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El rendimiento en los años escolares determina en gran medida la confianza con la que se enfrenta el desafío. Sin embargo, a nueve meses de la Prueba de Selección Universitaria, la mejor forma para disminuir la tensión o inquietud que ella provoca, es preparándola desde ya.

Pese a que aún faltan nueve meses para que llegue la hora de rendir las Pruebas de Selección Universitaria, y se percibe como un horizonte lejano, la preocupación ya está presente entre quienes deben rendirlas. Inquietud sostenida o sobresaltos esporádicos, que mueve a algunos adolescentes a emprender desde ya la tarea de prepararse en serio y a otros a quedarse solo en la ansiedad.

¿Qué mueve a respuestas tan diferentes frente a un mismo desafío? Josefina Guerra, directora de PREUNAB de la U. Andrés Bello, explica que entre los múltiples factores que inciden en el modo cómo las personas enfrentan instancias estresantes como la PSU, hay dos relevantes: la motivación y la autoestima. En ambas, dice Guerra, influyen la historia de vida personal, el contexto familiar y sociocultural y muy especialmente la trayectoria escolar.

“Quienes han tenido un buen rendimiento en el colegio, enfrentarán la PSU con un grado mayor de seguridad y aunque la incertidumbre sobre los resultados no estará ausente, probablemente tendrán más confianza en su capacidad para lograr un buen puntaje”, sostiene la experta. Como contrapartida, los alumnos de menor rendimiento se sentirán más inseguros e incluso, pueden experimentar una sensación de fracaso anticipado que les hace sentir como inútil invertir esfuerzos en prepararse.

Generar motivación

Sin embargo, la situación de desventaja en que se encuentran quienes se definen a sí mismos como “malos para estudiar” puede revertirse si se tiene un proyecto de vida claro, capaz de generar una motivación auténtica. “Cuando un joven encuentra su camino, esto es, decide con una convicción profunda lo que realmente quiere ser y hacer en la vida, encontrará la determinación y energía necesarias para desarrollar tanto esfuerzo como sea necesario para lograrlo”, sostiene Guerra. Entonces, el alumno “flojo” puede transformarse en un joven inquieto y estudioso.

La motivación es una fuerza que nos impulsa a actuar de una determinada manera. En lo que respecta a los aprendizajes, cuando existe motivación, es posible aprender en poco tiempo lo que no se ha asimilado en años. En relación a la PSU, la motivación puede ser externa o interna. “Ir a la caza de un buen puntaje constituye una motivación externa que puede mover al estudio. Sin embargo, la verdadera motivación es la que viene del interior de nosotros mismos”, asegura.

Si el joven está convencido de querer dedicarse a la ciencia, el arte, la tecnología, es en ese entusiasmo con cual debe proyectarse al futuro, en el que debe encontrar la motivación para estudiar y la determinación para hacerlo en forma sistemática, desde ahora, porque el futuro no espera”, dice la directora de PREUNAB.

La PSU, entonces, no es más que el primer peldaño de la escala. Prepararte para ella puede transformarse en una herramienta para crecer como persona y desarrollar una disciplina interior, indispensable no solo para alcanzar un buen puntaje, sino que lo que es más importante, tener éxito en la educación superior.

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