27 Febrero 2026

UNAB consolida su modelo inclusivo en línea con la Ley 20.422 y las orientaciones del Mineduc

Con una mirada que entiende la inclusión como parte de la excelencia académica, la Universidad Andrés Bello implementa las orientaciones de la Ley 20.422 fortaleciendo apoyos, accesibilidad y prácticas docentes que garantizan trayectorias formativas equitativas.

La inclusión en educación superior se ha consolidado como un estándar de calidad y un compromiso institucional ineludible. En Chile, la Ley 20.422 y las orientaciones emitidas por el Ministerio de Educación (MINEDUC) establecen lineamientos claros para garantizar igualdad de oportunidades a estudiantes con discapacidad.

En la Universidad Andrés Bello (UNAB), este marco normativo se ha transformado en una oportunidad para profundizar un modelo institucional que entiende la inclusión como parte esencial de su proyecto universitario.

“Avanzar en la implementación de las orientaciones de la Ley N°20.422 no es solo una obligación normativa para la UNAB, sino una responsabilidad ética y académica coherente con nuestro proyecto”, afirma Verónica Águila, directora del Centro Integral de Acompañamiento y Desarrollo al Estudiante (CIADE) de la UNAB.

Inclusión como parte de la calidad universitaria

Las orientaciones ministeriales refuerzan que la inclusión debe integrarse estructuralmente en la gobernanza, la gestión académica y la cultura institucional. No se trata únicamente de responder a situaciones particulares, sino de consolidar políticas, protocolos y prácticas coherentes con un enfoque de derechos.

“El mensaje principal es claro: la inclusión no es un servicio accesorio, es un componente estructural de la calidad en educación superior”, explica Águila.

Desde esta perspectiva, la UNAB ha fortalecido procedimientos institucionales que permiten abordar la accesibilidad universal, la eliminación de barreras y la implementación de ajustes necesarios de manera sistemática.

Garantizar igualdad efectiva

Uno de los pilares de la Ley 20.422 es el reconocimiento de los “ajustes necesarios”, entendidos como medidas que permiten a una persona con discapacidad participar en igualdad de condiciones. En la UNAB, estos apoyos se articulan a través del CIADE, cuya labor en materia de inclusión académica puede revisarse en su sitio institucional.

Estos pueden incluir adecuaciones en tiempos de evaluación, disponibilidad de intérpretes de Lengua de Señas Chilena, materiales en formatos accesibles o flexibilización metodológica, entre otras acciones.

“Es fundamental comprender que no constituyen privilegios, porque no otorgan ventajas indebidas: compensan desventajas estructurales. Son una herramienta para restablecer la igualdad de oportunidades”, señala la directora del CIADE.

Para la UNAB, garantizar estos ajustes implica resguardar el derecho a la educación, manteniendo la coherencia con los perfiles de egreso y los estándares académicos de cada carrera.

Transformar la experiencia formativa

La implementación de estas orientaciones también impulsa mejoras en el quehacer docente. La incorporación progresiva del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), la diversificación de estrategias pedagógicas y la anticipación de materiales accesibles permiten fortalecer la experiencia educativa.

No se trata de bajar estándares, sino de asegurar que los resultados de aprendizaje puedan alcanzarse sin que las barreras del entorno sean un obstáculo injustificado”, sostiene Águila.

Este enfoque amplía oportunidades para toda la comunidad estudiantil, promoviendo entornos más flexibles, equitativos y coherentes con los desafíos actuales de la educación superior.

El rol articulador del CIADE

El Centro Integral de Acompañamiento y Desarrollo al Estudiante cumple un papel estratégico en la implementación de este modelo, coordinando la elaboración de Planes de Apoyo Individual en conjunto con facultades y docentes.

“El CIADE no reemplaza el compromiso institucional. Lo articula y lo fortalece. La responsabilidad de garantizar accesibilidad universal es transversal a toda la universidad”, enfatiza Águila.

Un compromiso con proyección

Avanzar hacia una universidad estructuralmente accesible implica revisar prácticas, fortalecer capacidades internas y consolidar una cultura organizacional que reconozca la diversidad como parte constitutiva de la comunidad universitaria.

La inclusión no debilita la excelencia académica: la fortalece. Porque una universidad verdaderamente de calidad es aquella que garantiza el derecho a aprender, participar y desarrollarse en igualdad de condiciones”, concluye la directora.

En ese camino, la implementación de la Ley 20.422 no es solo cumplimiento normativo. Es una decisión institucional que proyecta a la UNAB como una universidad comprometida con la equidad, la calidad y el desarrollo integral de sus estudiantes.