Paula| Cris Miranda, finalista Redress Design Award: Democratizar la moda sustentable - Noticias Universidad Andrés Bello
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Cris Miranda, Alumni de Campus Creativo, es finalista del Redress Design Award, gracias a su colección ‘Re Collect’, inspirada en su paso por Japón. Paula recoge en esta entrevista sus impresiones sobre moda sustentable.

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En 2019 la ONU concluía que la producción de ropa en el mundo era responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global. Hoy, a dos años de aquella estimación, las multitiendas siguen llenas, las compras por internet abundan y la crisis climática tiene a Chile en una mega sequía, pero hay quienes –como el diseñador Cristóbal Miranda (27)– abogan por volver a un consumo responsable.

También conocido como Cris Miranda, este diseñador chileno comenzó su carrera creando ropa a partir del upcycling, una técnica textil que busca reutilizar prendas ya existentes para darles una segunda vida y con ellas crear algo completamente nuevo. Y fue con esta técnica que logró quedar finalista en el concurso de moda sustentable más importante del mundo: el Redress Design Award 2022, que premia la creatividad y el uso de estrategias de diseño circular para reducir la huella de carbono. Así, produciendo lento, de manera consciente y justa, el diseñador nos cuenta cómo ha logrado crear prendas vanguardistas con textiles de desecho y asimismo, la importancia de democratizar este proceso.

¿Cómo se diseña de manera sustentable en el Chile de hoy?

Siempre ha sido una nube negra sobre mi cabeza la idea de que esto que me apasiona hacer, es al mismo tiempo tan poco sostenible y es también una de las causas de la crisis climática. Pensando y tratando de buscar alternativas de vestuario para no seguir perpetuando este escenario, llegué a la confección de prendas de muy alta calidad para que perduren en el tiempo, bajo estéticas japonesas que interioricé cuando viví allá. Trabajo con textiles fallados y con ropa de segunda mano, entonces cada vez que llega algo, tiene una historia, tiene una carga y una belleza intrínseca ese objeto que yo trato de rescatar y reformar en nuevas prendas de muy buena calidad.

En esta misma lógica, actualmente estoy creando con textiles que no se deben lavar, y así acotar el consumo de agua al máximo; entonces trabajo con materiales naturales, de origen animal y con un acabado premium de muy larga duración como la seda, el cuero y la lana. Sus procesos son mucho más sostenibles que los del poliéster y duran más porque son naturales. La idea además es que estos materiales sean de segunda mano para no seguir generando más desechos. Y es que siempre lo más antiguo es de mucha mejor calidad en cuanto a textiles: busco telas antiguas, que las venden como saldos, fines de rollo y son en general producidas en Chile en la época en que teníamos una industria textil, que era de altísima calidad, hasta que con la apertura económica del país eso se acabó y se perdió, algo que para mí es muy importante de rescatar mediante las prendas que fabrico.

El escenario para la moda sustentable parece encarecerse cada vez más: la ropa de segunda mano se ha vuelto nicho de los coleccionistas (y por ende, los precios han subido) y la que es fabricada a mano, en cuanto a precios, no puede competir con el fast fashion. ¿Cómo crees que se puede democratizar su acceso?

Que la moda sustentable sea accesible para todas y todos es algo que me he planteado como diseñador; cómo diversificar mi producción y mis precios. Hay líneas que uno puede generar a un precio más accesible, pero también necesitamos enseñarle a la gente a consumir de una manera que no es la actual. Pagas más para adquirir un producto de calidad, realizado de forma local, que no tiene toda la carga del fast fashion del abuso, la contaminación y la obsolescencia programada. Tampoco digo que todo el mundo debiese de inmediato comenzar a consumir moda sustentable porque los precios sí pueden llegar a ser más elevados para muchas personas, pero sí que habemos muchos creativos trabajando para promover esta cultura de consumo consciente. Al final la gente compra, bota, compra, compra y bota: este es el resultado de un fast fashion que nos ha enseñado a consumir rápido, lo que está en tendencia, el atractivo de parecerse al resto y el precio.

¿Cómo las marcas de moda sustentable podrían efectivamente hacerle la competencia al fast fashion?

No es tarea de los diseñadores de moda sustentable competir directamente con el fast fashion, porque perderíamos. Sino que es generar otro tipo de consciencia de consumo. Por ejemplo, cuando genero ventas me encargo de mantener el contacto con el usuario que compró, porque me interesa saber dónde va a terminar esa prenda. Es todo un ciclo circular: a veces me llegan clientes que me compraron una polera de algodón muy simple el 2017 que todavía está en buenas condiciones, pero me dicen que quieren cambiarle algo y yo les propongo cambiarle el cuello. Así se genera otro interés en el usuario y en la prenda. Sin desechar, se quedan con un objeto distinto, nuevo y no se aburren. Porque es inevitable que nos gusten las cosas nuevas.

Estuviste viviendo en Japón, donde pudiste observar nuevas tendencias y técnicas. Desde esa mirada, ¿cómo ves que funciona la moda sustentable en el mundo? ¿Tomarías algo para aplicarlo en Chile?

La base de esta cultura de la moda slow en el mundo es el open source, que es compartir los conocimientos y creo que en Chile se está replicando muy bien. Que lo que se está gestando acá es prometedor. Veo además que todos ponen como prioridad al trabajador que confecciona la prenda, el impacto medioambiental que generan las telas que usan y la búsqueda de la circularidad de las prendas. Nos estamos posicionando como un epicentro de moda sustentable. Pero si hay algo que repensar, creo que tiene que ver con la calidad de las cosas.

Entre los cientos de concursantes del Redress Design Award, Cris Miranda quedó finalista junto a otros nueve diseñadores de distintas regiones del mundo. En su colección ‘Re Collect’, Miranda muestra tres looks inspirados en su interacción con la cultura japonesa a través de conceptos tradicionales de la estética nipona: wabi-sabi, mono-no-aware y miyabi que, según cuenta, hablan de entender la transitoriedad de las cosas y la belleza que tiene lo imperfecto, lo simple, lo fallado, como las telas que escoge para darle vida a todos esos diseños que crea.

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