Arquitectura

El decano de Campus Creativo habla en esta columna de opinión sobre el cambio climático, el aumento de la temperatura y cómo la arquitectura puede ayudar a enfrentar este escenario.

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Te compartimos la columna de opinión del decano del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, Ricardo Abuauad, para la revista Más Deco de La Tercera.

Ser sustentables haciendo menos, no más

Hace un par de semanas Indonesia sorprendió al mundo con la idea de trasladar su capital fuera de Yakarta. Esa populosa ciudad de 10 millones de personas se hunde, y una buena parte de ella estaría sumergida para el 2050. Imposible no recordar la Walking City de Archigram, 1964, esa visión futurista de una ciudad que, con gigantescas patas metálicas, podía ‘levantarse’ y cambiar de ubicación. ¿El cambio climático nos pone frente a escenarios así de extremos? Probablemente, pero también frente a otros que, aunque más cotidianos, también son difíciles de abordar.

Hace un mes, el Crowther Lab anticipó que para 2050 Santiago aumentaría su temperatura en 2,7 ºC, lo que nos volvería equivalentes a Nicosia, en Chipre, con veranos muy calientes e inviernos secos y fríos. Valparaíso, con 1,4 ºC más, se parecería a Rabat, Marruecos. ¿Cómo se enfrenta una realidad así?

Primero: la arquitectura se adapta con dificultad al cambio, como fenómeno construido que es. Y la ciudad, más lento aun. El desafío es mayúsculo, y no faltarán las crisis. Pero también hay que recordar que el calor no es nuevo, y no hay más que mirar los lugares que llevan mucho tiempo lidiando con él para aprender lecciones.

Ninguno de esos sitios contó en el pasado con aire acondicionado para resolver el problema (por suerte), pero desarrollaron ingeniosos dispositivos y elementos de diseño: no hay más que mirar las ‘torres de viento’ del Medio Oriente, con su simple tecnología capaz de inyectar aire fresco en los edificios. Si usted visita Dubái para la Expo 2020, apártese por un rato de las fachadas acristaladas y los revestimientos hightech, y visítelas en el barrio de Bastakiya. Y más cerca están las criteriosas celosías, los patios interiores, los corredores y galerías de las ciudades coloniales, como en Cartagena de Indias. Puras maravillas simples y baratas, tan distintas a los edificios ‘inteligentes’ con el aire acondicionado al máximo.

¿Y las ciudades, cómo se enfrenta en ellas el cambio climático? De nuevo aquí hay que recurrir a las lecciones aprendidas: disminuir los trayectos innecesarios y los autos. Disminuir los desechos, el sobreconsumo. Disminuir el uso indiscriminado de suelo, el de metros cuadrados, el de agua. Mark Watts, de C40 (red de ciudades comprometidas a combatir el cambio climático), en un artículo de National Geographic de junio, lo aclara. El título lo dice todo: “¿Cómo pueden los habitantes de la ciudad ayudar con el cambio climático? Compre menos cosas”. Hacer menos, no más.

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