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Daniela Uribe Holmgren tiene 28 años y se encuentra en su segundo año de su beca en la especialidad de dermatología en el Hospital Charite Universitätsmedizin de Berlín y confiesa que uno de sus deseos es regresar a Chile para poner en práctica todo lo que ha aprendido en el Viejo Continente en los hospitales.

Hace un año y tres meses que Daniela Uribe, titulada de la Universidad Andrés Bello, se encuentra realizando su especialidad en dermatología en uno de los hospitales universitarios más grandes de Berlín, Alemania.

Cuenta que la histórica ciudad alemana es muy entretenida y diversa, y que se encuentra aprovechando al máximo la oportunidad de potenciar su carrera, pero su deseo es volver a Chile. Regresar para enseñar todo lo aprendido y aplicar sus conocimientos con los pacientes del sistema público.

– ¿Cómo ha sido tu experiencia en Berlín?

– Muy enriquecedora. La medicina en Europa es muy distinta. Además me encuentro realizando la beca en el hospital Universitario que es un centro de referencia en Europa en Dermatología (Charite Universitätsmedizin, Berlín). Por otro lado, la vida en esta ciudad es muy entretenida, tiene mucha historia y hay un intercambio cultural muy grande.

– ¿Qué te ha impresionado de tu trabajo en Europa?

– Acá la dermatología tiene otro enfoque. Aparte de estética vemos muchas enfermedades sistémicas y cáncer de piel. No sólo hacemos el diagnóstico de las enfermedades, sino que también nos ocupamos de la parte oncológica. Tenemos un Servicio de Dermatología con 90 camas. Es un centro bastante grande y muy importante, por lo que para mí es realmente gratificante tener la posibilidad de formarme en Berlín como dermatóloga. También me ha impresionado los recursos que tienen no sólo para el hospital, sino para la investigación. Todos los médicos forman parte de un grupo de trabajo y están constantemente publicando en importantes revistas. Yo también formo parte de un grupo de trabajo y estoy haciendo paralelamente mi doctorado en medicina.

– ¿Qué te apasiona de tu trabajo?

– Lo que me encanta de mi trabajo es el contacto con mis pacientes. Me fascina poder contarles de mi vida, y les encanta que sea chilena. Están de lo más enterados, cuando fue el Mundial de Fútbol me comentaban todos los días, luego con los mineros lo mismo. El trato de los médicos alemanes es muy distinto al de los chilenos. La empatía se vive de manera muy distinta. No es que sea mejor o peor, sólo que culturalmente es muy diferente.

– ¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la Escuela de Medicina?

– Acá en Alemania he tenido la posibilidad de conocer médicos de todo el mundo, y puedo decir con mucha seguridad, que hemos recibido una excelente formación académica. De la Escuela la verdad es que tengo recuerdos muy buenos, de compañeros y profesores. En la Escuela conocí también a mi novio Christian Eulufi, que actualmente esta conmigo acá (luego de aprender alemán) y también está haciendo su especialidad, pero en oftalmología. Recuerdo cómo me estresaba cuando pasábamos visita en cirugía o medicina interna y ¡cómo sufría! Ahora me río, ya que hago lo mismo pero en alemán y no como estudiante sino como especialista en formación y ¡con todas las responsabilidades que eso implica!

– ¿Cuáles son tus desafíos que vienen en tu vida profesional?

– Mi horizonte es Chile. Todos los días pienso y cuento el tiempo que falta para poder volver (45 meses). Me encanta mi vida acá, pero es difícil estar tan lejos de la familia. Quiero dedicarme a la docencia, poder enseñar todo lo que he aprendido. Y aplicar mis conocimientos con los pacientes del sistema público, que siento que están tan abandonados. Tal vez, crear un Servicio de Dermatología en nuestro Hospital de formación (El Pino), que actualmente no tiene.

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