Facultad de Ciencias de la Rehabilitación
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LuciaGodoy_UNAB_200El terremoto que vivimos en Chile corresponde a lo que se denomina “catástrofe”. ¿Pero cómo responde el ser humano frente a este escenario? ¿Cuáles son sus consecuencias? La psicóloga Lucía Godoy, académica de la Universidad Andrés Bello, detalla las respuestas ante este fenómeno. 

 

Se denomina “catástrofe” a cualquier suceso infausto que altera gravemente el orden de las cosas. Son situaciones o acontecimientos trágicos, imprevisibles, fortuitos, que se escapan al control de la persona, grupos o comunidades. Pero también producen graves consecuencias: pérdidas de vidas humanas, destrucción de bienes materiales, desorganización social, elevados niveles de frustración y sentimientos de impotencia personal, soledad y desamparo.

Frente a una catástrofe, por lo tanto, indica Lucía Godoy, académica de la Universidad Andrés Bello,  el humano pueden reaccionar de tres maneras:

1. Entre el 10 y 20% de la población afectada tiene respuestas “adaptadas”,  es decir, que tienen capacidad de mantener la calma, enfrentar el miedo y adoptar medidas de protección y ayuda a los compañeros. Generalmente son personas informadas o preparadas, con capacidad de mando y elevado sentido de la responsabilidad cívica y moral.

2. Las respuestas inadaptadas, en tanto,  se presentan el 20 y el 25% de los afectados, quienes pueden presentar desde reacciones emocionales intensas como pánico y descontrol, hasta comportamientos de agitación, inhibición, negación y oposición.

3.     La respuesta más común, que afecta al 50 al 60%, de las personas víctimas de una catástrofe, las sufren aquella personalidades más influenciables, inseguros e indecisos. Actúan bajo la presión de los demás y pueden dirigirse hacia conductas de cooperación y socorro o hacia la inhibición, el pánico, y la fuga. A este sector se dirigen los esfuerzos y medidas preventivas como la información o el entrenamiento.

 Actitudes

La profesional destaca que en la mayoría de los casos encontramos un control por parte de los afectados, por lo que los comportamientos suelen ser adecuados e incluso generosos, aunque también se dan alteraciones psicopatológicas severas como hiperactividad, estado de exaltación emocional, conductas motoras incontroladas.

La apatía, sin iniciativa, inmovilidad o desplazamientos sin sentido también puede ser una reacción esperada frente una catástrofe como la que vivimos. Dóciles ante las órdenes que les imparten, muestran conductas próximas al automatismo. Por el contrario, hay quiénes reaccionaron con violencia, con sentimientos de frustración personal, ante la magnitud de la catástrofe. Estas conductas violentas, pueden materializarse sobre bienes o personas en forma de saqueos o agresiones a terceros. Pero también por falta de una dirección clara, lo cual los hace caer bajo la dirección de líderes negativos o de grupos “lumpen”.

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