Diario UNAB

La profesora de Educación Física de UNAB pertenece a la Primera Compañía de Bomberos de Cartagena hace 15 años. Ha apoyado en incendios forestales y accidentes, pero las experiencias más fuertes las vivió en el rescate de un compañero atrapado entre las llamas y en el incendio que consumía la casa de su madre.

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Claudia Arancibia Cid (45) es parte de la comunidad UNAB desde 2009. Profesora de Educación Física, casada con dos hijos, uno de 21 y otro de 6, divide su tiempo entre el trabajo docente en Santiago, su familia y el compromiso que desde hace 15 años tiene con la Primera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Cartagena.

Siempre estuvo ligada a los bomberos, el principal ejemplo lo recibió de su bisabuelo, quien desde que supo de su interés le repitió que las mujeres no podían ser bomberas. Claudia insistió hasta que le ofrecieron ser parte de la institución.

¿Por qué eres bombera en Cartagena?

Mi familia se fue a vivir allá hace más de 20 años, en esa época no aceptaban mujeres en todas las compañías de Santiago y como yo era profesora me pidieron que ayudara en la brigada. Como siempre estaba en la bomba un día me propusieron ser bombera, pero con un permiso especial por vivir en Santiago.

¿Qué despertó ese interés?

Mi bisabuelo fue fundador del Cuerpo de Bomberos de Conchalí, y para su cumpleaños llegaban los bomberos con orfeón y yo decía: “cuando sea grande voy a ser bombero”, pero él me contestaba: “las mujeres no son bomberos, así que no lo sueñes”. Entonces desde chica insistí y cuando se dio la oportunidad no lo dudé.

¿Algún llamado en particular que te haya marcado?

Hemos tenido varios eventos intensos, pero en particular cuando se quemó la casa de mi mamá en Cartagena, hace unos ocho años. Estaba en Santiago cuando me avisaron que se estaba quemando, rápido tomé mi equipo y partí. Llegué cuando las llamas ya estaban en la casa de mi familia, trabajamos con mis hermanos que también son bomberos y afortunadamente se controló. En total se quemaron diferentes partes de seis viviendas de ese sector patrimonial.

Antes recordaste el incendio de la Gato Negro ¿por qué la nombraste?

Esa es una discoteque conocida en Cartagena. Fue un 21 de mayo porque la compañía estaba de aniversario y nos encontrábamos trabajando con la brigada. Como estaba al lado fui la primera en llegar y me puse a trabajar en el techo del edificio. Cuando hicieron relevo el bombero que me cubrió cayó a través del techo. Por la llamarada que salió no podía ver dónde había caído, el humo era muy intenso y como soltó el pitón de la manguera escuchaba que pasaba el agua con mucha fuerza por sobre mi cabeza. Me acuerdo que él gritaba “me estoy quemando”. No sé cómo, pero metí mi mano, sentí la cotona, lo levanté, lo saqué y lo tiré al otro lado desde el techo del segundo piso.

¿En algún momento te has puesto un límite para seguir en la compañía?

Nunca, hasta donde pueda voy a ser bombera y me sigo perfeccionado para tener el mejor desempeño. Hay un desconocimiento con respecto a bomberos porque somos voluntarios, pero nosotros pagamos para ser bomberos, cada compañía tiene sus cuotas y si te atrasas te suspenden. Es nuestra responsabilidad y es la forma en que ser mantienen muchas compañías.

¿Consideras que deberían recibir más apoyo?

Tenemos un financiamiento, por ejemplo, el que viene de las campañas, los socios o de las municipalidades, que dependen del alcalde que esté de turno, pero aun así no alcanza porque un equipo de bomberos es carísimo y se desgasta.

¿Qué te motiva a diario para seguir?

Hay cosas muy lindas como el rescate de perritos que han caído a norias, donde me ha tocado bajar para sacarlos. Pero en realidad todo el trabajo que hacemos da satisfacción por estar ayudando a las personas cuando lo necesitan, si están en una situación de emergencia puedes transmitir la calma. Poder ayudar es lo que me motiva a ser bombera.

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