Conoce a tu Profe

Para nadie es un misterio que por años la ciencia estuvo reservada solo para hombres. La sociedad cambia y hoy hay mujeres que destacan en esta área. Frontal y sin complejos, la Dra. Gloria Arriagada cuenta sus gustos, sus desagrados, logros y sueños, mientras brilla en el Instituto de Ciencias Biomédicas UNAB.

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Su nombre es Gloria Loretto Arriagada Inostroza, nació en Concepción hace 40 años, está soltera (“sin compromiso, como Sábados Gigantes”, dice) y es uno de los rostros potentes de la investigación y de la ciencia en la U. Andrés Bello.

Fue en julio de 2012, cuando llegó a la Facultad de Ciencias Biológicas, en la sede de Viña del Mar, y en diciembre del año pasado, se sumó al Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la UNAB.

Frontal y sin complejos, la Dra. Arriagada cuenta lo que no le gusta, sus logros y sus sueños.

¿Por qué llegó al mundo de la investigación?
Cuando estaba en el colegio, quería ser médico, hasta que en tercero medio nos llevaron a la Casa Abierta en la U. de Concepción, la charla de medicina era en la tarde y obligada a elegir una charla en la mañana fui a la de la facultad de Farmacia, donde conocí la carrera de bioquímica, ahí me enamoré y no volví en la tarde a la de medicina. Entender cómo funciona una célula, un virus, una bacteria, un organismo completo, desarmando sus partes a las moléculas más simples y, luego, reconstruirlo y verlo como un todo, fue algo que me fascinó. Entonces, decidí estudiaría bioquímica y haría un doctorado para poder dedicarme a la ciencia y a la investigación. También decidí que tenía que sacarme las mejores notas y ser la primera de mi generación en la universidad si quería asegurarme una beca de doctorado, por suerte lo logré.

¿Cómo nació su gusto por la docencia
Sinceramente, no es mi actividad favorita, porque me cuesta mucho, me canso y me duele todo el cuerpo. Pero cuando algunos estudiantes comentan lo “bacán” que son las células, y se maravillan de los procesos que muestro, siento que vale la pena el esfuerzo. Me gustan los cursos chicos o participativos, donde se genera discusión, pero lo que más me gusta es guiar estudiantes en unidades de investigación, memorias y tesis, los ves crecer y madurar y eso es súper enriquecedor.

¿Cuál es su línea investigativa? ¿Dónde te siente realizada?
Todas. Cómo se transportan los retrovirus en las células, cómo puedo usar los virus como vectores, cómo infecciones ancestrales han delineado la evolución de las especies y algunas de esas infecciones son ahora parte del patrimonio genético, siendo inclusos esenciales para la supervivencia es algo fascinante.

¿Cómo vislumbra su rol como investigadora del Instituto de Ciencias Biomédicas UNAB?
Como un tremendo desafío. Estoy en un grupo científicos muy productivos y no puedo ser menos que ellos. Espero poder aportar al desarrollo del Instituto desde lo que hago, atrayendo fondos, estudiantes y publicando.

¿Qué es lo que más le gusta de su profesión?
Hacer lo que yo quiero, lo que me gusta y que, más encima, me paguen por eso.

¿Cuáles han sido sus máximos logros en lo profesional?
Son pequeñas cosas que para mí no son significativas realmente, porque todos quienes me rodean tienen una historia similar, por lo que es obvio que eso había que hacerlo. Primero, fue tener una beca PEW, lo que me permitió ir a EE.UU. a perfeccionarme en el postdoctorado. De esa beca, dan solo 10 al año para toda Latinoamérica. Luego, haber asegurado proyectos FONDECYT y haber sido parte de un Núcleo Milenio. Por supuesto, los dos primeros papers de mi laboratorio.

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Leer libros de detectives, cocinar, hornear, caminar, jugar con mi sobrino y los hijos de mis amigos, que son un dulce.

“Estoy en un grupo científicos muy productivos y no puedo ser menos que ellos. Espero poder aportar al desarrollo del Instituto desde lo que hago, atrayendo fondos, estudiantes y publicando”. 

¿Cuánto tiempo vivió fuera de Chile y cómo fue la experiencia?
Casi cinco años, fue duro al principio. Me fui de la casa de mis padres a los 28, cuando terminé el doctorado, me fui directo de Conce a Manhattan. Pero hice muchos amigos, los cuales aún conservo a pesar de estar repartidos por el mundo. Fue genial poder hacer ciencia sin preocuparse de los costos y que las cosas llegaran de inmediato, pero fue más genial conocer a otras personas de lugares muy diversos que estaban en la misma posición que yo.

¿Cuál es su plato preferido?
Nada tan especial, me gusta cuando voy a conce y mi mamá me hace tortilla de jurel con arroz, a mí no me queda tan rica. Eso sí, no como betarragas, carbonada, cazuela o charquicán. Tampoco sopas o consomé con sémola.

¿Un sueño que quiera cumplir a corto y mediano plazo?
A corto plazo, que me financien todas las cosas a las que he postulado este año y que aún no tengo respuestas. A mediano plazo, poder mejorar mi estado físico, más que un sueño es un desafío. Me pasó la cuenta los viajes diarios a Viña durante el primer semestre. Corro 100 metros y siento que me dará un infarto.

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