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El 16 de noviembre la Dra. Claudia Morales asumió un nuevo desafío, el decanato de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello. Con sinceridad y transparencia, la especialista en medicina interna y reumatología abordó las expectativas de su nuevo cargo y reveló aspectos personales inesperados. Esta es la historia de una nueva decana en la UNAB.

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Tras dos periodos consecutivos del Dr. Jaime Contreras a cargo de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello, hace algunas semanas asumió como nueva autoridad una mujer que con sus sesenta y tantos años de vida, su título de médico internista de la Universidad de Chile, con la subespecialidad de reumatología certificada por la Superintendencia de Salud, con el Diploma en Docencia en Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, Diploma de Docencia Efectiva de la Universidad Mayor y cursos de perfeccionamiento en Educación para Profesionales de la Salud, Gestión Académica y Assessment con enfoque sistémico en la Universidad de Harvard, llega a asumir el sillón de la Facultad integrada por las Escuelas de Medicina, Química y Farmacia, Tecnología Médica, Nutrición y Dietética, y Obstetricia.

La Dra. Claudia Beatriz Morales Larraín trabajó más de 30 años en el servicio público (durante siete años fue Jefe Titular del Servicio de Medicina del Hospital Clínico Félix Bulnes) y se desempeñaba como Directora de la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias de la Universidad Mayor cuando recibió la propuesta de asumir la máxima responsabilidad en la Facultad de Medicina UNAB. “Me interesó desde un principio. Es una universidad grande, que tiene prestigio, el área de salud está bastante desarrollada y potente dentro de la universidad. En lo personal, era un ascenso profesional, un reconocimiento a mi trabajo que se venía haciendo por años, un nuevo desafío. Estoy muy contenta, adaptándome y con entusiasmo”, abre el diálogo la nueva autoridad.

Decana Claudia Morales UNABAhora que es Decana ¿Dejará su consulta médica?
La consulta me conecta con mi profesión de origen. No quiero perder esto de ser médico porque finalmente es lo que estudié, me gusta y apasiona. Si volviera a estudiar de nuevo, volvería a estudiar medicina. Pasan los años y uno se da cuenta que puede seguir aportándole a la gente en aliviarle sus sufrimientos, su dolor, educar, acompañar, aconsejar o dar sugerencias. Cada día disfruto más mi consulta. Creo que la gente siente que la apoyo y eso me gratifica. Aún atiendo por Fonasa, porque siento que estoy haciendo una labor social, en lo que es el compromiso social de la medicina.

¿Quiere inculcar esta preocupación por lo social en la Facultad, en la formación de futuros profesionales de la salud?
Mi idea es tratar de traspasarle a los estudiantes primero conocimientos y segundo la responsabilidad social, la vocación de servicio, la empatía de los pacientes que sufren y, sobre todo, atributos de profesionalismo y ética porque medicina propiamente tal lo van a aprender igual cuando estén solos frente a un paciente y tengan que ir a estudiar, pero creo firmemente que la empatía, la vocación de servicio, la comunicación efectiva, tienen que ser traspasados al alumno desde el primer día. Eso es fundamental.

¿Qué otro desafío está visualizando para la Facultad?
Tenemos que trabajar fuertemente en la acreditación de las carreras de pregrado y en los programas de postítulos. Eso es un mandato importante porque la sociedad sabe que programa que no está acreditado, se duda de su calidad. Si tenemos calidad y queremos mostrar que la tenemos, tenemos que continuar acreditando los programas de pre y postgrado. Lo otro es la investigación docente. La universidad es muy potente en investigación científica pura, pero hay que potenciar la investigación docente y hacer estudios sobre temas emergentes, por ejemplo, el bienestar estudiantil o clima educativo, el burnout de los estudiantes, entre otros.

“Mi idea es tratar de traspasarle a los estudiantes primero conocimientos y segundo la responsabilidad social, la vocación de servicio, la empatía de los pacientes que sufren y, sobre todo, atributos de profesionalismo y ética”.

¿Su decanato se caracterizará por “puertas abiertas”?
Siempre he tenido esa política. Creo que el estudiante tiene que tener en este decanato y en sus escuelas, oídos que presten atención a lo que a ellos les aqueja. A veces los jóvenes se sienten tremendamente agobiados por algo que puede ser sencillo de resolver o efectivamente tienen problemas importantes, los cuales si no se les escucha, puede tener malas consecuencias tanto en su avance curricular como en el ambiente educativo. Los jóvenes son la razón de ser de la universidad.

¿Será la misma política con los colaboradores y académicos de la facultad?
Por supuesto. Ellos también son importantes. Si no tenemos estudiante, no tenemos universidad, si no tenemos profesores quien les enseña, esto es un círculo.

EN CASA…

En lo personal, ¿cómo asume este desafío?
En mi familia están acostumbrado a que trabaje a mil. Tengo dos hijas, la mayor (Claudia, 41 años) que vive en EEUU periodista y la menor (María Luisa, 38 años) que tiene una discapacidad. Tuvo un problema en el parto, una atención deficiente del equipo médico y quedó con un daño importante. Vive con nosotros, es dependiente en todo, pero ella me ha enseñado de vida, que no todo siempre es exitoso, que no sólo el éxito llena el espíritu, la resiliencia, paciencia. Ella es una persona que nunca pide nada a cambio, que siempre está ahí con una sonrisa, que siempre está dispuesta a que le hagan cariños, es un angelito viviente.

“Pocas cosas me derriban, solo cuando María Luisa (su hija menor) se enferma. Eso me descompensa, si se resfría, le da una neumonía, que le da una vez al año, o tiene cualquier cosa y yo no sé lo que le pasa porque no habla. Ahí me empiezo a desesperar. Eso me bota. Es mi punto débil”.

¿Cómo fue para un médico como usted, estar frente a una negligencia médica como lo que le sucedió a su hija?
Yo era muy joven. Trabajaba en el sur como médico rural. Me di cuenta de lo que pasó, pero no vine a entenderlo hasta varios meses después, incluso años. El doctor programó la cesárea prematuramente. La niña nació muy mal, tenía 95% de posibilidades de no resistir… Salió adelante solita, pero nadie dijo que quedaría con severo daño orgánico cerebral porque no le llegó oxígeno. La niña tuvo un desarrollo lento, pero después se fue notando que tenía un retraso.

¿Fue duro como mamá?
Duro. Uno pasa por estados depresivos, “¿por qué a mi?” y un día dije: “¿por qué tengo que pensar que las cosas malas les tienen que pasar solo a los otros”. Después dije, “bueno tendré que ponerle el hombro porque si me deprimo quién seguirá con esta situación adelante”. Este tema nos fue separando con mi primer marido. Dije, “si con la niña mayor construiré un edificio de 10 pisos, con la menor lo tendré que hacer a ras de piso, eso es” y empecé a crecer con esto, en pensar que yo podría salir adelante como persona, como mujer, como mamá y profesional. Estuve 10 años separada y me volví a casar, es decir, me reconstruí de nuevo, y con mi hija. Siempre dije, “a ella no la voy a dejar nunca” y mi marido la fue asumiendo y hoy no se va a acostar si no pasa ver a la “monita”. Mi hija en él encontró un papá y yo un compañero.

¿Nada la derriba, Doctora?
Pocas cosas me derriban, solo cuando María Luisa se enferma. Eso me descompensa, si se resfría, le da una neumonía, que le da una vez al año, o tiene cualquier cosa y yo no sé lo que le pasa porque no habla. Ahí me empiezo a desesperar. Eso me bota. Es mi punto débil.

¿Cuál es la receta para lucir con tanta energía, saludable y con una figura envidiable?
Primero, tengo muy buena salud física y mental, eso es importante. Lo otro es tener un motor propio. Me interesa saber de todo, leer de todo, estar al día, estar con la gente. No hago ejercicios porque no tengo tiempo, me alimento con una dieta equilibrada, pero también como chocolate, tomo café, hace 20 años fumaba, lo dejé totalmente. Mi mamá tiene 98 años y su hermana, mi tía, 102. Esto es genético. Tengo un segundo matrimonio, muy estable con un marido que es un 7. Es extranjero y se quedó en Chile hace 20 años, cuando nos casamos. Desde que jubiló hace 4 años, me coopera muchísimo, él me administra la consulta, los pagos de secretaria, pago de impuestos, organiza las vacaciones, etc, todo lo hace él. Tengo esa tremenda ayuda y un gran apoyo.

Dice que trabaja mucho ¿Qué le gusta hacer en sus momentos de ocio?
Viajar como a todo el mundo. Me gusta cocinar, con mi marido cocinamos los domingos, hacemos paella, él es español, o inventamos cosas, como buen ingeniero que es. Me gusta leer, ver mis plantas y bailar. Con mi marido salíamos todos los fines de semana hasta que cerraron “Las Brujas”, ahora bailamos donde podemos, por ejemplo, en matrimonios.

Finalmente, ¿cuáles son sus metas?
En estos momentos estoy tratando de hacer lo que mejor pueda, posicionarme, interiorizarme y aprender. Plantear metas claras para dirigir al equipo que tenemos en nuestra Facultad.

Fotos: Carolina Corvalán

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