Portal Red Salud | Desde microquemaduras a cáncer: lo que ocurre en el organismo al consumir alimentos muy calientes
En una nota publicada el 2 de julio de 2026, el docente de Odontología UNAB Concepción, Dr. Fernando Inzunza, abordó las consecuencias del consumo de alimentos en época invernal.
Para muchos, no hay nada mejor que un café caliente y humeante por la mañana o un plato de sopa bien caliente para pasar el frío. Es, ciertamente, un hábito que brinda comodidad y calor. Sin embargo, la misma temperatura que se siente tan bien en las manos puede producir daños en nuestro organismo.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud advierte que el consumo frecuente de alimentos a más de 65°C irrita el cuerpo por dentro y eleva el riesgo de enfermedades graves.
El odontólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, Fernando Inzunza,
explica que, “cuando soplamos la comida solo un poco y nos la tragamos sintiendo ese «fuego» que baja por el pecho estamos agrediendo a nuestro propio organismo”.
Comidas calientes: riesgos al cuerpo
Inzunza compara lo que ocurre con una quemadura externa con lo que pasa al ingerir líquidos o alimentos muy calientes.
“Al quemarse un dedo con la cocina, la piel se pone roja, se inflama y sale una ampolla. Por dentro, nuestro tubo digestivo, es decir, la boca, la garganta y el esófago, está cubierto por una «piel» interna que es muchísimo más delgada, delicada y sensible. Cada vez que tomamos algo quemando, causamos microquemaduras en esa zona. Si lo hacemos todos los días, el cuerpo no alcanza a sanar y vive en un estado de inflamación constante”.
Los riesgos de no esperar a que se enfríe
Este hábito tan común trae consecuencias que van desde molestias diarias hasta problemas muy serios, como pérdida del gusto, debido a que el calor quema las papilas de la lengua, haciendo que la comida nos sepa a nada por varios días; dolor al tragar, dedido a que las heridas internas se curan formando cicatrices que vuelven el conducto de la garganta más estrecho y rígido. En el caso de los dientes, agrega, “el choque del calor afecta la microestructura del esmalte, provocando grietas invisibles y esa molesta sensibilidad al frío o calor”.
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