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Lucía Illanes y Maria Theresa von Fürstenberg escribieron una columna de opinión sobre la inclusión en la educación superior y cómo la vinculación con el medio es una oportunidad para concretarla además en el mundo laboral.

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Lucía Illanes y Maria Theresa von Fürstenberg, de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello, escribieron una columna de opinión para El Mercurio sobre la inclusión en la educación superior.

La columna completa la puedes revisar aquí y también la compartimos a continuación:

Inclusión en la educación superior

La recientemente promulgada Ley Nº 21.015 sobre inclusión laboral de personas en situación de discapacidad, tiene como finalidad promover una inserción laboral eficaz de las personas con discapacidad (PsD), tanto en el ámbito público como privado.

Así, esta nueva ley ha instalado en la agenda nacional la necesidad de contar con recursos humanos que se encuentren en situación de discapacidad para desempeñarse en empresas que cuenten con más de cien empleados. Sin embargo, este 1% impone que éstos tengan las competencias necesarias para los puestos de trabajo ofertados, es decir, que estén “capacitados”.

Frente a este nuevo desafío, las Instituciones de Educación Superior (IES) juegan un rol trascendental, por cuanto se constituyen en un espacio formal de capacitación y formación para el trabajo, especialmente para jóvenes en situación de discapacidad que han finalizado sus estudios de educación media con modalidad inclusiva.

Las IES, mediante carreras (regulares, técnicas, técnico-profesionales o universitarias) o programas especiales, son las principales responsables de la formación para el trabajo y, por lo tanto, pasa a ser una variable fundamental en el ejercicio del derecho a la educación de los jóvenes en situación de discapacidad.

Aún son pocas

Sin embargo, hasta ahora han sido escasas las IES que consideran a la diversidad del alumnado, específicamente de aquellos con discapacidad, al momento de proyectar su oferta académica. Esto se traduce en una importante brecha de acceso a la formación terciaria, si se les compara con aquellos que no tienen discapacidad (ENDISC II, 2015).

Por ello, resulta relevante visibilizar los esfuerzos que algunas IES han realizado por generar una oferta inclusiva a través de la implementación de acciones concretas. Es así como desde hace 14 años, en forma pionera en nuestro país, la Universidad Andrés Bello ofrece un programa de formación socio-laboral inclusiva para jóvenes con discapacidad intelectual. Así, desde su implementación, más de 300 jóvenes se han insertado exitosamente en el ámbito laboral. 

Sumado a lo anterior, esta institución  diseña y pone en práctica una política de convivencia que favorece la inclusión y promoción del respeto a través de la implementación de admisión especial, elaboración y ejecución de planes de apoyo individual a estudiantes en situación de discapacidad – básicamente física o sensorial – que cursan carreras regulares, elaboración de orientaciones para la inclusión de estudiantes migrantes, con diversidad de género, entre otras; todo ello ha propiciado el avance hacia una verdadera cultura inclusiva.

Sin embargo, para poder prosperar en este camino, se requieren acciones bidireccionales entre la institución formadora y las empresas que permitan retroalimentar los procesos y la verdadera inserción en el mundo del trabajo, en este sentido, la vinculación con el medio es una real oportunidad para concretar la inclusión laboral de PsD.

Tal como lo define la Comisión Nacional para la Acreditación, entendemos la vinculación con el medio de una IES como “el conjunto de nexos establecidos con el medio disciplinario, artístico, tecnológico, productivo o profesional, con el fin de mejorar el desempeño de las funciones institucionales, facilitar el desarrollo académico y profesional de la institución y su actualización, o perfeccionamiento, o de cumplir con los objetivos institucionales”. Ese es el norte evidente de una institución que aspira a desarrollar una cultura inclusiva.

La inclusión educacional cobra sentido no tan solo en los beneficios para el estudiante, sino para el entorno familiar y social que lo rodea. Produce autonomía, genera posibilidades reales de verdadera inserción social, elimina las barreras, lo que implica no solo estar incluido en su medio ambiente inmediato, sino también en el mundo laboral de manera productiva. Una verdadera vinculación con el medio.

Imperativo ético

Todas las IES aspiran a cumplir con su misión de educar, sustentando el valor de la libertad individual y el respeto a las personas como seres libres e iguales en dignidad y derechos. Para lograr esta misión, la cual podría definirse básicamente como “educar para transformar”, y así desarrollar el máximo potencial de todos los jóvenes, debieran transitar este camino hacia el logro de una cultura organizacional inclusiva.

Esta vía no es rápida ni sencilla, requiere, mas allá de la norma, una real disposición a responder a la diversidad del alumnado. Esta cultura inclusiva no solo es necesaria, sino que se constituye en un imperativo ético para toda la sociedad y de manera particular para las instituciones educacionales.

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