UNAB reconoce a docentes y mentores CIADE por su aporte a la transición universitaria
La ceremonia destacó el trabajo desarrollado durante el primer semestre en el Taller de Habilidades para la Vida Universitaria, iniciativas que acompañan a estudiantes en sus primeros pasos en la educación superior y que también fortalecen la formación de quienes cumplen el rol de mentores.
Acompañar a quienes comienzan la universidad implica mucho más que entregar herramientas académicas. También significa escuchar, orientar, generar vínculos y ayudar a que los estudiantes reconozcan que pueden enfrentar los desafíos de esta nueva etapa. Ese fue uno de los principales mensajes de la ceremonia de reconocimiento a docentes y mentores del Centro Integral de Acompañamiento y Desarrollo al Estudiante (CIADE) de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
La actividad reunió en sus tres sedes, Santiago, Viña del Mar y Concepción, a autoridades, docentes y estudiantes que durante el primer semestre participaron en el Taller de Habilidades para la Vida Universitaria.
El alcance de esta iniciativa también da cuenta de su dimensión institucional. Desde su implementación, el Taller de Habilidades para la Vida Universitaria (THPVU) ha alcanzado a 38.433 estudiantes desde sus inicios, mientras que durante el primer semestre de 2026 participaron 10.009 estudiantes.
El director de Acompañamiento y Progresión Estudiantil, Ignacio Andrada, destacó que la ceremonia debía entenderse como una instancia de agradecimiento por el compromiso de quienes acompañan a los estudiantes durante su transición a la vida universitaria.
“Más que reconocimiento, siempre me gustaría llevar esta ceremonia al agradecimiento por el trabajo que realizan durante todo este primer semestre, que es un trabajo maravilloso y que forma parte de la propuesta de la Universidad Andrés Bello de ser una universidad que se hace cargo de los estudiantes que matriculamos cada año”, señaló.
Acompañar como parte del modelo educativo
Desde la Dirección General de Docencia, su directora, Ana María Cid, destacó que el trabajo de docentes y mentores refleja directamente los principios que busca promover el Modelo Educativo de la Universidad.
“El trabajo que ustedes desempeñan durante el primer semestre de cada año académico es el fiel reflejo de lo que nosotros queremos mostrar en nuestro modelo educativo”, sostuvo.
El Modelo Educativo Institucional actualizado contempla, entre sus mecanismos de apoyo, iniciativas para el inicio de la vida universitaria, orientadas a fortalecer aprendizajes, potenciar capacidades, disminuir brechas y favorecer el éxito académico durante el primer año. En este marco, el acompañamiento desarrollado por CIADE se vincula directamente con uno de los desafíos que plantea el modelo: apoyar a los estudiantes en una etapa clave de su trayectoria universitaria.
En ese sentido, Cid valoró especialmente el rol de los académicos que se involucran con sus estudiantes más allá de la enseñanza disciplinar. “Es el académico que va mucho más allá de enseñar una cátedra, una disciplina, una materia. Es el académico que se involucra con los estudiantes”, afirmó.
Para Verónica Águila, directora de CIADE + Inclusión, el acompañamiento constituye, en esencia, una expresión concreta del sentido de educar.
“Al final de todo, esto es pura pedagogía, es pura educación. Y eso me llena de mucha alegría porque, al final, si uno busca qué es lo que tenemos que hacer cuando enseñamos, es acompañar”, afirmó.
Águila destacó además que el compromiso de docentes y mentores implica un desafío que va más allá de las funciones formales de cada rol. “Cada vez que los mentores asumen el desafío de acompañar a otros y los profes que no necesariamente son profes de habilidades tienen que aprender también este proceso, es un acto de amor y, por lo tanto, un acto de mucha valentía”, sostuvo.
Docentes que también aprenden a acompañar
Para los docentes, la experiencia también ha significado una evolución en la manera de entender su rol.
El académico, Rodolfo Carrasco, quien lleva cuatro años participando en el taller, explicó que trabajar con estudiantes de primer año le permitió comprender que enseñar implica mucho más que transmitir contenidos.
“Estos cuatro años me han enseñado que ser docente es mucho más que eso. Especialmente cuando uno trabaja con estudiantes que están comenzando con su vida universitaria, porque nosotros no recibimos solamente alumnos de primer año. Recibimos personas que están comenzando una etapa completamente nueva de sus vidas”, señaló.
En esa misma línea, el también académico, Javier Maruri, quien ha participado desde las primeras versiones del taller, valoró la evolución que ha experimentado la iniciativa tanto para estudiantes como para quienes participan en ella.
“Uno ha visto el crecimiento de ellos. Es un espacio que ha sido muy bueno, como te decía, en estos cuatro años de taller”, señaló.
Maruri destacó especialmente que muchos estudiantes llegan a la universidad con temores, dudas o incluso siendo los primeros de sus familias en ingresar a la educación superior. En ese contexto, valoró contar con espacios donde puedan “darse a conocer, demostrar sus miedos y trabajar sus incertidumbres”.
Mentores que convierten su experiencia en acompañamiento
La experiencia de los propios mentores mostró otra dimensión del programa: quienes alguna vez necesitaron orientación ahora acompañan a quienes están comenzando.
Cristian Gálvez, estudiante de Ingeniería Comercial, pasó de ser mentor junior a mentor senior. Su motivación surgió precisamente de su experiencia al ingresar a la universidad.
“Cuando entré en primer año, para mí la universidad era algo desconocido y que me daba mucho miedo. Y mi mentora en ese entonces me acompañó, me guió, me explicó desde lo más ridículo, como imprimir en la universidad, hasta cómo sobrevivir a una clase de 40 minutos sin agarrar el celular. Y yo dije: ‘Ahí está. Yo quiero hacer eso, quiero inspirar’”, recordó.
Para Franco Bravo, estudiante de Medicina Veterinaria, una de las principales fortalezas del taller está en la capacidad de generar vínculos que permanecen en el tiempo.
“Se siente muy como estar en familia. Considero que eso y el ambiente tan cálido y con paciencia fomenta una buena enseñanza de las habilidades universitarias que requerimos para el día a día”, comentó.
Bravo también destacó que mostrar la propia experiencia permite construir una relación más cercana con los estudiantes. “Si no, solo sería un ayudante del profe o así siento que me verían”, explicó.
Joaquín Musa, estudiante de Derecho y mentor desde hace cinco años, también atribuyó a esta experiencia parte importante de su desarrollo personal.
“Pasé de ser una persona un poco introvertida, que no solía comentar mucho cómo se sentía o a quien le costaba hablar en público. Todas esas cosas se fueron puliendo”, relató.
Microcredenciales: reconocer aprendizajes desarrollados en la experiencia
La experiencia de mentoría también se vincula con el Modelo Educativo Institucional actualizado, que incorpora las microcredenciales como parte de la flexibilidad curricular y como una herramienta para fortalecer la empleabilidad. El modelo plantea su desarrollo en distintas áreas y su incorporación en las asignaturas, ampliando las oportunidades formativas de los estudiantes.
En este contexto, los mentores pudieron acceder este año a una microcredencial asociada a su experiencia de acompañamiento, que consideró evaluación de desempeño y la elaboración de un portafolio con casos de mentoría.
“A mí me gusta más la palabra acompañar que ayudar, porque siento que los estudiantes de primer año nos ven como un hermano mayor o como un amigo. No es solamente estar ahí para resolverles un problema, sino acompañarlos durante este proceso”, explicó Anais Fuentes, estudiante de Ingeniería Comercial y mentora.
Para Eduardo Vargas, estudiante de Diseño de Juegos Digitales y mentor por primera vez, el proceso también permitió reconocer aprendizajes que había desarrollado durante su experiencia. “Me hizo ver muchas cosas de las que no me había dado cuenta que había aprendido respecto a algo que tuve que esforzarme para acompañar a un muchacho”, señaló. Entre ellos, destacó uno especialmente significativo: “Entregarse. Al final hay que hacer mucho por ellos en cierto punto y uno no se da ni cuenta”.
Así, la mentoría no solo contribuye a la transición de los estudiantes a la vida universitaria, sino que también se transforma en una experiencia formativa para quienes asumen el desafío de acompañar a sus pares.
English version

















