Seminario en UNAB abordó la contaminación lumínica como desafío para la biodiversidad, la salud y la ciencia
Especialistas analizaron la nueva normativa chilena, las percepciones sociales frente a la iluminación nocturna y los impactos ecológicos de este contaminante, incluyendo una agenda de investigación en la Antártica liderada por la Universidad Andrés Bello.
Con el objetivo de abrir un espacio académico y ciudadano para comprender la luz artificial nocturna como un contaminante emergente que afecta la salud humana, la biodiversidad y la observación astronómica, se llevó a cabo en el auditorio de Campus Bellavista de la Universidad Andrés Bello (UNAB) el seminario interdisciplinario “Contaminación lumínica: percepción social, normas y ecosistemas”.
El evento, realizado el 4 de marzo, integró tres dimensiones que dialogan entre sí: la normativa, la percepción social y la evidencia científica. Estos tres aspectos fueron abordados en presentaciones con el fin de difundir y avanzar hacia mejores prácticas en el diseño de iluminación y políticas públicas.
Cristian Duarte, académico de la carrera de Biología Marina e investigador del Instituto One Health, inauguró la jornada alertando sobre la escala global de la contaminación lumínica,:
Los cielos libres de contaminación lumínica son muy pocos y el problema es que las personas hoy demandan más luz, no menos. Paradójicamente, el desarrollo de luces LED, que son ecológicamente amigables desde la perspectiva energética, ha generado un incremento en el uso de la luz artificial.
El investigador agregó que uno de los desafíos principales es transferir el conocimiento científico hacia la sociedad.
“Nuestra principal labor como investigadores es generar conocimiento y traspasarlo a la sociedad para que tome conciencia de la importancia de controlar la luz artificial porque es, de hecho, un contaminante que debe ser gestionado de manera efectiva”.
Chile, pioneros en normativa
La primera presentación abordó la implementación de la nueva normativa lumínica en Chile, vigente desde octubre del 2024. Camilo Padilla, encargado de contaminación lumínica del Ministerio del Medio Ambiente repasó la historia de la regulación hasta llegar a la nueva normativa, incluyendo sus criterios, avances y actuales desafíos.
“Participar en estas instancias como Ministerio del Medio Ambiente es muy valioso. Nos permite difundir el trabajo que ha venido realizando la institucionalidad ambiental hace ya más de 25 años”, indicó Padilla.
El especialista explicó que la regulación en contaminación lumínica comenzó con la protección de los cielos astronómicos en el norte de Chile, pero que con la nueva norma se expande a todo el territorio nacional.
“Estamos trabajando en la difusión y en el apoyo a los municipios para que puedan gradualmente cumplir con las nuevas exigencias de una norma que es pionera a nivel internacional, y que tiene muchos beneficios en términos de protección de la biodiversidad, la salud de las personas, y de los cielos astronómicos”.
¿Qué opina la ciudadanía sobre la contaminación lumínica?
La segunda ponencia abordó el aspecto social este problema, analizando las percepciones y preferencias ciudadanas y cómo estas pueden orientar estrategias de mitigación.
La charla estuvo a cargo de Keila Guillén, economista ambiental del Plymouth Marine Laboratory, en Reino Unido, quien expuso los resultados de tres estudios realizados en Chile sobre percepción de contaminación lumínica.
Las investigaciones incluyeron encuestas en Valparaíso y Viña del Mar, estudios sobre medidas de mitigación en Penco y La Serena, y un análisis de preferencias sobre mitigación que abarcó todo el territorio nacional.
Entre los resultados, Guillén destacó que existe una disposición ciudadana a apoyar cambios en la iluminación pública nocturna, “especialmente en lo relacionado con dirigir la luz completamente hacia abajo y disminuir su intensidad”, explicó.
Otro resultado interesante es que se detectaron percepciones erróneas respecto al color de la luz. Según uno de los estudios, “las personas perciben la luz blanca como más beneficiosa, en contraste con la luz amarilla o cálida, cuando en realidad la luz fría —con tonalidades azuladas o blancas— puede ser más nociva”.
La investigadora subrayó además el rol clave de la información pública.
“Observamos que la información tiene el poder de cambiar las percepciones y preferencias de las personas. Cuanta más información tienen, más dispuestos están a aceptar medidas de mitigación”, explicó.
Investigación chilena en la Antártica
Finalmente, el seminario abordó el aspecto científico, en una charla de José Pulgar, investigador del Instituto One Health de UNAB, en la que propuso una agenda de investigación sobre contaminación lumínica en la Antártica, subrayando la urgencia de proteger ecosistemas altamente sensibles.
Su exposición se enmarcó en el proyecto DIPOLE – “Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution May Alter the Ecological Effects of Global Warming”, adjudicado en el Concurso Anillos de Investigación en Áreas Temáticas Específicas 2025 de ANID. DIPOLE es dirigido por el Dr. José Pulgar y el Dr. Cristian Duarte es subdirector.
Pulgar señaló que, pese a lo que suele imaginarse, la contaminación lumínica también está presente en el continente blanco:
Uno pensaría que en Antártica no hay contaminación lumínica, pero lugares como Bahía Fildes —donde se concentran varias bases científicas— presentan niveles importantes de iluminación artificial debido a la actividad humana.
El investigador añadió que este fenómeno podría afectar desde el fitoplancton hasta especies marinas de mayor tamaño.
“Este es el primer proyecto que evalúa el impacto de la contaminación lumínica en ambientes antárticos. Se conoce muy poco de lo que pasa allí, por lo que nuestros datos serán muy relevantes para la generación de políticas públicas”, afirmó.
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