Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño
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Martín Schmidt siguió la tradición de toda su familia: la arquitectura. Su sencillez y relajo hacen que pase inadvertido como un alumno más, a pesar de sus 40 años, los que lleva bien escondidos en el bolsillo. La nueva autoridad de esta escuela de la U. Andrés Bello confiesa que el gran amor de su vida es la “Arquitectura”.

Gracias a la arquitectura Martín Schmidt conoció a su mujer, madre de sus hijos y compañera en las aventuras y desventuras de lo que considera lo mejor que le ha pasado en su vida: ser arquitecto.

No fue difícil para él escoger su profesión. Desde muy niño lo tenía claro. Era parte de una tradición familiar de la que se enamoró a muy temprana edad. Veía a su padre gozar entre líneas, lápices, reglas y creatividad. Después fue el turno de su hermano y él no lo dudó. Quería pertenecer a ese mundo de magia y juegos, maquetas, y sueños.

Al ingresar a la oficina de Martín un sillón de madera de vivos colores da la bienvenida. Contrasta fuertemente con el blanco pulcro de las paredes que hace que la luz inunde el lugar. “Estoy recién arreglando la oficina, de a poco me estoy instalando”, dice el nuevo Director de la Escuela de Arquitectura de la U. Andrés Bello, como disculpándose por el desorden “muy ordenado”. Sentado frente a su escritorio se prepara a contar los secretos de su éxito y de su felicidad.

Egresado de la Universidad de Chile, realizó un Magíster en la University College of London. Le apasiona el contacto con los alumnos, experiencia que trae de la U. Diego Portales, U de Chile  y la U. Federico Santa María.

– ¿Por qué te viniste a la UNAB?

– He sido  profesor desde que me titulé en la Universidad, estudié afuera y cuando volví a Chile me di cuenta que el contacto con los alumnos es la mejor experiencia para compartir el amor por la arquitectura. Nunca  pensé que estaba en las discusiones de un futuro director de Escuela y jamás me lo planteé. Para mí es un desafío porque hay muchas cosas que proponer. Me interesó mucho el desafío porque estamos hablando de la Universidad Privada que es líder en investigación. Mi perfil es muy cercano a lo que es la UNAB, poco marketero, enfocado en el estudio y la producción.

– ¿Qué cambio crees que necesita la Escuela de Arquitectura?

– No creo que necesite un cambio. El Decano Alberto Sato ha hecho una muy buena labor en esta escuela. Lo que creo es que hay que ajustar algunas cosas. Hay que aprovechar a la gente  con un pensamiento muy contemporáneo de la arquitectura y consolidar ese trabajo. Me daría mucha pena que sintieran que cada vez  que llega un director no hay un proyecto mayor de fondo. Éste es un mismo barco, que ha cambiado de capitán, pero que debe seguir navegando en la misma dirección.

Hogar compartido

Para Martín la Universidad Andrés Bello es como su segundo hogar. Ha trabajado para el plantel construyendo alguno de los edificios como el de Bellavista y en el Campus Concepción, donde también es el responsable del polideportivo que nuestra casa de esudios tiene en la Región del Biobío. Pero su hogar lo comparte entre la  Universidad Andrés Bello y su  oficina “Schmidt Arquitectos Asociados”. Allí trabajan 10 personas que en promedio no superan los 30 años. Martín tiene un cariño especial por ese lugar porque lo creó su padre. Con él y su hermano comparte sus tardes haciendo realidad los sueños de quienes llegan ilusionados por su casa.

– ¿Cuál es el trabajo que realizan en Schmidt Arquitectos Asociados?

– La oficina tiene un perfil muy bajo, así como quienes la integramos. Ahí recibimos a clientes todos los días, que llegan con su dibujo en un papel, acudiendo a nosotros para hacerlos realidad. Muchos llegan con una idea preconcebida, pero al conversar con nosotros abren su mente y dejan en nuestras manos sus ideas.

– Qué responsabilidad más grande tener en tus manos los sueños de la gente…

– Hay una frase que me identifica y que explica esta responsabilidad: “Anda dónde te lleva el corazón”. Yo  creo que uno es exitoso en la medida que haga lo que uno quiere hacer. El año pasado leía en los diarios que las  carreras que no se podían estudiar eran periodismo, psicología y arquitectura. Esta es una gran ventaja para quienes quieren ser arquitectos hoy. Tienen todo en contra, se dice que no hay campo laboral, los padres se oponen por lo mismo, porque creen que no es una carrera rentable. Ante esto, quienes estudien la carrera lo van a hacer porque de verdad tienen vocación y amor por ella.

– ¿Qué le dirías a quienes dicen que arquitectura no es una carrera rentable?

– Yo soy un convencido de que hay campo en la medida que uno está enamorado de lo que hace. Yo prefiero un mundo con muchos más arquitectos que ingenieros comerciales y abogados. El mundo está en la situación que está por que la gente es corto plazista, porque construyen mundos complicados para que ellos mismos los desenreden. Todos quieren ver qué pasa a final de año por su bono para cambiar el auto, puras pequeñeces. Los  arquitectos por lo contrario, además de tener proyectos más grandes, tienen muchos ámbitos en los que se puede desarrollar.

– ¿Qué ámbitos?

– Por ejemplo, un arquitecto se puede dedicar a la industria, al diseño, se puede desempeñar en el campo estructural, incluso al arte. El pintor más importante que ha tenido este país, Roberto Matta, era arquitecto. Hay una necesidad real de arquitectos. Hay pega en la medida que los clientes vean a los profesionales comprometidos con el proyecto, con ellos y con el presupuesto.

El ejemplo de  Zamorano y Bielsa

Martín Schmidt no se cuestiona por qué tenemos dos premios Nobel de literatura y no de  física. “La respuesta es muy fácil, porque no teníamos laboratorios,  pero sí teníamos cuadernos para escribir un poema. Todo tiene que ver  las oportunidades que la vida nos ofrece, saber para qué somos buenos y hacerlo con amor. Cuando yo era chico, mi mamá viajaba mucho por Europa. Ella es diseñadora y yo la acompañaba. Siempre terminábamos yendo a un restaurante que está frente al Panteón. Íbamos allá porque había un mozo nacido para ser mozo. Nunca encontré a  ninguno que atendiera como él. A eso es a lo que me refiero en hacer las cosas con amor”, cuenta Schmidt.

– ¿Cómo lograr esto, amar lo que uno hace?

– Mira, una vez se subí a un taxi, el que estaba lleno de fotografías de Iván Zamorano. Le pregunté al chofer si era familiar de Iván o qué. El conductor me responde: “No señor, yo jugaba en Cobresal con él”. Entonces, ¿qué le pasó, amigo, por qué está acá?, le pregunté. El tipo me responde: “Iván se levantaba todos los días a las 6 de la mañana a entrenar, yo llegaba a las 10”.

– ¿Cuál es tu misión ahora, Martín?

– Cuando tuve las primeras reuniones acá, me encontré con una cantidad increíble de gente talentosa y entusiasta. Veo que los alumnos de arquitectura son diamantes en bruto. Entonces, así como lo hizo Marcelo Bielsa cuando llegó como DT de la selección chilena y dijo: “Ví unos cabros que querían jugar a la pelota, que tenían talento y condiciones, y los hice jugar”. Eso es lo que yo quiero hacer en la UNAB.

Valentina del Campo

vdelcampo@unab.cl

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