Concepción

Un grupo de 61 estudiantes de la Unab fueron a alto Biobío para participar de la construcción y revestimiento de viviendas, entre otras tareas. Por primera vez, un grupo de Odontología se sumó a esta experiencia.

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Fernanda Lazcano fue parte del grupo de alumnos de la Universidad Andrés Bello que durante estas vacaciones de invierno participó en los trabajos de voluntariado que realiza el plantel en Alto Biobío, una de las comunas con mayor índice de vulnerabilidad del país y con niveles de pobreza que afectan a la mitad de la población local.

Pese a que cursa el último año de su carrera, esta fue la primera vez para ella en un trabajo de voluntariado con un enfoque distinto a los operativos odontológicos que la universidad suele hacer. “Es una experiencia totalmente distinta”, señaló sobre esta permanencia de una semana en la comuna cordillerana en la que fueron testigos de las necesidades de sus habitantes. El aislamiento y el frío –soportaron temperaturas de -8°C- los hizo experimentar parte de lo que miles de persona viven en los meses invernales.  

“Es muy enriquecedora –agregó-, tanto por la ayuda que llevamos a las personas de Alto Bio Bio, con la construcción de las casas y los revestimientos, como también por todo el trabajo en pro del desarrollo y crecimiento personal que se realiza dentro del equipo que forma parte de estos trabajos de invierno. Como alumnos de odontología estamos acostumbrados a pasar la mayor parte del tiempo dentro de nuestra clínica, creyendo que no tenemos tiempo para nada más, preocupados de nuestros pacientes y requisitos, y se deja mucho de lado el conocer que está pasando a nuestro alrededor, compartir con personas de distintas carreras, poder desenvolvernos en situaciones fuera de nuestra zona de confort”.

Se trata de la primera vez en que un equipo de Odontología participa en esta iniciativa. “El objetivo, más allá del aporte directo a la mejora de las condiciones en la calidad de vida de las familias de Alto Biobío, persigue inculcar en los estudiantes una serie de competencias y valores muy importantes en su futura vida laboral: trabajo en equipo, empatía y respeto a la diversidad cultural”, destacó la directora de la carrera en la sede Concepción-Talcahuano, María José Muñoz.

Agregó que “desde el punto de vista académico, ha sido muy relevante poder hacer conscientes a los alumnos la importancia de un trabajo inicial de diálogo con la comunidad y levantamiento de información, que serán los cimientos sobre los cuales se construirán las futuras intervenciones en Alto Biobío”.

Un llamado de atención

Definitivamente quienes son parte de esta experiencia viven un antes y un después. “Es algo que te marca de por vida”, les dijo María Teresa Morales, la directora académica de la sede antes de su partida y hoy las alumnas le dan la razón.

Para Natalia Sepúlveda, de quinto año, “participar en TDI significó cambiar mi percepción de la vida. Salir del individualismo en donde nos vemos sumergidos tras la rutina como estudiantes, compartir con gente de una cultura muy diferente a la nuestra (comunidades pehuenches) y darse cuenta de lo importante de trabajar valores como pluralismo, integridad y por sobre todo la tolerancia”.

María Alejandra Manríquez, otra de las estudiantes que participó en la incursión, hay también una enseñanza que proviene desde las personas a las que se busca ayudar. “Aprendí mucho de la actitud y de la resiliencia de las personas locales, y de la capacidad para sobrellevar una vida llena de carencias con dignidad y entereza. Me ayudó a valorar mucho más la vida y sentirme agradecida por lo que tengo, y a relativizar mis “problemas””.

Como futura profesional de la salud, “una de mis mayores preocupaciones es la salud oral y general y el bienestar de las demás personas. El ser partícipe de estas experiencias, compartir y ver de cerca las necesidades de la gente, ayuda a ser más consciente, a tener una visión más amplia, solidaria y comprometida y querer ser parte activa del cambio”.

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