VOZ DEL EXPERTO | SOMP: la actualización médica que cambia la forma de entender el “ovario poliquístico”
Marcela Opazo, docente de Obstetricia UNAB Concepción, explicó que el cambio significa dejar atrás una denominación que centraba la enfermedad casi exclusivamente en el ovario

El tradicional diagnóstico de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) está evolucionando hacia una nueva denominación: Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP). Más que un simple cambio de nombre, esta actualización refleja un avance en la comprensión médica de una condición que afecta a millones de mujeres y que va mucho más allá del sistema reproductivo.
La nueva terminología incorpora de manera más precisa las alteraciones
metabólicas, hormonales y endocrinas asociadas a esta enfermedad, evidenciando su impacto integral en la salud y calidad de vida.
Marcela Opazo, académica de la carrera de Obstetricia de la U. Andrés Bello, sede Concepción, explicó que esta transformación implica dejar atrás una mirada centrada casi exclusivamente en los ovarios y en la idea de “quistes”, para avanzar hacia una comprensión más amplia del problema.
“El nuevo nombre refleja mejor que esta condición puede comprometer el ciclo menstrual, la piel, el metabolismo, el peso, la salud mental, la fertilidad y el riesgo cardiometabólico”, expresó.
SOMP: más allá de los “quistes”
Uno de los principales ajustes tiene que ver con corregir la interpretación errónea que históricamente ha rodeado al SOP.
La comunidad médica consideró necesario modificar el término “ovario poliquístico”, ya que puede inducir a confusión. En ese sentido, Opazo recalcó que “muchas personas creen que la enfermedad se define por tener quistes en los ovarios, cuando en realidad no siempre hay quistes y, además, esos hallazgos no explican toda la complejidad del síndrome”.
Según la especialista, esta visión limitada ha contribuido a diagnósticos tardíos, a la subestimación de síntomas y a tratamientos centrados únicamente en la fertilidad, dejando de lado componentes clave como el metabólico y hormonal. Por ello, el nuevo concepto busca comunicar que no se trata de una condición restringida a los ovarios ni a la presencia de “quistes”.
“El concepto ovárico reconoce que puede afectar la ovulación y el ciclo menstrual; el componente metabólico visibiliza su relación con resistencia a la insulina, aumento de peso, alteraciones del colesterol y mayor riesgo de diabetes tipo 2; mientras que el término poliendocrino evidencia que involucra múltiples hormonas y sistemas del cuerpo”, aseguró.
Una condición crónica con impacto integral
El cambio de denominación también implica una transformación en la forma de abordar esta enfermedad, promoviendo una mirada más integral y de largo plazo.
La matrona explicó que el nombre redefine la comprensión clínica del cuadro. “Antes, muchas veces se pensaba en el SOP solo cuando había irregularidad menstrual, infertilidad o ecografía con ovarios de aspecto poliquístico”, sostuvo, agregando que, con el SOMP, “el foco se amplía: se entiende como una condición crónica que puede acompañar a la mujer en distintas etapas de la vida y que requiere evaluación menstrual, hormonal, metabólica, emocional y de estilo de vida”.
Entre sus múltiples efectos, el SOMP puede afectar la fertilidad y el ciclo menstrual, generando reglas irregulares, ausencia de menstruación o sangrados poco frecuentes. También puede manifestarse en la piel y el cabello, con acné persistente, aumento de vello en rostro o cuerpo y caída capilar».
A nivel metabólico, se asocia a aumento de peso y alteraciones del colesterol, además de elevar el riesgo cardiovascular.
A esto se suman efectos en la salud mental, como ansiedad, depresión y alteraciones de la imagen corporal, así como riesgos durante el embarazo, lo que hace necesario un seguimiento oportuno.
Síntomas y señales de alerta
Un aspecto clave del SOMP es su estrecha relación con la resistencia a la insulina, condición que puede favorecer el aumento de peso o dificultar su disminución, además de aumentar el riesgo de prediabetes o diabetes tipo 2.
Por eso no basta con mirar solo la menstruación o la fertilidad: también hay que evaluar glicemia, insulina, lípidos (colesterol y triglicéridos), presión arterial y antecedentes familiares.
Entre los síntomas que deben alertar a las mujeres se encuentran los ciclos menstruales irregulares —superiores a 35 días o ausencia de menstruación por más de tres meses—, acné persistente y aumento de vello en zonas como rostro, abdomen, tórax o espalda.
Asimismo, Opazo mencionó la caída de cabello con patrón masculino; aumento de peso o dificultad marcada para bajarlo; problemas para lograr embarazo; y la aparición de manchas oscuras en cuello, axilas o pliegues, signo que podría sugerir resistencia a la insulina.
El rol clave de la matronería
Para la experta, esta nueva denominación también puede favorecer diagnósticos más tempranos y tratamientos más integrales.
“Además que las guías internacionales ya venían reforzando la necesidad de una atención más multidisciplinaria, ya que, al usar un nombre más preciso, se espera que tanto profesionales como usuarias comprendan que no se trata solo de ovarios ni solo de fertilidad”.
En ese contexto, la matronería cumple un rol fundamental, considerando que muchas mujeres consultan inicialmente por síntomas como irregularidad menstrual, anticoncepción, acné, dolor o fertilidad.
“Educar permite que las mujeres consulten a tiempo y no normalicen señales como pasar meses sin menstruar. Además, permite abordar consejería en estilos de vida, salud sexual y reproductiva, prevención de riesgos metabólicos y derivación oportuna cuando se requiere manejo médico especializado”, finalizó.
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