Facultad de Odontología
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Cuando Francisca Sánchez vio el Hotel Montana de Puerto Príncipe en el suelo imaginó a Haití por completo en ruinas. La egresada de Odontología de la U. Andrés Bello conoció en persona el drama del país azotado por el terremoto de 7,3 grados Richter registrado el 12 de enero pasado, que le costó la vida a la abogada chilena Andrea Loi y la desaparición de la esposa del general Ricardo Toro, María Teresa Dowling, que hasta hoy es buscada intesamente por voluntarios de la ONU y una comisión chilena.

“Quedé muy impactada. Me dio mucha pena lo del hotel porque cuando lo vi destruido pensé ‘no debe quedar nada parado’. Fue un shock. Yo estuve en el Montana, tenía una terraza preciosa”, cuenta la profesional.

 

La especialista, de 26 años, realizó un voluntariado en la Fundación América Solidaria en la periferia de Puerto Príncipe  entre junio del 2008 y febrero del 2009 y hoy tiene ganas de volver aunque explica que “mi ayuda no es tan importante en este momento, por mi especialización, quiero decir. Si yo estuviera allá siginificaría quitarle el agua y la comida a un haitiano. Por ahora es mejor colaborar desde acá en lo que se pueda. A recaudar fondos por ejemplo”.

En su paso humanitario por el devastado país caribeño la egresada UNAB hizo muchos amigos, “al menos sé que todos están bien, salvo Pierre, un haitiano que era muy amigo de la casa donde nos quedábamos los voluntarios de América Solidaria. Pierre estaba en un colegio que se derrumbó y sigue desaparecido”, se lamenta.

La odontóloga recuerda Puerto Príncipe como un lugar “donde todo era muy antiguo, muy precario. Cuando llegué iba llena de energía pero cuando te instalas te das cuenta que estás en un lugar retrasado en el tiempo”, asegura.

En Haití su trabajo consistió esencialmente en “realizar extracciones. El tema dental allá es muy complicado porque al dentista sólo tienen acceso los que tienen mucho dinero”, afirma.

Pese al golpe de la naturaleza que hundió aún más a Haití Sánchez explica que “ellos son muy fuertes. La tasa de mortalidad es muy alta, hay mucha desnutrición y muchos niños mueren a poco de nacer. Pero los haitianos se sobreponen a todo y son muy alegres pese a la pobreza y creo que, por lo mismo, ven la muerte de otra manera, muy distinta a la nuestra”, concluye.

Ignacio Tobar 

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