VOZ DEL EXPERTO | Consejos para fortalecer su bienestar emocional y enfrentar momentos de crisis en hijo/a neurodivergente
Paulina Lara, académica de Terapia Ocupacional de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, entrega recomendaciones para comprender mejor las necesidades de niños, niñas y adolescentes neurodivergentes, promoviendo entornos de apoyo, comunicación y respeto por la diversidad.

Acompañar a un hijo o hija neurodivergente puede generar dudas, desafíos y aprendizajes permanentes para las familias. Comprender distintas formas de aprender, comunicarse, sentir y relacionarse con el entorno requiere información, paciencia y redes de apoyo que permitan responder de manera adecuada a las necesidades de cada niño, niña o adolescente.
Para apoyar este proceso, Paulina Lara, académica de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, comparte recomendaciones orientadas a fortalecer los vínculos familiares, fomentar el bienestar emocional y promover una crianza basada en la comprensión y el respeto.
La neurodivergencia es una forma de comprender que algunas personas procesan el mundo de manera distinta a quienes son consideradas neurotípicas.
«No se trata de un diagnóstico ni de una medida de capacidad, sino de reconocer que existen diversas maneras de percibir, aprender, sentir y participar en la vida cotidiana”, explica la terapeuta ocupacional.
Cuando surgen las primeras dudas
Recibir un diagnóstico o notar que un hijo se desarrolla de manera diferente suele despertar incertidumbre en las familias. Muchas veces aparecen preguntas sobre los apoyos necesarios, el futuro del niño y la forma más adecuada de acompañarlo en su desarrollo.
“La principal dificultad suele ser la incertidumbre respecto a cómo brindar apoyos oportunos y adecuados. A eso se suman la búsqueda de información confiable, el temor frente a posibles desafíos futuros y el miedo a la falta de comprensión por parte del entorno”, señala Lara.
La académica de la UNAB añade que muchas familias experimentan una importante carga emocional y organizativa, al intentar compatibilizar trabajo, cuidados y responsabilidades cotidianas. Por ello, recomienda darse tiempo para procesar la información, buscar orientación profesional con enfoque inclusivo, compartir responsabilidades dentro del hogar y apoyarse en redes familiares o grupos que hayan vivido experiencias similares.
Importancia de la regulación emocional
Uno de los principales desafíos para muchas familias es ayudar a niños, niñas y adolescentes a reconocer y gestionar sus emociones.
Según Lara, una estrategia fundamental consiste en identificar los estímulos que pueden generar sobrecarga sensorial, como ruidos intensos, luces brillantes o ambientes excesivamente estimulantes. También recomienda establecer rutinas claras y predecibles, ya que la anticipación suele brindar seguridad.
Es importante anticipar cambios y transiciones, explicando con claridad lo que ocurrirá cuando haya modificaciones de horario, visitas o situaciones nuevas.
Asimismo, sugiere ayudar a los niños a poner en palabras lo que están sintiendo. Frases como “veo que estás cansado”, “parece que esto te frustró” o “quizás necesitas un descanso” pueden facilitar la comprensión de sus emociones y necesidades.
La experta también destaca la utilidad de apoyos visuales, calendarios, pictogramas y secuencias de actividades. “Conectar con sus intereses favorece la participación, fortalece el vínculo y facilita los aprendizajes”, agrega.
¿Qué hacer frente a una crisis?
La sobrecarga emocional o sensorial puede manifestarse de distintas formas: inquietud motora, irritabilidad creciente, conductas de evitación, dificultad para comunicarse o necesidad de cubrirse los oídos frente a ciertos estímulos.
Ante estas situaciones, Lara enfatiza que lo primero es mantener la calma. “Si los adultos logramos conservar la regulación emocional, podemos transmitir seguridad y evitar que la situación escale”, sostiene.
La terapeuta ocupacional recomienda, además:
- Resguardar la integridad física y emocional del niño.
- Retirar objetos que puedan representar un riesgo.
- Utilizar frases breves y un tono de voz calmado.
- Evitar amenazas, castigos o confrontaciones.
- Reducir estímulos ambientales intensos.
- Acompañar desde la cercanía y la contención emocional.
“En esos momentos el niño necesita sentirse seguro para volver gradualmente a un estado de calma y comprender lo que está ocurriendo”, explica.
Cuidar a quienes cuidan
La especialista advierte que muchas madres, padres o cuidadores suelen experimentar sentimientos de culpa, preguntándose si están haciendo lo suficiente.
“Les diría que sean amables consigo mismos, que reconozcan el enorme trabajo que realizan cada día y que recuerden que la crianza es desafiante para cualquier familia. Cada persona actúa con las herramientas, el conocimiento y los apoyos que tiene en ese momento”, afirma.
Por ello, recomienda distribuir responsabilidades, pedir ayuda cuando sea necesario, promover la corresponsabilidad en el hogar y reservar espacios de autocuidado.
Participar en grupos de apoyo y compartir experiencias con otras familias también puede convertirse en una valiosa fuente de acompañamiento emocional.
Lara subraya que ninguna persona debería asumir sola la responsabilidad del desarrollo y bienestar de un hijo. “El cuidado de los niños depende de una red de relaciones, apoyos y oportunidades. Cuando toda la responsabilidad recae sobre una sola persona, aumenta el riesgo de agotamiento y sobrecarga, con consecuencias negativas para la salud física y emocional”, señala.
La académica recomienda estar atentos a señales como estrés persistente, problemas de sueño, ansiedad frecuente, irritabilidad, llanto recurrente o una sensación constante de agotamiento. En esos casos, buscar apoyo profesional no solo es necesario, sino también una forma de cuidado para toda la familia.
“Para acompañar a un hijo neurodivergente también es fundamental cuidar el bienestar de quienes están a su lado. Cuando las familias cuentan con apoyo, información y espacios para sostenerse emocionalmente, pueden brindar una mejor contención y favorecer el desarrollo integral de sus hijos”, concluye.
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