Arquitectura

“En vez de mirar para otro lado la próxima vez, nos preguntemos qué podemos hacer desde nuestras disciplinas por ellos”, plantea el decano de Campus Creativo UNAB respecto a quienes viven en la calle.

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Compartimos la columna de opinión del decano de Campus Creativo UNAB, Ricardo Abuauad, para la revista Más Deco de La Tercera sobre lo que es vivir en la calle y cómo las ciudades pueden ser más equitativas.

Vivir en la calle

Estoy en San Francisco y un asunto opaca la extraordinaria seducción de esta ciudad hecha para deslumbrar con sus vistas y prosperidad: la cantidad de personas viviendo en la calle. Su número ha crecido un 17% en los últimos dos años, impulsado por los precios de las viviendas y el apoyo que aquí reciben. No se puede mirar a la ligera: en esta ‘Meca’ de los sueldos estratosféricos y del comercio de lujo, una de cada cien personas no tiene un techo bajo el cual dormir. La cifra está aún lejos de la de Los Ángeles, pero crece. Por otras razones (refugiados, migración) varias ciudades europeas experimentan lo mismo: hace un par de años las carpas se alineaban en la Avenue des Flandre en París o en el mismísimo Tiergarten en Berlín. Cambian de lugar, pero siguen existiendo.

¿Y en Chile, cómo estamos? El tema de esta columna nace de un artículo publicado en Russia Today a principios de año titulado “La otra realidad de Santiago de Chile: Así es la difícil vida de los sin techo que acampan en los parques”. Está claro que esa no es la imagen que nos gusta proyectar… Según el Informe de Desarrollo Social 2018, hay 12.860 personas viviendo en la calle en Chile, con casi 6.000 en la Región Metropolitana, cifra similar a todos los habitantes de Papudo. El Hogar de Cristo maneja números mayores, más de 15.600. El 60% de ellos no tiene acceso a ducha, y el 54% tampoco a un baño. El 50% de ellos declara no contactarse habitualmente con nadie.

Y en Santiago, al igual que en muchas otras ciudades, este tema dejó de ser una realidad escondida, casi invisible, para transformarse en algo que pasa delante de sus ojos, hasta en el bandejón central de la Alameda. Mejor, así es más difícil hacernos los desentendidos.

Hay varias líneas de acción para avanzar en esto. Primero, para evitar que ocurra: ciudades más justas y equitativas, con más oferta de vivienda bien localizada y equipada, a lo largo de ejes de transporte, y los ya conocidos conjuntos de inclusión social. Segundo, alivio a las condiciones del día a día de las personas que actualmente viven en la calle, con alternativas a las carpas, como las que plantean muchos grupos creativos en decenas de centros alrededor del mundo. Y, por supuesto, los conjuntos de vivienda o refugios hechos para acogerlos, sacándolos de la precariedad y dándoles acceso a higiene, cama limpia y protección contra el clima: en febrero de 2019, un grupo de arquitectos expuso soluciones para los sin techo en el Housing Innovation Challenge en Los Ángeles.

Todo esto para que, en vez de mirar para otro lado la próxima vez, nos preguntemos qué podemos hacer desde nuestras disciplinas por ellos.

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