impacto del capital psicológico y la metacognición en el engagement académico: el rol moderador de la modalidad del programa”, fue publicado recientemente en el Journal of International Education in Business, una de las principales revistas académicas de educación en negocios.
El paper tiene también como autores a Juan Carlos Armijos y Katherin Arrúa, ambos de la Universidad Americana de Paraguay, y a Cristian Torres-Ochoa, de la Universidad de Valparaíso.
Resultados
Basándose en una muestra de 1.641 estudiantes universitarios de programas de pregrado y postgrado, tanto en modalidad presencial como online, el estudio mostró que el capital psicológico -es decir, recursos como la resiliencia, la autoeficacia, la esperanza y el optimismo- tiene un efecto positivo sobre el engagement o compromiso académico.
Sin embargo, a juicio del profesor Juyumaya, “el hallazgo más relevante es que este efecto no solo es directo, sino que ocurre en gran medida a través de la metacognición, es decir, la capacidad de los estudiantes para planificar, monitorear y evaluar su propio aprendizaje”.
El especialista destacó también que lo que más le sorprendió de los resultados “fue la fuerza de este mecanismo en contextos virtuales. Si bien esperábamos diferencias entre modalidades, no anticipábamos que la metacognición tendría un rol tan decisivo en entornos online, amplificando significativamente el impacto del capital psicológico en el engagement”.
¿Qué ocurrió en los programas online?
El estudio mostró un efecto más fuerte en programas académicos online, lo cual los autores atribuyen al hecho de que el aprendizaje virtual exige niveles mucho más altos de autonomía y autorregulación.
“A diferencia del entorno presencial, donde hay mayor estructura externa, en lo online el estudiante debe organizar su tiempo, mantener la motivación y gestionar su propio proceso de aprendizaje”, afirmó Juyumaya.
En este contexto, el experto enfatizó que la metacognición se vuelve central: “quienes son capaces de planificar, monitorear y ajustar su aprendizaje logran traducir mejor sus recursos psicológicos en engagement”.
En otras palabras, el entorno virtual actúa como un “acelerador” de estas capacidades, haciendo más evidente su impacto.
Cómo desarrollar estas habilidades
Para Juyumaya, las habilidades analizadas pueden desarrollarse de forma concreta a través de prácticas pedagógicas intencionadas.
“Por ejemplo, la autoeficacia puede impulsarse diseñando actividades con logros progresivos, retroalimentación frecuente y objetivos claros, que permitan a los estudiantes experimentar éxito. Mientras que la resiliencia se puede fomentar incorporando espacios donde el error sea parte del aprendizaje, promoviendo la reflexión sobre dificultades y cómo superarlas”, explicó.
En cuanto al optimismo y la esperanza, comentó que se pueden desarrollar “trabajando con metas claras y sentido de propósito en las asignaturas”.
“Además -agregó-, es clave complementar esto con el desarrollo de habilidades metacognitivas, como enseñar a los estudiantes a planificar su estudio, monitorear su progreso y ajustar sus estrategias. Esto transforma los recursos psicológicos en aprendizaje efectivo”.
Enfoque integral del aprendizaje
Al ser consultado por las recomendaciones que se desprenden de la investigación, el académico de la FEN UNAB señaló que los resultados “sugieren que las universidades deberían avanzar hacia un enfoque más integral del aprendizaje, que no solo transmita contenidos, sino que también desarrolle recursos psicológicos y habilidades de autorregulación”.
“En definitiva, se trata de formar estudiantes no solo competentes, sino también adaptativos y capaces de aprender de manera autónoma, lo cual es clave en el mundo actual”, subrayó.
Con respecto a los próximos pasos de esta línea de investigación, Juyumaya afirmó que el equipo buscará profundizar en cómo estos procesos pueden medirse no solo a nivel subjetivo, sino también a través de indicadores fisiológicos y cognitivos, como atención, carga mental o engagement en tiempo real.
Además, esperan avanzar hacia diseños longitudinales y experimentales, que permitan entender mejor la causalidad y evaluar intervenciones concretas en contextos educativos.
“El objetivo es seguir integrando la psicología organizacional, la educación y la neurociencia, para comprender de manera más completa cómo las personas se involucran en sus tareas y cómo podemos diseñar mejores experiencias de aprendizaje”, concluyó.
El paper se puede revisar aquí.
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