Orgullo UNAB | María Jesús Hernández: de Chile a Guatemala para descubrir nuevas formas de ejercer la matronería
Titulada de Obstetricia UNAB en 2025, María Jesús Hernández encontró en Guatemala una oportunidad para continuar desarrollándose profesionalmente. Actualmente realiza una pasantía en una casa de partos de Ciudad de Guatemala, donde ha podido complementar su formación clínica con un modelo de atención humanizado, integral e intercultural.

Una publicación en Instagram que decía “se busca aprendiz de partera” abrió para María Jesús Hernández, titulada de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, una oportunidad que la llevaría a cruzar las fronteras y comenzar una nueva etapa profesional en Guatemala.
Después de cerca de un año buscando oportunidades en Chile, llegó a Intuición Materna, una casa de partos de Ciudad de Guatemala, donde actualmente se desempeña como pasante de partería y copartera. Allí ha participado en la atención de partos fisiológicos, incluidos partos en agua, además de conocer un modelo de atención que convive con tradiciones culturales y ancestrales.
En este nuevo Orgullo UNAB, María Jesús relata el camino que la llevó hasta Guatemala, los desafíos de desenvolverse en un contexto cultural diferente y cómo esta experiencia ha dialogado con la formación que recibió en la Universidad.
¿Cómo surgió la oportunidad de llegar a Guatemala y trabajar en una casa de partos?
“Después de titularme, como muchos recién egresados, me encontré con el desafío gigante de buscar un espacio donde pudiera seguir aprendiendo y desarrollándome profesionalmente.
Estuve aproximadamente un año buscando sin éxito alguna oportunidad en mi país que me permitiera seguir creciendo. Fueron momentos difíciles, de bastante frustración y bajoneo, pero al mismo tiempo siempre mantuve la esperanza de que en algún momento aparecería algo.

En paralelo, no me cerré a la posibilidad de emigrar con mi profesión y, en ese proceso, tuve una conversación muy significativa con Helena Yeimi, matrona de Inglaterra que trabaja en la ONU, quien me animó a no limitarme geográficamente y a considerar la matronería como una profesión que también puede desarrollarse fuera de Chile. Además, destacó que nuestra formación teórica es bastante sólida y adaptable a distintos contextos.
En medio de esa búsqueda, un día en Instagram me apareció una publicación que decía ‘se busca aprendiz de partera’. Sin pensarlo demasiado entré a la oferta y descubrí que se trataba de una casa de partos en Ciudad de Guatemala llamada Intuición Materna. Sentí que era una oportunidad que no podía dejar pasar, así que envié mi carta de motivación y mi currículum.
A las semanas me contactaron para una entrevista y tuve una reunión con Viana, la directora de la casa de partos, quien me explicó el funcionamiento del lugar, la dinámica de trabajo y la posibilidad de integrarme como pasante durante algunos meses para conocer el modelo de atención y aprender cómo se desarrolla la matronería en este contexto”.
¿Cómo fue tomar la decisión de dejar Chile y qué rol tuvo tu familia en ese proceso?
“Tomar la decisión de venir a Guatemala también significó dejar algunas cosas atrás. Mis papás fueron un apoyo fundamental en ese proceso. Recuerdo que me dijeron: ‘María Jesús, dale. Quizás tu futuro no está acá’. Y creo que escuchar eso de ellos fue muy importante, porque me dieron la confianza para atreverme”
¿Cuál es tu rol actualmente en Intuición Materna y qué tipo de experiencias has podido vivir?
“Actualmente ingresé a esta casa de partos como pasante de partería y trabajo como apoyo directo de la partera principal. Soy una copartera y aún estoy en proceso de aprendizaje.
He participado en atenciones de partos fisiológicos, incluyendo partos en agua, que han sido experiencias muy hermosas. Además, siento que este es un rol bastante integral, porque no está enfocado solamente en la atención clínica, sino también en el apoyo a la elaboración de documentos y protocolos, el orden y preparación de los espacios, el reabastecimiento de los insumos después de cada parto y toda la organización necesaria para que cada atención pueda desarrollarse de la mejor manera.
También participo en las atenciones de mujer sana, que abarcan el cuidado ginecológico y preventivo. Entonces, he podido conocer no solamente la atención clínica, sino también comprender todo lo que implica mantener y gestionar un espacio como este”.
¿Qué significó para ti llegar a Guatemala y enfrentarte a una realidad sanitaria y cultural diferente?

“Llegar a Guatemala significó para mí salir completamente de mi zona de confort. Una de las primeras cosas que noté fue el cambio cultural. Aquí todavía se respetan mucho las culturas de sus antepasados, sus culturas mayas, y todavía se hablan más de 20 dialectos.
Algo que también me impactó fue que aquí todavía se atienden partos en casas con parteras, abuelas, comadronas y doulas. Es legal, está permitido y todavía se respetan sus tradiciones ancestrales y culturales, y eso me pareció muy lindo.
Yo vengo de Chile, donde estamos acostumbrados a una red sanitaria muy amplia y estructurada. Tratamos de tener cobertura en gran parte del país, con Cesfam, hospitales, postas rurales y un sistema de derivación oportuna.
Acá en Guatemala pude entender que el acceso a la salud está condicionado también por el lugar donde vive una persona, las distancias, el tráfico, el tiempo que puede tomar llegar a un servicio de salud y los recursos económicos de cada persona.
Al mismo tiempo, siento que acá me han enseñado mucho que existen formas de cuidado que no necesariamente pasan exclusivamente por una institución de salud”.
¿Qué características tiene el modelo de atención que has conocido en Guatemala?
“Intuición Materna es un lugar donde se hace un abordaje muy integral y humanizado. Siento que cada mujer que viene siente esta casa de partos como su casa y genera una conexión muy bonita.
Algo que para mí ha sido muy importante al aprender este modelo es la confianza en el cuerpo. Damos mucha autoconfianza y reforzamos siempre lo que la mujer está haciendo bien.
Las parteras aquí ofrecen la información y el apoyo necesario para que las mujeres y sus familias puedan tomar sus propias decisiones en cada uno de los momentos más importantes de sus vidas.
Acá me han hecho entender mucho que el cuerpo de la mujer tiene una enorme capacidad de gestar, parir y atravesar estos procesos, y que nuestra labor como profesionales muchas veces es entregar información, acompañar y generar las condiciones para que la mujer pueda conectar con esa capacidad.
También debemos recordar que ella es quien tiene el poder de decidir sobre su cuerpo y sobre lo que considera mejor para su proceso, siempre contando con toda la información necesaria y resguardando su seguridad y la de su bebé”.
¿Cuál ha sido uno de los principales aprendizajes que te ha dejado acompañar a mujeres en este contexto?
“Algo que conversamos mucho es lo diferente que es cada mujer. Es como un libro: cada una es un libro distinto, con su propia portada, sus propias páginas y su propio final.
No he visto una experiencia de embarazo o parto exactamente igual a otra durante el tiempo que he estado acá. Cada mujer tiene sus propias necesidades, sus propios recursos, sus propias creencias y su propia fuerza para atravesar estos diferentes procesos.
Aquí he aprendido mucho sobre no dirigir, sino confiar en el proceso del cuerpo de la mujer. Hay otras mujeres que sí necesitan que les digan qué hacer o una pequeña dirección y arrancan inmediatamente.
Creo que he aprendido que este acompañamiento busca mirar a la mujer de una manera mucho más amplia”.
¿Cómo ha dialogado esta experiencia con la formación que recibiste en la Universidad Andrés Bello?

“Lo primero que pienso cuando me pregunto qué me entregó la UNAB son todos los conocimientos teóricos y clínicos que hoy para mí son fundamentales para desarrollarme profesionalmente y estar donde estoy actualmente.
Pero con el tiempo también me di cuenta de que la Universidad me entregó un conjunto de cosas. Los campos clínicos me permitieron aprender mucho, trabajar en equipo, comunicarme con otros profesionales, asumir responsabilidades por mis actos y decisiones y, sobre todo, comenzar a desarrollar criterio clínico.
Considero que el criterio profesional está muy ligado a la experiencia y es algo que todavía está en construcción para mí, pero sin duda tener una base teórica sobre fisiología, patología y comprender qué está ocurriendo con una paciente me permite saber cómo debo orientar mi plan de manejo hacia esa persona”.
¿Conocer otro modelo de atención ha cambiado tu manera de comprender la matronería?
“Estar en una casa de partos me ha permitido conocer un modelo de atención muy humanizado y holístico, una mirada diferente a aquella con la que me formé en la Universidad, que tiene una base biomédica, y que acá busca adaptarse a las necesidades de cada mujer y su familia, considerando necesidades económicas, de salud, tradicionales y culturales.
También aprendí que el modelo biomédico en el cual me formé no es la única forma de entender el cuidado. Hay otras miradas y otros tipos de medicina, y siento que aquí me han enseñado a no cerrarme a una sola manera de ejercer la matronería.
Podemos tener una base científica y clínica muy sólida y, al mismo tiempo, estar abiertas a conocer otras formas de acompañar a las mujeres y sus familias, siempre evaluando qué es seguro y qué responde realmente a las necesidades de cada una”.
Durante tu formación también viviste momentos difíciles. ¿Hubo algún docente que haya sido especialmente importante para ti?
“Durante mi formación clínica hubo un momento muy importante para mí que no fue fácil. Hubo etapas en las que llegué a cuestionarme si realmente quería seguir estudiando Obstetricia y si este era el camino para mí, aun teniendo una motivación muy fuerte por esta carrera, ligada también a experiencias de mujeres de mi familia.
Hubo momentos en que estaba a punto de tirar la toalla y tuve la suerte de encontrar docentes que me acompañaron mucho. Ahí llegó la profesora Luz, como una luz prácticamente, a decirme: ‘Lo estás haciendo bien. Tú tranquila’.
Ella fue mi mentora, por decirlo así, durante mis prácticas clínicas. Es una persona muy cercana y cariñosa, que sabe mucho y tiene una forma de decir las cosas con mucho tacto. Siento que me ayudó muchísimo en momentos muy críticos.
También puedo destacar a otros docentes, como el profesor Juan Pablo, la profesora Circe y la profesora Karina. Siento que los profesores que tuve transmitían ese amor por la carrera y esa pasión por los distintos ámbitos que aborda la Obstetricia. Hice un muy buen match con algunos profesores y me llevo recuerdos muy lindos de ellos”.
¿Qué consejo les darías a estudiantes o recién egresados que estén pensando en buscar una experiencia profesional fuera de Chile?
“Si alguien quiere vivir una experiencia internacional, le diría que se prepare, que investigue muy bien el lugar al que va, que llegue con humildad y, sobre todo, con disposición para aprender. No se trata de llegar a enseñar cómo hacemos las cosas en nuestro país, sino también de aprender de la realidad que encontramos.
Al principio puede ser duro. Vas a extrañar, Chile es un país fácil de extrañar por las costumbres familiares que tenemos, y probablemente habrá momentos en que te preguntarás: ‘¿Qué hago acá?’. Lo importante es rodearte de personas que te recuerden tu motivación y tu capacidad para lograr lo que quieras.
También les diría que no tengan miedo de explorar caminos diferentes. A veces pensamos que al egresar debemos seguir inmediatamente una ruta determinada, pero también es válido detenerse, buscar nuevas experiencias, seguir formándose y descubrir qué tipo de profesional queremos ser”.
Después de todo lo que has vivido en Guatemala, ¿qué tipo de matrona quieres llegar a ser?

“Todo lo que estoy viviendo me ha enseñado que quiero ser una matrona y partera con una mirada amplia: una profesional que tenga la capacidad de escuchar sin dirigir y tomar decisiones según las necesidades de cada mujer.
Y, sobre todo, espero ser una matrona que nunca deje de aprender. Creo que todavía estoy construyendo quién quiero ser profesionalmente, pero tengo claro que quiero ejercer una matronería que combine conocimiento, humanidad y respeto por cada mujer y cada familia que confíe en mí.
Al final, esta decisión de salir de Chile y abrirme a una nueva mirada de la atención me permitió reencontrarme con mi primer propósito: acompañar a las mujeres para que se sientan escuchadas, validadas y respetadas en algo tan íntimo y poderoso como es gestar y parir”.
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