29 Diciembre 2025

Dos experiencias sudamericanas que pueden nutrir la recuperación del mercado penquista

El Seminario Internacional Ciudad Viva, realizado por UNAB, buscó abrir un espacio de reflexión y diálogo en torno al rol que desempeñan los mercados y los espacios públicos en los procesos de revitalización urbana.

En medio del proceso de recuperación del Mercado Central de Concepción, el seminario «Ciudad Viva: Una Mirada Hacia el Futuro del Mercado Central de Concepción» de la carrera de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello y la Corporación Proyecto del Reposición Mercado Central de Concepción, convocó a referentes de dos de los principales mercados de Sudamérica para responder a la pregunta sobre cómo abordar el proyecto de revitalización de la icónica estructura penquista, consumida por un incendio en 2013, para que vuelva a articular vida urbana, actividad económica y cohesión social en su entorno inmediato.

Desde esa premisa, Giuliano Pastorelli, director de Arquitectura y organizador del encuentro vivido este 17 de diciembre en Casa W, a escasas cuadras de las ruinas del mercado, ordenó el marco.

“Aclarar que el nombre del seminario no es Mercado, sino Ciudad Viva porque debemos dejar de verlo como un hecho aislado y comenzar a comprenderlo como una pieza urbana: un mercado urbano, un mercado local integrado a la ciudad”.

Se trata de un trabajo que, para el académico UNAB, exige asumir un rol activo y de liderazgo desde los diferentes grupos sociales, gremiales e institucionales presentes en la ciudad, que a pesar de hacer más compleja y extensa la tarea de los acuerdos, garantiza un resultado más representativo.

En esa línea, Pastorelli, apuntó a la idea de enlazar la estructura diseñada en 1940 por el arquitecto húngaro Tibor Weiner y Ricardo Müller, con el Concepción de hoy y del futuro.

Son pocos los proyectos que integran de manera tan consciente nuestra historia, identidad y memoria colectiva.

Esa integración, aplicada al mercado penquista, implica cuidar la memoria del lugar mientras se diseñan usos y flujos que lo reconecten con la ciudad contemporánea.

Más allá del Mercado

Beatriz Mella, directora del Centro CIUDHAD de la UNAB, situó el mercado de Concepción en una estrategia más amplia: “¿cuál es el impacto de la reconfiguración del mercado dentro de un esquema urbano?… el mercado no es un dispositivo aislado”.

Propuso pensar el entorno inmediato con sus diferentes usos —“vivienda, oficinas, servicios, junto con lo que tradicionalmente consideramos parte del mercado, como la gastronomía”— para reforzar recorridos cotidianos y atraer inversión sostenida.

La clave operativa para Concepción quedó clara: “ver el mercado como una infraestructura ancla, que permita a las personas, dentro de sus recorridos cotidianos, considerarlo como una opción más para visitar… la reconversión de un mercado debe tener una mirada más integral, que no solo se enfoque en lo que pasa dentro de la manzana, sino que también considere el entorno exterior”.

En otras palabras, el proyecto no termina en la obra; empieza en cómo la obra recompone la coreografía peatonal y los usos del barrio.

Las experiencias de Santiago y Montevideo

Para iluminar esa transición, directores de mercados que han enfrentado procesos similares describieron el trabajo realizado en dos de los principales mercados del cono sur americano.

Arturo Echevarría, al frente del Mercado Agrícola de Montevideo (MAM), protagonizó una experiencia con resultados visibles.

“La revitalización de MAM activó más de 75 locales comerciales, impulsó la creación de 20 nuevas empresas y generó cerca de 350 empleos directos”, con inversión pública superior a los 11 millones de dólares y privada de más de 3 millones.

El impacto se extendió al tejido urbano: “un aumento del 53% en las compras y ventas entre 2007 y 2019… los niveles de pobreza disminuyeron hasta un 8,8%, por debajo del promedio nacional, junto con un aumento del 12% en la tenencia formal de vivienda”.

La lección útil para es la planificación con un horizonte amplio, gobernanza inclusiva y un enfoque integral que articula espacio público, actividad económica e identidad barrial.

Un antes y un después

El caso Santiago trajo otra dimensión imprescindible: las vulnerabilidades de un mercado que pasó del auge hace una década a una situación desmejorada en los últimos años.

Sergio Olivares, director del Mercado Central de Santiago, comparó el período previo a la pandemia y el estallido social y la situación actual.

Antes el Mercado vivía un momento de alto flujo.

“Nos visitaban diariamente unas tres mil personas”; el entorno sostenía la actividad: “la afluencia masiva provenía de locales comerciales, del flujo de personas”.

Hoy, el cuadro es más estrecho.

Antes teníamos 600 personas, hoy tenemos 250. Del público pasamos de 3 mil a 1800.

La estructura económica refleja también el golpe, describe el director del mercado capitalino.

“En la actualidad tenemos un 26% de locales cerrados y quebrados, que no han podido volver… nos ha sido muy difícil recuperarnos, al ser privados cuesta mucho el financiamiento”.

Olivares defendió el valor del mercado como patrimonio vivo: “El Santiago de hoy no es lo que era hace 10 años, un mercado es patrimonio vivo”, explicando el cambio en las cifras.

Para Concepción, esa comparación es la advertencia de que la obra sin un entorno integrado e involucrado se fatiga y el flujo cae.

La conversación en Casa W, en definitiva, aterriza tres tareas. Primero, mover la escala del proyecto: del edificio a la trama urbana. Segundo, diseñar gobernanzas y financiamiento que soporten el día a día del mercado y sus actores, como lo hizo el MAM.

Tercero, recomponer usos y recorridos que el mercado vuelva a ser opción cotidiana dentro del barrio. Lo ocurrido en Santiago debe ser una alerta, porque sin un entorno que alimente el flujo peatonal y comercial, los números caen y el mercado pierde fuerza.

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