kinesióloga se llena de conocimientos y fuerzas | Kinesiología UNAB
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Patricia Vega se tituló en la Escuela de Kinesiología de la U. Andrés Bello en 2014, a lo que además sumó un Magister en Técnicas Kinésicas Respiratorias en la misma casa de estudios. Hoy, a sus 37 años, la profesional ha estado de frente con la muerte, conoce del dolor de la soledad a la que obliga el Covid-19, del miedo y cansancio de estar en la “Primera línea” en esta severa pandemia. Esta es la historia de un Orgullo UNAB.   

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“Como profesional, puedo decir que la pandemia me he llenado de conocimiento, a la vez, de fuerza y ganas de seguir adelante, contribuyendo al cuidado que implica un paciente con Covid”, reconoce Patricia Alejandra Vega Martínez, titulada en la Escuela de Kinesiología de la U. Andrés Bello. 

La kinesióloga actualmente trabaja en Urgencia de la Clínica Vespucio. Sin embargo, posee una potente experiencia sumada durante estos meses de pandemia.

Cuando comenzaron los primeros casos de Covid-19 en adultos mayores, la profesional trabajaba en la Fundación Las Rosas de Independencia. “Vi la cara real de esta pandemia sin saber que sería el primer paso ante el desconocido de SAR”, subraya.

¿Cómo fue ese periodo?
Estaba cansada. Los primeros meses fueron muy críticos, ya que prácticamente todos fuimos aprendiendo como era el tratamiento, por así decirlo, de esta patología que nos pilló de imprevisto. Descansé unos días y mandé un currículo y entre al Hospital de Campaña de Espacio Riesco. Fue como entrar a la segunda parte de esta pandemia: Rehabilitar al paciente que había sufrido de esta insuficiencia respiratoria aguda. Llegaban a terminar su periodo de cuarentena o rehabilitación post intubados con ventilación mecánica invasiva, fue enseñarles a realizar su vida nuevamente. Llegaban literalmente postrados, se les enseñó a caminar comer moverse… reintegrarse a su vida habitual con las secuelas que estás dejaban en sus pulmones y  cuerpo en general.

Patricia Vega

¿Y luego de que finalizó el Hospital de Espacio Riesco?
Terminó el periodo del Hospital de campaña un poco antes del tiempo estimado. Lo cual me volvió a dejar las puertas abiertas a seguir buscando lo que quería hacer: ayudar y aprender de todo lo que estábamos viviendo el año 2020. A las semanas, ingresé al Hospital de Buin como parte del equipo de Kinesiología y como docente de alumnos de Kinesiología de las universidades que realizaban su internado en ese hospital. Fue otra parte, distinta a las dos recorridas anteriormente. Era parte de un equipo ya formado y me tocaba enseñar a alumnos lo aprendido en mis años de universidad, debo confesar que siempre me ha gustado enseñar, entregar el conocimiento que tengo a futuros colegas. Estaba a cargo de la parte respiratoria y urgencias, donde estaban paciente ventilados y con distintos aportes ventilatorios en un Hospital rural, más pequeño pero no por eso menos intenso el trabajo a realizar. Terminando el 2020, decidí partir y descansar un poco, luego de tanta intensidad y perfeccionarme. Realicé cursos básicos y avanzados de ventilación, y todo lo relacionado a Kinesiología Respiratoria, que fue la elección de especialidad que opté seguir.

“De inmediato, una sensación de escalofrío, mientras quedó en blanco y no supe que decir. Sentí miedo, me puse a pensar si había tomado las precauciones necesarias, dudé de mi terapia y ese día tuve miedo de llegar a casa con mis padres y ser un posible contacto Covid. Hasta la fecha, no me he contagiado de Covid, he tomado las precauciones necesarias para librarme del contagio, ya que estoy en constante contacto estrecho”.

¿Cómo definirías estos meses de pandemia?
Intensos, llenos de desconocimiento en un principio. Quizás miedo a lo que nos estábamos enfrentando, a una Pandemia. Solo lo veíamos en películas. Había que actuar para salir adelante con los casos que cada día fueron amentando, con desconocimiento de esta patología, que en la actualidad es una Neumonía por SARS COV-19. A la fecha, los equipos multidisciplinarios de la salud, después de un primer año trabajado, seguimos aprendiendo de esto. Los pacientes son distintos a los del año 2020 que en su mayoría fueron adultos mayores con comorbilidades asociadas, los cuales tenían que se ventilados en su mayoría y la tasa de mortalidad fue inesperada y en aumento. Actualmente, los pacientes que presentan esta patología, no se vacunaron, recibieron la primera dosis y se contagiaron por algún contacto estrecho, pacientes adultos y adultos joven, que requieren ventilación sea no invasiva o invasiva, pero con la diferencia que la mortalidad en ellos es más baja pero alta en estadía en camas  UCI , UTI.

¿En qué te ha cambiado la vida en lo profesional y personal esta pandemia?
La pandemia llegó a cambiar “todo” en la forma de vivir el día a día de cada individuo, reestructurarse tanto como persona, familia y profesional. Estamos viviendo un periodo que nos cambió a nivel mundial. Como profesional puedo decir que me he llenado de conocimiento, a la vez, de fuerza y ganas de seguir adelante contribuyendo a esta causa, al cuidado que implica un paciente con Covid.

Los profesionales de la salud están cansados ¿De dónde sacas fuerzas?
En la actualidad, estamos en condiciones laborales de alta demanda física y emocional, debiendo realizar turnos rotativos de 24 horas, turnos extras, imposibilidad de acceder a días de descanso y la distancia de sus vínculos de afectos son elementos adicionales. Pero aun así, seguimos porque no podemos dejar nuestra labor a la mitad del camino. Sacamos fuerzas de las ganas que tenemos de ayudar, pasamos el tema físico a segundo plano, lo superamos en cada turno, tenemos la convicción bien importante de cuando hay emergencias, nosotros vamos a ser la primera línea.

¿Te ha pasado alguna historia con algún paciente que te haya hecho llorar?
Sí, sobre todo cuando la pandemia empezó. Un día fallecieron 6 a 7 pacientes adultos mayores los cuales yo los veía diariamente. No podían ver a sus familiares. Fueron falleciendo uno tras otro y lo único que hice al terminar mi turno, fue llorar  desconsolada porque sentía que no había dado lo suficiente quizás.

¿Te has contagiado de COVID? ¿Has tenido miedo?
Sentí miedo. Estaba atendiendo a un adulto mayor, que estaba complejo, desaturando, fiebre, mala mecánica pulmonar. Ya se estaban tomando las medidas, que es la vestimenta para la atención de los pacientes con aislamiento de contacto y gotitas, sin yo saber que esa paciente sería el primer caso en la fundación que se había contagiado de Covid. Salgo de realizarle su atención, dejarla estabilizada después de una larga evaluación, y me comentan que esa paciente era Covid positivo. De inmediato, una sensación de escalofrío, mientras quedó en blanco y no supe que decir. Sentí miedo, me puse a pensar si había tomado las precauciones necesarias, dudé de mi terapia y ese día tuve miedo de llegar a casa con mis padres y ser un posible contacto Covid. Hasta la fecha, no me he contagiado de Covid, he tomado las precauciones necesarias para librarme del contagio, ya que estoy en constante contacto estrecho.

¿Por qué crees que la gente no obedece o no entiende lo que significa esta pandemia?
Personalmente creo que la gente está cansada, de estar coartada de libertad, de estar impedida de hacer una “vida normal”. De no poder trabajar, de no recibir sus ingresos, compartir con los suyos etc. Quizás pensaron que solo sería por un tiempo y pasaría, pero ha sido todo lo contrario. Si bien tuvieron un descenso en contagios, se trató de volver a una cierta normalidad de vida pero los casos fueron nuevamente en aumento. No se respetó como se debía el aforo permitido en lugares públicos, en vacaciones, colegio, se bajó quizás el cuidado que se mantuvo durante el primer ciclo de pandemia. Y ahora estamos, además, con la inmunización en rebaño que aún no termina. La gente está incrédula de las vacunas y los que actualmente están en camas de urgencias UCI y UTI son pacientes que no se vacunaron.

“La pandemia llegó a cambiar todo en la forma de vivir el día a día de cada individuo, reestructurarse tanto como persona, familia y profesional… Como profesional puedo decir que me he llenado de conocimiento, a la vez, de fuerza y ganas de seguir adelante contribuyendo a esta causa, al cuidado que implica un paciente con Covid”.

¿Qué es lo más difícil de trabajar en un hospital en plena pandemia?
Para mí, lo difícil ha sido ver que la población, en general, aún no toma conciencia de lo real y mortal que está llegando a ser este virus. Vemos llegar gente en malas condiciones, desaturando, subfebriles, con dificultad respiratoria, mala mecánica ventilatorios y comorbilidades asociadas, porque aún no se vacunaron, no hicieron cuarentena, etc. Siento que a pesar del tiempo que hemos estado en este proceso, aún no creen que esto es real.

¿Cuál es tu visión como joven de que existan personas que no se quieran vacunar o que armen fiestas clandestinas?
Me da un poco de frustración, porque no se ha llegado con el mensaje correcto a la población, sobre todo, a la más joven. Que existan activistas antivacunas y promuevan la no vacunación, de jóvenes que realizan juntas sin ni siquiera tener los cuidados básicos de protección. Realmente, es frustrante ver que sigan contagiando. Estamos cansados, frustrados, el equipo de salud  está comprometido con la causa, pero no se ve cooperación por parte de la población.

De Bachillerato a Kinesiología

¿Por qué elegiste estudiar kinesiología?
No fue un proceso fácil, ingresé primeramente a Bachillerato en Ciencias de la Facultad de Ciencias de la Universidad Andrés Bello, mi puntaje daba para varias carreras del área de la salud, que era la que a mí siempre me gustó, desde pequeña, y para la cual me preparé. Desde un principio, mi ideal era estudiar Medicina, no me alcanzó el puntaje ponderado en ese tiempo por una diferencia,  si mal no recuerdo de 5 puntos. Se dio la opción de realizar Bachiller en ciencias  que me daba la opción, dentro de este programa, postular a alguna carrera de la parte de las ciencias asociadas al área de la Salud con cupos límites para cada una,  durante los dos años de programa y postular por calificaciones a Medicina que era mi primer propósito en ese entonces. Claramente, el territorio de Bachiller no es tan fácil. Me di cuenta, desde el primer día, que sería una guerra constante y sentí que el cupo era una pelea de quién era el mejor, precio que decidí asumir.

Patricia Vega Orgullo¿Cómo fueron esos años?
Los dos años fueron intensos, todos los días era una pelea por una nota. Me esforcé  como lo tenía pensado y mis compañeros eran fuertes contrincantes. El primer año de los 200 aproximadamente que ingresamos se fue el 50%, entre ellos, amigos que formé en el camino y rindieron la PSU nuevamente… Yo decidí seguir y terminar lo que empecé. Si bien no me arrepiento de la decisión tomada, fue difícil, estresante, quería terminar el proceso formativo. Los 10 cupos asignados se llenaron y quedé en lista de espera. Pero el segundo año, nos presentaron las distintas carreras que el Bachiller daba la opción de continuación de estudios, empecé  a descubrir que existían más carreras del área de la salud que cumplían con lo que yo quería realizar, aprender y formar para ello. Entre estas alternativas, vi la malla de Kinesiología que en esos tiempos era una carrera no tan conocida y mediática como es hoy. Averigüe mallas también de otras universidades, y me interesó Kinesiología en la UNAB por ser una malla que complementaba lo clínico. Terminé mi bachiller y postulé a kinesiología, quedé dentro de los cupos asignados y empecé la travesía de esta carrera que hoy es más conocida por la realidad mundial que estamos viviendo. Me interesó porque es una carrera que tiene el contacto directo con el paciente, la recuperación y el tratamiento es tu labor y eso quería.

¿Qué es lo primero que harás cuando termine la pandemia?
Dormir (risa). Los turnos en urgencias son intensos, te mueves todo el tiempo, todo es rápido, hay que actuar de  inmediato. Ha sido una experiencia para mí en cuanto a conocimiento y como profesional. Estoy muy comprometida en la atención de los pacientes que se encuentran cursando está patología pero estoy cansada, el estrés que vemos a diario va sumando en el cuerpo y lo único que pienso, es dormir y estar con mi familia porque no los veo casi nunca. Pasó en la clínica con turnos de 24 horas y más. Quiero disfrutar a mis padres y hermanas los extraño, extraño estar con ellos.

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