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El profesional de la Universidad Andrés Bello, Francisco Mahaluf, se desempeña hace un año y siete meses como médico general de zona de la comuna de Colchane, Primera Región. Conoce su increíble historia.

Colchane es una comuna ubicada a 285 kilómetros al este de Iquique y a 3.800 metros de altura. El 95% de la población es de etnia aymara, dominan el español y su lengua originaria, pero hay algunos que no hablan español.

Acá no hay electricidad, sólo un motor generador que funciona cuatro horas al día. No hay agua potable, sino de vertiente. No existe sistema de alcantarillado ni supermercado, ni bomba de bencina, ni redbank, y la señal de celular llegó recién en septiembre del 2009.

En este escenario se mueve Francisco Mahaluf, titulado en la U. Andrés Bello en el 2008 y que con 27 años es el médico general de zona para la gente del lugar.

“Llegué a Colchane el 6 de abril del 2009, así que a la fecha llevo un año y 7 meses. En un comienzo compartía casa con un dentista, pero ahora vivo solo”, cuenta este médico que debe enfrentarse día a día con un clima muy extremo, con temperaturas bajo cero durante otoño e invierno, feroces ventarrones y tormentas eléctricas en verano.

En la comuna hay aproximadamente 1.600 habitantes y la mayor parte es flotante, es decir, personas que están de paso en la zona y que principalmente provienen de Bolivia.

En Colchane no existe hospital:, la atención de salud se hace en tres postas rurales: Colchane, Cariquima y Enquelga, de las cuales este doctor debe estar pendiente.

– ¿Tuviste la oportunidad de trabajar en Santiago, en alguna clínica? ¿Por qué tomaste la decisión de trasladarte a Colchane?

– La verdad que apenas me recibí, me puse a trabajar en el consultorio de Colina por dos meses y medio. A esas alturas ya había entregado mi postulación para ser médico general de zona. Mi sueño siempre fue tener este cargo, encontrarme con los orígenes de la medicina, en donde el examen físico y la historia clínica son las herramientas principales. Además tengo una vocación de servicio muy marcada. Me encanta el deporte. Y la vida de la ciudad ya me tenía saturado. También en la opción de ser médico general de zona vi la posibilidad de crecer como persona, conocer realidades distintas, acceder a una beca, lograr independencia económica y forjar un futuro.

– ¿No te arrepientes de esta decisión?

– No, de ninguna manera. Confiado en Dios tomé esta decisión y todo me ha salido mucho más allá de mis expectativas.

– ¿Cuál es tu visión de lo que necesita la gente de Colchane?

– Aquí se necesita rescatar la cultura y fomentar el amor de la gente por sus tradiciones. Es muy importante que a la comunidad de Colchane se le den las herramientas para permanecer en su lugar de origen y se les haga saber lo valioso que es su patrimonio cultural.

– ¿Qué te apasiona de tu trabajo?

– Me encanta poder servir a las personas y mediante la sanación de sus enfermedades, devolverles la alegría. Me apasiona poder aportar con la felicidad de la gente.

– ¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la Escuela de Medicina de la UNAB?

– Recuerdo con mucho cariño a los amigos que conocí. En estos momentos son mis amigos de la vida. También tengo en alta estima a todos los docentes que realmente se preocuparon por nuestra formación.

– ¿Cuáles son tus desafíos en tu vida profesional?

– Lograr hacer una beca en lo que me apasione, en un buen centro formador. Y mantener mi amor por lo que hago, siempre recordando cuál fue mi motivación inicial por esta carrera: el servicio. Además me encantaría dar charlas vocacionales en la UNAB, en particular en mi escuela.

– Finalmente, ¿has pensado dejar la Colchane?

La verdad es que no. En todo caso el ciclo de general de zona no puede exceder los seis años, así que me quedan cuatro años como máximo para seguir acá.

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Sonia Tamayo

stamayo@unab.cl

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