25 Junio 2026

Orgullo UNAB | Erik Vergara: «La innovación nace cuando uno se enamora de un problema»

El geólogo UNAB que transformó una investigación universitaria en Environet, una startup dedicada al monitoreo inteligente del agua. Hoy, tras obtener el primer lugar del Desafío Emprendedor de Banco de Chile, regresa a su alma mater como académico para inspirar a las nuevas generaciones de innovadores.

Todas las fotografías son gentileza de Banco de Chile

Lo que comenzó como una tesis de Geología terminó convirtiéndose en una startup reconocida a nivel nacional. En esta entrevista, Erik Vergara recuerda su paso por la UNAB, habla de innovación con propósito y reflexiona sobre el impacto que la ciencia puede generar en la sociedad.

 Desde muy joven sabías que querías estudiar Geología. ¿Cómo nació esa vocación y por qué elegiste la Universidad Andrés Bello?

Siempre me llamó la atención entender cómo funciona la Tierra. Desde adolescente tenía esa curiosidad por descubrir qué ocurría bajo nuestros pies y cómo se formaba el planeta. Incluso libros como Viaje al centro de la Tierra despertaron aún más ese interés.

Cuando apareció la posibilidad de estudiar Geología en la UNAB, me convenció que desde el primer semestre podía tener contacto con la disciplina. En otras universidades debía pasar primero por un plan común, mientras que acá podía comprobar rápidamente si realmente era mi camino.

Entrar a la Universidad también significó encontrar personas con los mismos intereses. En el colegio muchas veces era «el ñoño de las ciencias»; en la UNAB encontré compañeros apasionados por la geología y eso hizo que sintiera que finalmente estaba donde pertenecía.

Todas las fotografías son gentileza de Banco de Chile

 ¿Qué momentos de tu paso por la Universidad recuerdas como fundamentales para tu formación?

Sin duda, los trabajos en terreno. Ahí entendí que la geología no se aprende únicamente en un laboratorio o una sala de clases.

Cada salida era una oportunidad para mirar un paisaje de manera completamente distinta. Uno deja de ver simplemente montañas o quebradas y comienza a entender millones de años de historia geológica.

También fueron años de mucho crecimiento personal. Entré siendo bastante tímido y poco a poco aprendí a presentar trabajos frente a profesores con una enorme trayectoria, a defender mis ideas con argumentos y a trabajar colaborativamente. Son habilidades que hoy utilizo todos los días como emprendedor.

¿Hubo profesores que marcaran especialmente tu camino profesional?

Sí, varios. Cada uno me dejó algo distinto.

Recuerdo especialmente a profesores que me enseñaron la rigurosidad del trabajo en terreno y la importancia de observar con atención, porque el ojo del geólogo también se entrena.

Pero si tengo que mencionar a alguien, diría Cristóbal Ramírez. Él me mostró que la geología no solo podía desarrollarse en la minería, sino también en la investigación, la innovación y el emprendimiento.

Lo más bonito es que hoy seguimos trabajando juntos. Pasé de ser su estudiante a convertirme en colega y eso habla también del vínculo que mantiene la Universidad con sus egresados.

¿Cómo surgió la idea de crear Environet?

Todas las fotografías son gentileza de Banco de Chile

Todo nació durante mi tesis, mientras investigaba temas relacionados con aguas subterráneas me di cuenta de que existía un problema muy importante: faltaban datos en tiempo real para entender qué estaba ocurriendo con los recursos hídricos.

En ese momento sentí que mi investigación no podía quedarse guardada en una biblioteca. Me enamoré del problema y empecé a pensar cómo podía resolverlo.

Llamé a un amigo ingeniero electrónico con quien estudié en el colegio y comenzamos a desarrollar una solución. Después se sumó otro compañero, químico, y así nació un equipo multidisciplinario que fue transformando una tesis universitaria en una empresa tecnológica.

El emprendimiento no fue un camino sencillo. ¿Qué papel jugó la UNAB en ese proceso?

Fue fundamental. Primero participé en el programa Endowment, que me permitió fortalecer el proyecto y viajar a Boston para conocer el ecosistema de innovación de universidades como Harvard y el MIT.

Después ocurrió algo aún más importante: la Universidad creyó en nuestro proyecto.

Hoy Environet desarrolla parte de su tecnología en dependencias de la UNAB y trabaja junto a estudiantes y egresados de distintas carreras. De alguna manera terminamos formando un verdadero ecosistema de innovación donde la Universidad sigue siendo parte de nuestro crecimiento.

Eso demuestra que el vínculo con la UNAB no termina cuando uno recibe el título.

Hace pocos meses obtuvieron el primer lugar del Desafío Emprendedor de Banco de Chile. ¿Qué significó ese reconocimiento para ustedes?

Todas las fotografías son gentileza de Banco de Chile

Fue un momento muy emocionante, cuando uno emprende pasa mucho tiempo trabajando con incertidumbre, sin saber si las cosas realmente van a resultar. Haber ganado un concurso tan importante fue una validación enorme para todo el equipo.

Más allá del premio, sentimos que era el reconocimiento a años de esfuerzo, aprendizaje y perseverancia.

También nos abrió nuevas puertas, nos permitió representar a Chile en Barcelona y demostrar que desde una startup creada por jóvenes profesionales también es posible desarrollar innovación de alto impacto.

Hoy eres emprendedor, investigador y además académico de la UNAB. ¿Qué significa volver a la Universidad desde ese nuevo rol?

Es un orgullo enorme. Cuando egresé jamás imaginé que volvería como profesor o que estaría ayudando a otros estudiantes a encontrar prácticas profesionales y desarrollar sus propios proyectos.

Lo más gratificante es poder mostrar que existen caminos distintos para un geólogo. Muchos piensan inmediatamente en la minería, pero la geología también puede generar innovación, emprendimiento y soluciones para problemas ambientales.

Si mi experiencia logra inspirar aunque sea a un estudiante para desarrollar una idea propia, siento que ya vale la pena.

¿Qué mensaje les darías a los estudiantes UNAB que tienen una idea innovadora pero aún no se atreven a desarrollarla?

Que no esperen el momento perfecto, las mejores ideas nacen cuando uno identifica un problema real y decide buscar una solución.

Mi consejo es preguntar, pedir ayuda, conversar con profesores, aprovechar todas las redes que ofrece la Universidad y no tener miedo a cambiar el rumbo cuando sea necesario.

La innovación no consiste necesariamente en inventar algo completamente nuevo; muchas veces consiste en mirar un problema desde una perspectiva distinta.

Y, sobre todo, nunca dejar de ser resilientes. Emprender significa adaptarse, aprender de los errores y seguir adelante. Si uno persevera y aprovecha las oportunidades, la Universidad puede transformarse en un gran aliado para convertir una idea en un proyecto con impacto real.