El País | Académico UNAB Patricio Cabello profundizó en la relación redes sociales y adolescentes
El académico de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, Patricio Cabello, plantea que el dato de más de 45 horas semanales de uso de redes sociales entre adolescentes chilenos debe interpretarse con cautela. A su juicio, el debate no debería centrarse únicamente en restringir el acceso de niños y adolescentes, sino también en avanzar hacia una mayor regulación de las plataformas digitales.
El dato de que los adolescentes chilenos de 15 años pasarían más de 45 horas semanales en redes sociales, cifra que ubica a Chile por sobre el promedio de los países considerados en un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ha vuelto a instalar la relación entre infancia, adolescencia, tecnología y bienestar en el debate público.
Sin embargo, para Patricio Cabello, académico de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Andrés Bello, la cifra debe ser analizada con cautela antes de extraer conclusiones sobre cuánto tiempo efectivamente pasan los adolescentes en estas plataformas.
El académico cuestionó en entrevista con el diario El País particularmente la metodología utilizada para establecer ese promedio. Aunque reconoce que resulta “interesante que Chile aparezca de primero” en la medición, sostiene que no existen suficientes razones para alarmarse a partir de ese dato específico, debido a las características del método empleado para estimar las horas de conexión.
El informe de la OCDE utiliza nuevos análisis de datos correspondientes a 2022 del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), con el objetivo de estudiar las asociaciones entre el uso de redes sociales, los resultados y las competencias académicas.
Para Cabello, esta distinción metodológica es relevante porque una cifra elevada de horas de conexión no necesariamente permite determinar, por sí sola, si existe un uso problemático de las redes sociales ni cuáles son sus efectos en los adolescentes.
Más que contar horas: comprender el uso
El académico también llama a diferenciar entre el uso frecuente de redes sociales y una eventual conducta adictiva. En ese sentido, recuerda que el uso de redes sociales no está reconocido como una adicción por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni figura como tal en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría.
Esta precisión, plantea, es relevante en un debate que tiende a utilizar conceptos como “adicción” para describir de manera general el vínculo que niños y adolescentes mantienen con las plataformas digitales.
El escenario, sin embargo, sí plantea preguntas respecto de los hábitos digitales de las nuevas generaciones. Otros datos disponibles muestran que una proporción importante de adolescentes chilenos mantiene un uso prolongado de las redes sociales. La Encuesta Longitudinal de Primera Infancia (ELPI), por ejemplo, señala que el 54% de los adolescentes utiliza estas plataformas tres horas o más durante un día promedio de lunes a viernes.
Para Cabello, estos antecedentes deben contribuir a una discusión más amplia y basada en evidencia, en lugar de reducir el fenómeno exclusivamente a la cantidad de tiempo que los jóvenes permanecen conectados.
El desafío de regular a las plataformas
Más allá de las cifras, el académico identifica un problema que considera central: la falta de regulación suficiente de las plataformas digitales.
“En Europa se han generado formas de regulación de las distintas plataformas, incluida la inteligencia artificial. Sin embargo, en Chile todavía estamos aprendiendo, discutiendo, sobre eso”, sostiene.
Desde su perspectiva, el debate sobre el uso de redes sociales por parte de niños y adolescentes ha tendido a concentrarse principalmente en establecer restricciones para los propios usuarios, mientras se ha prestado menos atención a las características y responsabilidades de las empresas que administran estas plataformas.
En ese punto, Cabello plantea un cambio de enfoque. “Si las redes sociales estuvieran reguladas, todos los países pudieran tener un control interesante de la cantidad y tipo de contenido que pueden ver niños y adolescentes”, señala.
El académico cuestiona que las políticas públicas terminen depositando principalmente en los menores la responsabilidad de controlar su exposición a estos contenidos. A su juicio, el debate actual corre el riesgo de “ponerle reglas a los niños y no a la industria”.
De las prohibiciones a una discusión más amplia
Chile ha avanzado en medidas destinadas a restringir el uso de teléfonos celulares en establecimientos educacionales y actualmente también existe una discusión legislativa en torno a establecer límites de edad para acceder a redes sociales.
Para Cabello, estas medidas forman parte de una conversación necesaria, pero no deberían constituir el único camino.
El desafío, plantea, es incorporar en la discusión a expertos y a los propios niños y adolescentes, considerando sus experiencias y la manera en que utilizan estas plataformas.
Su planteamiento apunta, así, a desplazar la discusión desde una lógica centrada exclusivamente en cuánto tiempo pasan los adolescentes conectados hacia una pregunta más amplia: qué contenidos reciben, bajo qué condiciones utilizan las plataformas y qué responsabilidades deben asumir quienes diseñan y administran estos espacios digitales.
En ese sentido, la discusión sobre las 45 horas semanales que reporta la OCDE puede ser un punto de partida, pero para Cabello el desafío está en evitar conclusiones apresuradas y avanzar hacia políticas de regulación que consideren tanto la protección de niños y adolescentes como las responsabilidades de la industria tecnológica.
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