UNAB TE CUIDA | Dormir mal pasa la cuenta: Advierten efectos en el corazón, el ánimo y la memoria
La falta de sueño no solo provoca cansancio. Dra. Cynthia Zavala, directora de la Escuela de Medicina de la U. Andrés Bello, analiza cómo dormir menos de lo recomendado puede afectar la salud cardiovascular, aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas y deteriorar el bienestar emocional y cognitivo.

Dormir poco se ha transformado en una práctica habitual para muchas personas, pero sus consecuencias pueden ser más profundas de lo que parece. Según la Organización Mundial de la Salud y diversas sociedades científicas, los adultos deberían dormir entre 7 y 9 horas por noche para mantener una buena salud. Sin embargo, las exigencias laborales, el uso excesivo de pantallas y el estrés han llevado a que cada vez más personas descansen menos de lo necesario, acumulando una «deuda de sueño» que impacta directamente en su organismo.
“Muchas veces se piensa que dormir es tiempo perdido, cuando en realidad es una necesidad biológica fundamental. Durante el sueño ocurren procesos esenciales para el funcionamiento del cerebro y del cuerpo. Es el momento en que consolidamos la memoria, procesamos aprendizajes y regulamos múltiples funciones fisiológicas que son indispensables para mantenernos sanos», explica la Dra. Cynthia Zavala, directora de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello.
La psiquiatra señala que una mala calidad de sueño sostenida en el tiempo puede convertirse en un factor de riesgo para diversas enfermedades.
Cuando una persona duerme mal de manera frecuente, el organismo interpreta esa situación como un estresor. Esto genera una mayor liberación de cortisol, una hormona que, cuando permanece elevada por periodos prolongados, puede alterar el sistema inmunológico y favorecer la aparición de distintos problemas de salud.
Consecuencias
Entre las consecuencias más frecuentes se encuentran el aumento del apetito, especialmente por alimentos ricos en azúcar y grasas, además de una mayor probabilidad de desarrollar obesidad, diabetes, hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares. “Dormir bien contribuye a mantener regulada la presión arterial, el metabolismo y los niveles de glucosa. Por eso hablamos de que el sueño no solo influye en cómo nos sentimos al día siguiente, sino también en nuestra salud a largo plazo», agrega la Dra. Zavala.
La académica UNAB advierte que también existen señales que no deben ignorarse.
Debemos consultar cuando aparecen dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o cuando la persona despierta mucho antes de lo habitual y no logra volver a dormir. Asimismo, ronquidos intensos, pausas respiratorias mientras se duerme o movimientos excesivos de las piernas pueden ser indicios de trastornos del sueño que requieren evaluación médica.
Las repercusiones suelen reflejarse rápidamente en la vida cotidiana. Cansancio matinal, irritabilidad, dolores de cabeza, dificultades para concentrarse y problemas de memoria son algunas de las manifestaciones más comunes. “Dormir bien es una inversión en salud y calidad de vida. Cuidar nuestras horas de descanso es tan importante como alimentarnos adecuadamente o realizar actividad física”, concluye la Dra. Zavala.
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