Concepción

¿Cómo puede marcar la vida de una persona enfrentar una realidad totalmente distinta a la que le tocó vivir? La experiencia de nuestra académica y su relación Etiopía dan cuenta del quiebre entre el antes y el después.

Escrito por

Por Patricia Hernández Gutiérrez

No se trataba de cualquier viaje, como los que, por trabajo o vacaciones, había realizado ya con su familia. Esta vez eran 12 mil kilómetros que la separaban de una experiencia que cambiaría su forma de ver el mundo, aún las cosas más simples de su cotidiano. María Cristina Fellay, Profesora de Biología y docente de Fonoaudiología en nuestra Sede, no lo pensó dos veces. Sólo lo básico consigo, pero un montón de anhelos y, sobre todo, un corazón lleno y dispuesto a dar.

Junto a su marido (Ismael) y dos de sus hijos (Joaquín y Macarena), aceptaron la invitación de la Fundación Amigos de Etiopía para colaborar durante el verano de 2019 en las misiones de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol y María Madre de la Iglesia (MCSPA), organización que cuenta con misiones en 4 zonas del país: Anger Guten, Mizan Teferi, Muketurry y Nyangatom. En ellas, los misioneros implementan programas en las áreas de educación, salud, nutrición y agricultura.

Su hija mayor, Josefina, ya había partido durante un par de meses al país africano. Fue en una misión en que se requerían profesionales de la salud. La distancia era enorme, pero desde el día en que María Cristina conoció sobre esta comunidad misionera, sólo fue capaz de una cosa: confiar.

“Todo fue por un alumno de Odontología que conocí en otra universidad. Supe que se iba a África como parte de una misión de evangelización en Burundi. Recuerdo que le dije por qué no se dedicaba a atender como odontólogo… no hubo respuesta pues no era el foco de la misión. Tiempo después recibí un mail del mismo alumno en que me contaba que ya estaba prestando atención dental. Fue ahí cuando decidí que esto se podía replicar y, aún más, multiplicar. Reuní la información y presenté el proyecto a la universidad para incentivar a los estudiantes a sumarse como voluntarios o a hacer prácticas a través de las diversas organizaciones y fundaciones que operan en el continente africano. El proyecto fue exitoso, me contactaron del Directorio de la Universidad y fue justo en ese momento en que me pusieron en contacto con Lourdes Larruy, una de las misioneras con más de 15 años viviendo en África”.

Desde ese momento, hace casi 10 años, el hogar de María Cristina se ha convertido a la vez en el hogar de quien significó un antes y un después en su vida y la de su familia. Cada vez que viene a Chile a dictar charlas en colegios y universidades, Lourdes es un miembro más de aquel hogar.  Tanto así que, al cabo de 3 años, le fue imposible decir que no a su hija mayor cuando Lourdes, en plena cena familiar, le dijo “Josefina… y tú ¿cuándo?”

“Tenía sólo 20 años y estaba estudiando Medicina. Lo que me atormentaba era que podían ser 2 meses sin saber de ella. Pero no pude hacer otra cosa si no confiar… si era su decisión, cómo podía yo truncar ese sueño”.

 ¿Cómo fueron esos 2 meses?

Afortunadamente había una leve señal de internet, por lo que al menos 1 vez por semana nos conectábamos. Fue así como conocimos todos a Betty, una niña de 2 años que se apegó mucho a mi hija. Tanto que Josefina nos enviaba fotografías de cada momento que pasaba con ella. Eran felices juntas… al principio me preocupé un poco por si Josefina estaba pensando en traerla, porque es algo muy muy complejo, pero después supe que Betty tenía a su madre y vivía en la misma localidad con ella.

Un sueño de 2 meses que también empezabas a compartir…

En una de las visitas de Lourdes a Concepción, la fuimos a buscar al aeropuerto con mi hija Macarena. Lourdes nos contaba la historia de una voluntaria que había ido a una de las misiones junto a su hijo, de cómo eso los unió… y entonces escuché un “mamá, vamos nosotras”. No era una pregunta, era una decisión. Después se sumó otro de mis hijos, Joaquín.

Pero fue el menor de tus hijos, Jorge, quien le dio un giro a esto…

Precisamente fue él quien más me insistió en que invitara también a Ismael, mi marido. Me convenció de que era mejor llevarlo que dejarlo en casa preocupado… Y así fue como, a siete años del viaje de mi hija mayor, era nuestro turno.

A África los pasajes…

Nos fuimos en verano… cada uno a una misión distinta. Yo estuve en Moketurre y Andode. Sencillamente me dediqué a ordenar la ropa que llega desde muchos países, pero la verdad es que fue mucho más lo que logré hacer en ese viaje.

¿Cuáles fueron esos logros?

Primero. Encontré a Betty… un día doblando la ropa, apareció un grupo de niños y escuché que a una de ellas le llamaban con ese nombre… pegunté y me lo confirmaron. Era la Betty de mi hija, sólo que hoy con 9 años y con una hermanita de poco más de 4 años, Francisca. De verdad fue un regalo para nosotros como familia encontrarla… era un regalo también para mi hija saber de ella después de 7 años.

Pero hubo otro logro importante también…

Mi ida a África fue para llevar a Ismael. Su conocimiento, como ingeniero eléctrico con especialidad en eficiencia energética, permitió traspasar muchísima información. Vació todo su conocimiento precisamente en un tema crítico en África. Yo ordené ropa, ayudé en todo lo que pude, pero mi misión fue llevarlo a él.

¿Muy fuerte el contraste?

La vida allá no tiene nada que ver. Es muy fuerte. Pero mi mayor shock fue al volver… darme cuenta de cómo vivimos. Me preguntaba, y aun lo hago, cómo vivo así… no es necesario. Se vive con mucho menos. Eso ha sido un aprendizaje para todos, vivir con más austeridad.

Cinco de los 6 integrantes de su familia ya están vinculados fuertemente con tierras africanas y su gente. El próximo verano, será el turno de Jorge, el hijo menor. Lo cierto es que ha sido tal la entrega de María Cristina y los suyos, que participar de estas misiones no se quedan sólo en un proyecto familiar, sino en un presente. Junto con comprometer la educación de Betty y su hermana Francisca –que implica enviarlas al internado ubicado a 12 horas de su pueblo, un desprenderse, por parte de su madre, necesario para dejar de sólo sobrevivir en África-, María Cristina e Ismael tienen claro cómo quieren vivir esta etapa de su vida. “Mis objetivos son 3: crear la Fundación de Amigos de Etiopía en Concepción, apoyar la educación de las dos niñas, e irnos junto a mi marido 3 meses todos los años a Etiopía cuando nos jubilemos. Ya es una realidad… estamos preparándonos para cuando eso llegue. Ya sabemos que allá también somos felices. Todo depende de cómo quieres ser feliz”.

 

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