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El psicólogo Francisco Ugalde, académico de la U. Andrés Bello, explica que después de desastres, tanto naturales como causados por el hombre, es esperable que aparezcan síntomas como aflicción, ansiedad y congoja.

El Instituto Salud y Futuro de la Universidad Andrés Bello,presentó un estudio realizado por el Dr. Manuel Inostroza y Francisco Ugalde, Ph.D., académicos de nuestra casa de estudios, y sus pares de la Universidad de California-Irvine, Roxane Silver y Dana Garfin, sobre las respuestas psicológicas de la población chilena a los tres meses de ocurrido el sismo 8,8 el 27 de febrero en la zona central de nuestro país.

Estudios internacionales acerca de la prevalencia del estrés post traumático muestran que pasados seis meses de una catástrofe, el 25% de las personas debería retomar su normalidad, mientras que al año deberían superar el 40%. Lo sucedido en Japón con el terremoto y tsunami que provocó un alerta de maremoto en nuestras costas pudo provocar que muchos chilenos revivieran el 27F y los síntomas del estrés postraumático.

Según explica el psicólogo Francisco Ugalde, después de desastres, tanto naturales como causados por el hombre, la población suele experimentar síntomas como  aflicción, ansiedad y congoja, como también reexperimentar el suceso. “Estos síntomas remiten (declinan) en la mayoría de las personas, especialmente en aquellos que no sufrieron una pérdida personal a consecuencia del desastre. Pero algunas personas continúan experimentando síntomas por años”, asegura.

Terremoto estresor

Con la alerta de tsunami en nuestras costas, sin embargo, el fantasma del 27F volvió. Ugalde detalla que para mucha gente los síntomas suelen reactivarse alrededor de los aniversarios. Generalmente activados por la atención prestada al desastre por los medios de comunicación. Lamentablemente, algunas personas seguirán experimentando síntomas durante años.

Según el psicólogo es muy posible que la intensa atención prestada por los medios de prensa al terremoto de Japón “pueda servir como un recordatorio y un factor desencadenante de aflicción para la población chilena”.

En ese sentido la Dra. Roxane Silver y su equipo de la Universidad de California- Irvine ha realizado diversas investigaciones a través del mundo y, aunque reconociendo que hay diferencias culturales entre las sociedades estudiadas, reporta que le han impresionado las similitudes en los resultados obtenidos luego de los desastres en Indonesia rural, los EE.UU. y Chile.

Según explica Ugalde, “es probable que existan diferencias entre la respuesta japonesa y la chilena al terremoto y maremoto. Debido, entre otras, a la amenaza continua de la radiación de la central nuclear. Afortunadamente los chilenos fuimos capaces de centrarnos en la limpieza y reconstrucción tras la catástrofe y no tuvimos que hacer frente a la ansiedad y la ambigüedad sobre la exposición a radiación”, dice.

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