Facultad de Economía y Negocios

La investigación, titulada “CajaVecina and the Chilean Bancarization Based on Corner Shops”, plantea cómo los sistemas de pago se encuentran realizando nuevas estrategias de acercamiento de operaciones financieras a sectores hasta ahora excluidos.

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El acceso masivo a la banca y a los servicios financieros como el ahorro y el crédito, a través de instituciones financieras sólidas, es uno de los rasgos de las sociedades desarrolladas y uno de los mecanismos más importantes de inclusión social. Al respecto, un estudio realizado en 2017 por la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), dejó de manifiesto que en Chile el nivel de educación financiera es especialmente bajo, sobre todo, si se compara con países desarrollados, constituyéndose así en el principal obstáculo para mejorar la inclusión financiera.

Sin embargo, una reciente investigación, liderada por el académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Sede Viña del Mar de la U. Andrés Bello, Juan Felipe Espinosa-Cristia, en la cual también participaron investigadores de la U. de Chile y del Reino Unido, ha logrado demostrar que el mecanismo financiero conocido como “CajaVecina”, ha generado importantes procesos de socialización y acercamiento financiero a la población chilena.

“El fenómeno de la Caja Vecina es una iniciativa realizada por Banco Estado, teniendo como objetivo generar procesos de socialización y acercamiento financiero a la población chilena. Para llegar a este fin, Banco Estado entra en contacto con “almacenes” –negocios detallistas, fundamentalmente de barrio- de diferente rubro, entregando un terminal POS –point of sale- que unido a la tarjeta débito del mismo banco, permite a los usuarios acceder a variados servicios bancarios, en y desde el mismo almacén”, explica el Dr. Espinosa.

¿El almacén de barrio es un Banco?

El estudio titulado “CajaVecina and the Chilean Bancarization Based on Corner Shops”, cuyo objetivo es describir las transformaciones económico-culturales en estos ecosistemas de pago, específicamente en las regiones de Valparaíso y Metropolitana, realiza un análisis al mecanismo de CajaVecina, circunscrito a su capacidad de reformular las prácticas cotidianas de sus usuarios e intermediarios (dueños del almacén) que facilitan el servicio, mediando. Así como también participa en la distribución de la confianza entre los usuarios y el almacenero. Examen a partir del cual, el estudio intenta dar respuesta a la pregunta: ¿El almacén de barrio es un Banco?.

“Para llegar a dicho fin, tuvimos que problematizar el concepto de corresponsalía bancaria denominada CajaVecina. Concepto que, mediante la ayuda de un intermediario, ha evolucionado desde la universalización de las transacciones internacionales, hasta llegar al siglo XXI donde el concepto “corresponsalía”, es entendido como una estrategia de negocio para bancarizar a sectores hasta entonces excluidos del sistema financiero”, explica Juan Felipe Espinosa-Cristia.

De hecho, agrega Espinosa, la investigación ha dado cuenta de la existencia de mecanismos de cálculo de riesgo que realiza Banco Estado a sus clientes, observados en la noción de autorregulación del “funcionamiento de la CajaVecina” y de la entrega de “cupos” de operación de la corresponsalía. Dichos mecanismos, según el académico,  justificarían el desarrollo de técnicas por parte de los almaceneros para poder mantener continuamente operativo la CajaVecina.

“Ya sea en la gestión de las transacciones realizadas por los almaceneros, así como la selección y categorización de los clientes, además de la confianza desplegada, materializada en entrega de cuentas o recibos, permiten entender que detrás de la noción de “cupo” no solo existe un mecanismo que permite al BancoEstado diversificar el riesgo y aprender de las conductas bancarias de los almacenes, sino que también permite al almacén transformarse en otro tipo de solución, independiente al banco, aprovechando los niveles de confianza tejidos con sus clientes”, afirma Espinosa.

De la CajaVecina a los créditos tipo retail

Según se desprende también de esta investigación, los almaceneros se dan cuenta de que dichos “cupos”, deben ser gestionados y que de ello depende la operación completa de la corresponsalía. Observan también que, a partir de su accionar van incrementando paulatinamente su cupo. De hecho, el cupo en cuestión, se otorga sin realizar ‘credit scoring’. “La investigación ha descubierto aquí, un mecanismo muy similar al desarrollado en el sistema de crédito de las “tiendas por departamento”, las cuales ‘siembran’ y hacen crecer a sus clientes”, explica el Dr. Espinosa.

“Este estudio permite concluir que variados sistemas de pago, sean estos operados por bancos o no, se encuentran realizando nuevas estrategias de acercamiento de operaciones financieras a sectores hasta ahora excluidos de las mismas. Con dichos estudios, se podría comenzar a analizar hasta qué punto la autorregulación de los sistemas se mantiene con prácticas consideradas no monetarizadas como la confianza o retribución u otros que emergen en las posibilidades que otorgan la innovación que los usuarios y operadores de dichos sistemas creen en conjunto, considerando sus limitaciones y posibilidades”, puntualizó el académico de la UNAB.

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