28 Enero 2026

VOZ DEL EXPERTO | Mindfulness en personas mayores: una herramienta clave para el bienestar emocional

Carolina Santander, académica de la carrera de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello, sede Viña del Mar, explicó los desafío que viven las personas mayores.

El envejecimiento de la población es uno de los cambios demográficos más significativos de las últimas décadas y plantea nuevos desafíos para los sistemas de salud y para la sociedad en su conjunto. En Chile, las cifras lo reflejan con claridad: las personas mayores representan hoy casi el 20% del país, según Séptima Encuesta Nacional Inclusión y Exclusión Social de las personas mayores 2023 y un 86% declara síntomas depresivos, especialmente mujeres y quienes superan los 80 años.

Frente a este escenario, los enfoques de intervención ya no pueden centrarse solo en el bienestar físico o en la aparición de un diagnóstico, sino que deben incorporar estrategias integrales que promuevan prevención, autocuidado y calidad de vida. Una de ellas es el Mindfulness o atención plena, una práctica que ha demostrado beneficios cognitivos y emocionales en la etapa de la vejez.

“En personas mayores, el mindfulness es especialmente valioso porque ofrece herramientas concretas para manejar la ansiedad, mejorar el estado de ánimo y fortalecer la conexión con el propio cuerpo”, explica Carolina Santander Catrín, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar. A su juicio, se trata de una práctica accesible, adaptable y que no requiere conocimientos previos. “A diferencia de otras intervenciones, aquí no se necesita equipamiento, entrenamiento físico ni grandes tiempos de dedicación; basta con unos minutos al día”, dice.

Reconectar con el presente

La atención plena consiste, de manera sencilla, en orientar la mente hacia el momento actual, dejando pasar pensamientos relacionados con el pasado o el futuro sin involucrarse en ellos. Esta reconexión con el presente reduce la rumiación, disminuye la sensación de estrés y mejora la regulación emocional.

“Muchas personas mayores viven con una carga importante de recuerdos, preocupaciones por la salud o temores sobre la pérdida de autonomía. El mindfulness les permite observar esas emociones sin quedar atrapados en ellas, y eso produce una sensación de alivio muy significativa”, detalla Santander.

Una de las formas más simples de comenzar es mediante la respiración consciente. Observar cómo el aire entra por la nariz, recorre la garganta, llena los pulmones y sale nuevamente del cuerpo. Dentro de ese proceso, se elige un punto específico llamado “ancla”, que ayuda a volver al presente cada vez que la mente divaga.

“Siempre digo a los usuarios que la mente divague no es un error: es parte de su naturaleza. Lo importante es volver al ancla con amabilidad, sin crítica. Esa actitud compasiva consigo misma es una de las ganancias más valiosas del mindfulness”, agrega la académica de la UNAB.

Beneficios concretos en la vejez

Diversos estudios han mostrado que la práctica regular de mindfulness mejora la atención, reduce la sintomatología depresiva, disminuye la sensación de soledad y favorece el descanso. En personas mayores, estos beneficios son aún más relevantes porque impactan directamente en la funcionalidad y en la percepción de bienestar.

“Cuando una persona mayor empieza a notar que puede calmarse por sí misma, que puede ordenar sus pensamientos y que su cuerpo responde a la respiración, se genera una sensación de seguridad muy poderosa. Esa autonomía emocional es fundamental en la vejez”, sostiene la profesional.

Para la académica de Terapia Ocupacional de la UNAB, la práctica no se limita a la respiración. También puede aplicarse a la observación del cuerpo, notar si existe tensión en los hombros, si la postura está rígida o si el aire que entra es más frío o más cálido. Son pequeños detalles que permiten fortalecer la conexión mente‑cuerpo.

Una práctica flexible y accesible

Una de las ventajas del mindfulness es su adaptabilidad. Puede practicarse en casa, en espacios comunitarios, al aire libre, en sesiones individuales o grupales. Para las personas mayores, esta flexibilidad es clave.

“Muchos adultos mayores creen que necesitan grandes condiciones para empezar, y no es así. Cinco minutos en la mañana o antes de dormir pueden hacer una diferencia enorme. Lo importante es la constancia, no la perfección”, enfatiza Santander.

La académica agrega que integrar esta práctica a la rutina diaria ayuda a mejorar el estado de ánimo, la calidad del sueño y la percepción general de bienestar. “Cuando la atención plena se vuelve un hábito, las personas mayores reportan sentirse más presentes, más tranquilas y más conectadas con su mundo”, afirma.

“En la vejez es fundamental recuperar la experiencia del presente, porque es ahí donde se construye el bienestar. El mindfulness no resuelve todos los problemas, pero sí entrega una base sólida para enfrentar la vida con mayor calma y claridad”, concluye Carolina Santander.