Ciencias de la Rehabilitación

Los estudiantes de la Escuela de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello, Vicente Barrenechea, Fernanda Carvajal, Iván Lienlaf, realizaron una importante actividad en el comedor Nono Oreste, lo que demostró el compromiso de los futuros terapeutas ocupacionales con su formación profesional.

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Tres estudiantes – Vicente Barrenechea, Fernanda Carvajal y Iván Lienlaf– prepararon un sólido proyecto en el marco de la asignatura de Perspectivas Teóricas en Terapia Ocupacional del segundo años de la carrera.

Este trabajo, con un gran componente de vinculación con el medio, consistió en una visita al comedor Nono Oreste -un recinto solidario ubicado en la comuna de Peñalolén-, con el objetivo de colaborar, cooperar y ayudar por un día en toda la jornada matutina del comedor en ámbitos como aseo y distribución, y organización de alimentos, ya sea, en la bodega o en las mesas a la hora del desayuno y almuerzo.

Los jóvenes de la Escuela de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello, además, llevaron gran cantidad de alimentos como arroz, aceite, fideos, azúcar, entre otros. Todo a fin de contribuir ese día en el comedor. “El objetivo de este trabajo fue analizar las participaciones ocupacionales de las personas, donde se generen vínculos o lazos, sentidos de pertenencia y de cohesión social. Lugar que, de forma unánime, creemos que fue el mejor para la realización del trabajo. Logramos aplicar y aprender de forma más simple y práctica la materia junto con los conceptos vistos en clases en relación a nuestra visita al comedor”, explicó uno de los estudiantes participantes del proyecto, Vicente Barrenechea.

“Conocimos la realidad de estas personas y un sinfín de carencias y demandas en sus necesidades básicas con las que deben lidiar en su cotidianidad. Asimismo, como la existencia de estos espacios genera un impacto sumamente positivo y significativo en las vidas de estas personas, además de la posibilidad de alimentarse y asearse que les otorga el comedor, la oportunidad que se les ofrece de poder interactuar y dialogar entre ellos o con los voluntarios e incluso con la encargada”, agregó el futuro terapeuta ocupacional de la UNAB.

“Sin duda que esta actividad nos contribuye enormemente para nuestro futuro quehacer profesional. Primero, por la importancia de la atención en terreno, poder estar en el lugar y relacionarse con las personas logrando visualizar e identificar de mejor manera sus necesidades, demandas, intercambios personales, etc. Segundo, la mirada y percepción que uno debe tener más allá de lo que se comente en la actualidad sobre estas personas o en estos tipos de lugares para ellos, donde existen múltiples prejuicios, estigmas y estereotipos negativos. Por último, la promoción y facilitación de los derechos de todas las personas a fin de un pleno goce y libre ejercicio de derecho y ciudadanía de las personas a fin de su propia realización y bienestar”, concluye Vicente.

Por su parte, Vicky Parraguez, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional, destaca que este comedor “pertenece a la comunidad Juan Pablo XXIII, institución a la cual también pertenece la Comunidad de Personas Sordas Proyecto Sol, con quienes tenemos convenio de prácticas profesionales. El contacto con el comedor, además de cumplir el propósito que nuestros estudiantes vivan un aprendizaje contextualizado, es fortalecer el vínculo con el medio externo, colaborando en la inclusión social de grupos vulnerados”, comenta.

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