Meter mano en genes humanos | El Mercurio | Inst. Ciencias Biomédicas
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Nicolás Luco destacado columnista de El Mercurio, esta semana en dicho medio se refiere al informe “Recomendaciones” de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la edición del genoma humano. En este contexto el Dr. Martín Montecino, director del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la U. Andrés Bello y subdirector del Centro de Regulación del Genoma, es citado mostrando su análisis de este tema.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el informe “Recomendaciones” para la edición del genoma humano (https://bit.ly/3B3DNrB).

¿Cómo usar esta herramienta fantástica? Para fabricar vacunas, como se ha demostrado en la pandemia; para curar enfermedades hereditarias, para mejorar un embrión antes de que nazca, o superar la infertilidad. Y más.

En el prólogo, la científica jefa de la OMS, Dra. S. Swaminathan, explica que la edición puede aplicarse a tres tipos de células: las somáticas, como las del hígado; las germinales, del aparato reproductivo; y las germinales que no provienen del aparato reproductivo (como las de la piel, transformables finalmente en óvulos o espermios portando el código genético original).

Los tres tipos de ediciones conforman diferentes desafíos.

La doctora plantea incertidumbres, riesgos, beneficios, vacíos en la comprensión de los procesos, sus efectos de largo plazo. Editar genomas que pasan de generación en generación preocupa. O, si muchos intentan mejorar ciertas características de sus futuros hijos, hundirán la diversidad humana y la equidad.

El informe, producto de cientos de personas, urge al director general de la OMS a instalar un mecanismo que vigile y oriente la edición del genoma, que explicite los valores en juego y sugiera formas para decidir a nivel micro y macro sobre las investigaciones y terapias.

Aparecen valores: apertura, transparencia, honestidad, responsabilidad, liderazgo regulatorio de la investigación, equidad. Y no se eluden peligros, como las clínicas que ofrezcan soluciones inaceptables.

El Dr. Juan Pablo Beca, del Centro de Bioética de la U. del Desarrollo, pide prudencia. Mira el documento con preocupación. No hay que apurarse, se cometen errores.

Para él, el uso de la herramienta, el cuándo y el para qué, es lo más importante. Hay que equilibrar las dudas, los beneficios, el riesgo y el daño. Le parece un “horror” concebir hijos a la medida. ¿Será para quienes puedan pagarlo?

Esto tiene gran trascendencia. No está todo claro. Pide “responsabilidad, con justicia, sin discriminación”.

Pero para el Dr. Martín Montecino, director del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la U. Andrés Bello y subdirector del Centro de Regulación del Genoma, “se abren oportunidades inmensas”. Como la OMS, llama a conversar.

Tal como a un piloto de avión se le exigen requisitos y un plan de vuelo, dice, y los problemas surgen tarde, mal o nunca, esto debe trabajarse.

“Se convierte en una obligación moral, podemos asegurar una herencia genética para una mejor vida, la mejor vida posible”.

Lo otro, dice, es dejar al ser humano a su suerte. Por supuesto que hay que regular, tomar las medidas de seguridad y considerar los efectos. Pero no podemos, por miedo, perder una oportunidad gigantesca.

Las “Recomendaciones” OMS abren vías para conversar.

En estos días, los jurados a cargo de seleccionar investigaciones que financiar tendrán, entre las ofertas, proyectos sobre edición génica. Se necesitan.

Martin El Mercurio

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