El Rancagüino | Columna de opinión: El desgaste de un instrumento excepcional
Jorge Astudillo, académico de la carrera de Derecho de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar, advirtió la desvirtuación del mecanismo de la Acusación Constitucional.
En una columna publicada el 15 de julio por El Rancagüino, el académico de la carrera de Derecho de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar, Jorge Astudillo, analizó el uso que se le da a la herramienta de la Acusación Constitucional.
El experto señaló que «el Senado rechazó la acusación constitucional contra el exministro de Hacienda Nicolás Grau. El resultado era previsible. Pero más allá del desenlace, la discusión deja una pregunta más importante».
«¿Se está utilizando adecuadamente una de las herramientas más importantes que contempla nuestra Constitución para exigir responsabilidad a las altas autoridades del Estado?», cuestionó Astudillo.
El académico explicó que «la acusación constitucional es un procedimiento excepcional mediante el cual el Congreso puede hacer efectiva la responsabilidad de determinadas autoridades cuando concurren las causales expresamente establecidas en la Constitución».
No fue concebida para expresar desacuerdo con las decisiones de un ministro ni para sancionar una gestión considerada deficiente.
Además, Astudillo añadió que «solo tres acusaciones constitucionales terminaron con la destitución de un ministro de Estado. Que la mayoría no prospere no constituye un problema, por el contrario, un mecanismo de esta naturaleza debe aplicarse de forma excepcional».
«Lo preocupante es otra cosa: el aumento sostenido de acusaciones con fundamentos constitucionales discutibles. Entre 1990 y 2010 se presentaron seis libelos contra ministros; desde 2011 la cifra supera la veintena», advirtió el experto.
Astudillo explicó que «utilizar este mecanismo sin la solidez jurídica que exige produce efectos que trascienden un caso particular. Primero, banaliza una herramienta diseñada para situaciones extraordinarias: cuando todo puede ser objeto de una acusación constitucional, el instrumento pierde fuerza precisamente cuando más se necesita».
«Segundo, instala una lógica de reciprocidad política, donde cada sector recurre al mecanismo para responder al adversario, deteriorando la confianza en las instituciones», indicó el académico.
Finalmente, Astudillo sentenció que se debe «reservar la acusación constitucional para los casos que realmente la ameritan. Solo así este mecanismo conservará el carácter excepcional que la Constitución le otorgó».
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