Medicamentos contra COVID-19| Voz Experto | Química y Farmacia UNAB
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Mario Navarro, académico de la Escuela de Química y Farmacia de la U. Andrés Bello, explica algunas de las alternativas terapéuticas que se están empleando contra el COVID-19, a la espera de estudios clínicos que confirmen sus beneficios.

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La pandemia de COVID-19 ha causado miles de contagios y muertes a nivel mundial. La comunidad científica se ha volcado a la búsqueda de alternativas terapéuticas para la prevención y tratamiento del coronavirus, sin que exista aún alguna alternativa de eficacia demostrada.

Mario Navarro, académico de la Escuela de Química y Farmacia de la U. Andrés Bello, explica algunas de las alternativas terapéuticas con un mejor perfil de eficacia y seguridad, que actualmente se están empleando, a la espera de estudios clínicos que confirmen sus beneficios:

DEXAMETASONA

La dexametasona es un corticoide de amplio uso clínico, con un potente efecto antiinflamatorio. Un reporte inicial de resultados del ensayo RECOVERY, estudio clínico que ha reclutado más de 11.500 pacientes en 175 hospitales en el Reino Unido, plantea que el uso de dosis bajas de dexametasona disminuye la mortalidad en pacientes con COVID-19 que requieren aporte de oxígeno o ventilación mecánica invasiva. “La importancia de este hallazgo radica en que dexametasona es un medicamento de bajo costo, disponible en todas partes del mundo, y con un perfil de reacciones adversas conocido. Estos resultados preliminares deben ser publicados en una revista científica para ser validados por pares científicos”, subraya el químico farmacéutico. “El uso de este medicamento se debe realizar bajo supervisión médica estricta, pues su uso no está exento de riesgos. Dexametasona no ha mostrado beneficios en pacientes asintomáticos o con formas leves de la enfermedad”, agrega.

REMDESIVIR

Remdesivir es un antiviral de amplio espectro desarrollado para tratar al virus Ébola. “Su uso fue aprobado recientemente en Estados Unidos y la Unión Europea, para pacientes graves con COVID-19. Los estudios sobre la eficacia de este fármaco son limitados: remdesivir ha demostrado acortar el período de recuperación en pacientes COVID-19 graves, pero sin efecto en la mortalidad. Al ser un fármaco relativamente nuevo, aún existe incertidumbre sobre su seguridad”, advierte el académico de la UNAB. Según el experto, además, “se han reportado alteraciones en marcadores de función hepática y síntomas relacionados con la infusión intravenosa como hipotensión, náuseas, vómitos, sudoración y escalofríos. De ser considerado como una opción terapéutica en nuestro país, se requerirá la evaluación y autorización por parte del Instituto de Salud Pública (ISP) para su comercialización”, dice.

PLASMA CONVALECIENTE

La terapia con plasma convaleciente se basa en la extracción de anticuerpos desde la sangre de personas que ya fueron afectadas por la enfermedad, para ser administrados a pacientes con COVID-19 activo. “Esta estrategia no es nueva, y ha sido utilizada en otras enfermedades infecciosas a lo largo de la historia, incluidos los coronavirus SARS-CoV-1 y MERS. A pesar de lo anterior, su eficacia no ha sido demostrada de forma empírica en ninguna de estas patologías”, destaca Mario Navarro. En la actualidad se están realizando estudios clínicos en varios países para dilucidar esta incógnita. “Los resultados preliminares han mostrado mejoría clínica en pacientes con formas graves de la enfermedad. Entre sus limitaciones están la necesidad de donantes que hayan sido afectados por la enfermedad y el costo. Los riesgos asociados son los mismos de una transfusión de sangre (reacciones alérgicas y anafilaxis), de baja frecuencia pero potencialmente graves”, señala.

INTERFERONES

Los interferones son moléculas producidas por nuestro organismo, muy importantes en la respuesta frente a infecciones virales. Algunas investigaciones recientes sugieren que el SARS-CoV-2 afecta esta respuesta defensiva. “Bajo esta lógica, la utilización de interferones como herramienta terapéutica, podría ayudar al organismo a combatir al virus. Una diferencia importante de este tratamiento (en relación a dexametasona o remdesivir, enfocados al manejo de pacientes graves) es que podría prevenir complicaciones si se administra en etapas tempranas de la infección”, advierte el académico de la Escuela de Química y Farmacia UNAB. Por otro lado, existe preocupación sobre el efecto que los interferones puedan tener en etapas avanzadas de la enfermedad, donde podrían empeorar el cuadro clínico. “Distintos tipos de interferón se utilizan en el tratamiento de enfermedades como cáncer y hepatitis desde hace varios años, por lo que existe información sobre sus efectos adversos. A la fecha existen varios estudios en curso buscando definir la utilidad clínica de los interferones en pacientes con COVID-19”, concluye el químico farmacéutico.

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