10 Septiembre 2026

VOZ DEL EXPERTO | ¿Sirven realmente los dispositivos para masaje? Lo que la evidencia científica detalla sobre sus efectos

La académica de la Escuela de Kinesiología de la UNAB, sede Concepción, Daniela Arias, analiza qué aspectos cuentan con respaldo científico, cuáles son los beneficios comprobados de estos aparatos y en qué situaciones su uso requiere precaución o incluso está contraindicado.

Los dispositivos mecánicos de masaje se han consolidado como una alternativa cada vez más utilizada para aliviar molestias musculares y complementar la recuperación física.

Este tipo de aparatos, que funcionan mediante electricidad o baterías recargables, se comercializan ampliamente en tiendas deportivas, comercios electrónicos e incluso en los denominados «malls chinos».

Sin embargo, su eficacia y seguridad dependen del tipo de afección, la forma de utilización y las características individuales de cada persona.

La académica de la Escuela de Kinesiología de la UNAB, sedemasaje dispositivos portátiles investigación Concepción, Daniela Arias, analiza qué aspectos cuentan con respaldo científico, cuáles son sus beneficios comprobados y en qué situaciones su uso requiere precaución o incluso está contraindicado.

“Los dispositivos mecánicos de masaje son equipos diseñados para aplicar estímulos mecánicos sobre la piel mediante vibración, percusión, compresión o una combinación de estas modalidades. Dentro de esta categoría se encuentran las conocidas pistolas de masaje y otros equipos utilizados para complementar la recuperación muscular”, dijo.

Dispositivos de masaje: auge y popularidad 

La kinesióloga explicó que el creciente interés por estos dispositivos responde a distintos factores. “Son dispositivos portátiles, fáciles de usar y ampliamente difundidos por deportistas, entrenadores, redes sociales y la industria del bienestar. Además, permiten realizar sesiones breves de masaje en cualquier lugar”, explicó.

Asimismo, señaló que algunas investigaciones han mostrado beneficios en la movilidad y en el alivio temporal del dolor muscular, lo que ha favorecido su aceptación entre deportistas y personas físicamente activas.

“Sin embargo, la evidencia ha avanzado a un ritmo más lento que su comercialización. De hecho, estudios realizados en profesionales de la salud muestran que muchas decisiones de uso se basan en la experiencia clínica o en recomendaciones de colegas, más que en guías clínicas consolidadas», dijo

Esto no significa que los dispositivos sean ineficaces, sino que aún existen aspectos que requieren mayor investigación para definir con precisión cuándo, cómo y en quiénes ofrecen mayores beneficios.

Cómo funcionan

La académica de la UNAB detalló que su acción se basa en la aplicación repetitiva de impulsos mecánicos sobre los tejidos.

“Estos estímulos pueden activar receptores sensoriales presentes en la piel y el músculo, modular la percepción del dolor, aumentar transitoriamente el flujo sanguíneo local y disminuir la sensación de rigidez muscular. También podrían favorecer una mejora temporal del rango de movimiento”, explicó.

No obstante, la profesional advirtió que es importante diferenciar entre las hipótesis fisiológicas y los efectos que realmente han sido demostrados por la investigación científica.

“Aunque estos mecanismos son plausibles, no todos han sido confirmados de manera concluyente en estudios clínicos. Lo que sí cuenta con mayor respaldo es que estos dispositivos pueden mejorar temporalmente la movilidad y disminuir la percepción de dolor muscular, especialmente después del ejercicio”, precisó.

Principales beneficios

La académica indicó que los beneficios con mayor sustento científico corresponden principalmente a efectos de corto plazo.

Diversas revisiones sistemáticas muestran que estos equipos pueden mejorar temporalmente el rango de movimiento y reducir la percepción de dolor muscular posterior al ejercicio.

Sin embargo, es importante diferenciar entre sentirse mejor y producir cambios fisiológicos permanentes. Hasta ahora, la investigación no demuestra que estos dispositivos aumenten la fuerza muscular, aceleren la reparación del tejido o prevengan lesiones deportivas.

En ese sentido, enfatizó que deben considerarse como una herramienta complementaria dentro de una estrategia integral de recuperación, que contemple entrenamiento adecuado, descanso, hidratación, nutrición y, cuando corresponda, ejercicio terapéutico.

“La evidencia muestra que los dispositivos mecánicos de masaje pueden disminuir la percepción de dolor muscular y reducir la sensación de rigidez tras el ejercicio intenso, especialmente cuando aparece el dolor muscular de aparición tardía, pero una cosa es aliviar los síntomas y otra es acelerar la recuperación biológica del músculo”, afirmó.

Consejos y contraindicaciones

Antes de adquirir uno de estos equipos, la kinesióloga recomienda definir claramente cuál será su objetivo de uso. “Conviene optar por un dispositivo que permita ajustar la intensidad, sea fácil de manipular y cuente con respaldo del fabricante», explicó.

Ningún dispositivo reemplaza un programa de ejercicio bien planificado ni una evaluación profesional.

La profesional agregó que no todos los dispositivos mecánicos de masaje funcionan de la misma manera. “Existen distintos tipos de dispositivos que utilizan mecanismos diferentes, como percusión, vibración o compresión neumática. La elección dependerá del objetivo terapéutico, la zona a tratar y las características de cada persona”, afirmó.

Arias advirtió, además, que algunas personas deben extremar los cuidados al utilizar este tipo de herramientas.

“Se recomienda especial precaución en personas con lesiones musculares agudas, fracturas recientes, heridas abiertas, infecciones locales, trombosis venosa, trastornos hemorrágicos, tratamiento anticoagulante, tumores en la zona de aplicación o alteraciones importantes de la sensibilidad”, explicó.

Asimismo, la docente puntualizó que “cualquier persona que presente dolor persistente o de causa desconocida debería consultar antes con un profesional de la salud para determinar si este tipo de intervención es adecuada”.

Finalmente, la académica de la UNAB señaló que uno de los errores más frecuentes es creer que una mayor intensidad o tiempos más prolongados de aplicación generan mejores resultados.

“La evidencia disponible no respalda esta idea. También es frecuente usarlos sobre zonas lesionadas, o emplearlos como sustituto del ejercicio terapéutico y de la evaluación profesional”, finalizó.