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Invitado a celebrar el Día Internacional del Libro en la U. Andrés Bello, el escritor se mostró partidario de eliminar el impuesto al libro pero aseguró que “no podemos esconder la falta de lectura en el alto precio (de los textos)”. En su intervención además recordó a Gonzalo Rojas y habló sobre el proceso creativo del novelista.

“Parece que hay que morir para que las palabras florezcan. Los escritores se celebran cuando mueren. Es triste pero es así. Sucedió también con Roberto Bolaño”. De esta forma explicó el escritor Pablo Simonetti el fenómeno mediático que despertó la muerte del poeta Gonzalo Rojas, Doctor Honoris Causa de la U. Andrés Bello.

Aunque reconoció que antes el vate de Lebu le “aburría, me parecía muy cursi al compararlo con Parra”. Lo releyó durante sus últimos días y se arrepentió. “Creo, eso sí, que lo más conocido que tiene no es lo mejor, hay que ahondar en la dimensión metafísica de sus preguntas, su obra es inmensa y vaya para él una celebración”, expresó.

Invitado a la UNAB para celebrar el Día Internacional del Libro en la Biblioteca del Campus República, el autor de La razón de los amantes dictó la conferencia Literatura e Identidad, donde repasó el proceso creativo de un novelista y recordó su lectura infantil de la Divina Comedia del Dante, que venía adosada en las últimas páginas de la Enciclopedia Larousse. “La imagen de Virgilio guiando al Dante por el Hades se parece mucho a la literatura, que siempre nos muestra el ser humano”, expresó.

A su juicio: “la literatura nos acerca a preguntarnos quiénes somos. Por eso al leer buscamos una revelación”.

Más lectura y menos chimuchina

Aunque Chile es un país fecundo en poetas y narradores Simonetti asume que los chilenos leen muy poco. ¿Las razones? La primera que descarta el escritor es el alto impuesto al libro.

Aunque se muestra partidario de eliminarlo cree que “muchas veces no leemos porque nos quedamos en lo superficial, en la chimuchina. Sentarse a leer es difícil, debes tener un estado de ánimo, apartarte del mundo. A mí me cuesta mucho. Me gusta el Twitter, por ejemplo, estoy muy conectado a ciertos sitios también, me engancho con una columna. Leer no es fácil, uno se queda en la chimuchina, a mí también me pasa, de hecho el Twitter es una gran chimuchina y no te permite ahondar en quiénes somos”.

Entonces, cree, existe un problema cultural con la lectura por ello propone crear “escuelas para padres, para que enseñen a sus hijos a leer. Obviamente que quitar el impuesto significaría aumentar la producción de libros y así los costos bajarían, ojalá se haga. Pero también hay libros de bolsillo que cuestan $5 mil, o sea, una entrada al cine”. Por otra parte –explica- los libros digitales cuestan cerca de un 50 por ciento menos. “Ahora si yo fuera alumno de la U. Andrés Bello no podría echarle la culpa al impuesto, pues tienen una gran Biblioteca”, añadió.

Finalmente como otra medida planteó impulsar “quijotes de la lectura”. Según dice: “basta que un escritor le cuente a escolares lo que lee y por qué lo lee y eso los motivaría a buscar libros”.

“Yo leí el Cantar del Mío Cid como si fuera Harry Potter”

Otro de los puntos que tocó Simonetti en su charla su cercanía a los libros gracias a su madre. “Ella me mostró la literatura, en mi casa había muchos libros que mi madre había leído, no eran como esos libros muertos que no lee nadie”.

Además recordó que de niño, a los cinco años, “me llevaba a ver a la Orquesta Sinfónica al Teatro Astor, en Huérfanos. Eso me impresionó mucho”. Como también fueron determinantes en su vida los profesores Jaime Campusano y Jaime Gajardo, en el Instituto de Humanidades Luis Campino.

“En séptimo básico Campusano, que hoy trabaja en un programa llamado Yingo, que no he visto nunca, me enseñó a querer a las palabras. Luego en octavo tuvo clases con Jaime Gajardo, que fue presidente del Colegio de Profesores por muchos años. Él adoraba la literatura, yo leí el Cantar del Mío Cid como si fuese Harry Potter”, contó.

Al cierre Pablo Simonetti recordó que en 1996 cuando asumió su homosexualidad ante su familia y sus amigos “se abrió el mundo, salí del clóset y me surgió la necesidad de escribir. Cuando trabajé como ingeniero, que es mi profesión, extrañaba a ese otro Pablo, me sentía con una vida prestada. Hoy, que ya pasaron los años, me gusta la vida que tengo”.

Ignacio Tobar

itobar@unab.cl

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