09 Abril 2026

Orgullo UNAB| Emprender con valores: la historia detrás de KIFIT y su fundador Cristián Fogar

Desde una pieza de 2x2 metros hasta un centro de 700 m² con cerca de 30 personas trabajando, el camino de Cristián Fogar ha estado marcado por la inquietud, la intuición y una profunda convicción valórica.

Egresado de la Universidad Andrés Bello, hoy lidera KIFIT, un proyecto que combina kinesiología, entrenamiento y comunidad, y que ha crecido junto con su propio proceso personal.

¿Cómo fue tu paso por la universidad y qué recuerdos guardas de tu formación?

Mi paso por la universidad fue muy positivo y enriquecedor. Yo venía de un colegio muy académico, pero era súper deportista, entonces no tenía muchos hábitos de estudio. En vez de estar estudiando, estaba entrenando.

La universidad fue mi primera experiencia real de tener que poner atención en clases, tomar apuntes y estudiar en serio. Ahí construí mis primeras bases académicas y metodológicas para poder avanzar en la carrera.

Pero lo que más destaco es el perfil valórico de los docentes. No solo eran buenos académicamente, sino que estaban muy preocupados de la persona. Me sentí acompañado, priorizado como Cristián antes que como estudiante o futuro profesional. Recuerdo mucho la empatía, la vocación de servicio y el trabajo en equipo. Eso me marcó profundamente.

¿Te vinculaste al deporte universitario o tuviste que enfocarte completamente en los estudios?

No me involucré mucho en el deporte universitario porque ya traía esa área muy desarrollada desde el colegio. Y, siendo honesto, la universidad me costó. Me costó generar el hábito de estudio, organizar mis tiempos, trabajar en equipo. Entonces concentré casi toda mi energía en poder avanzar año a año en la carrera.

¿Qué te motivó a emprender en el ámbito del bienestar, la salud y el deporte?

Fue algo muy natural en mí. Siempre he sido inquieto, muy de empujar ideas y hacerlas realidad. En tercer o cuarto año tuve una especie de crisis vocacional: sentía que había mucha teoría y poca práctica.

Buscando respuestas, llegué como pasante voluntario a Clínica MEDS, donde estuve casi tres años. Ahí pude ver en la práctica lo que estaba estudiando. Entendí que la kinesiología era exitosa desde el punto de vista técnico, pero muchas veces era rígida, tradicional y poco estimulante.

Ahí me hice una pregunta clave: ¿cómo hacer una kinesiología igual de efectiva, pero en un ambiente entretenido, donde el paciente quiera ir y no lo viva como una carga? Desde esa inquietud nació la idea de KIFIT. Fue muy a pulso, muy desde el corazón, sin una estrategia tan pensada. Y explotó más rápido de lo que imaginé.

¿Cómo fue enfrentar ese crecimiento acelerado?

Fue desafiante. Me especialicé primero en Medicina y Ciencias del Deporte y luego, cuando el emprendimiento creció, tuve que aprender de gestión, administración y finanzas. Incluso gané un premio Corfo que me permitió capacitarme en Alemania en Health Management.

Pero ese proceso fue duro. Me sentí sobrepasado, agotado. Tuve crisis de burnout, hospitalizaciones por trastornos del sueño. Fue un costo personal alto.

Hace dos años tomé una decisión clave: priorizarme. Y eso trajo paz. Hoy KIFIT tiene equipo, socios y estructura. Yo ya no me desvivo por el proyecto como antes, porque entendí que si yo no estoy bien, nada funciona bien.

KIFIT ha tomado decisiones poco comunes en la industria, como contratar formalmente a sus kinesiólogos. ¿Por qué?

Porque es coherente con los valores que me formaron. La industria en Chile muchas veces normaliza condiciones laborales precarias. Nosotros decidimos hacer las cosas distinto, aunque implique reinvertir utilidades y no retirar ganancias.

No lo hacemos solo por los kinesiólogos, sino por las personas que hay detrás de ellos. Ese enfoque valórico viene, en gran parte, del perfil formativo que recibí en la universidad.

¿En qué etapa está hoy KIFIT y cómo se proyecta a futuro?

Hoy estamos en Vitacura, en un espacio de 700 m², con cerca de 30 personas trabajando. Tenemos líneas de negocio en kinesiología, entrenamiento y desarrollo de eventos.

Para 2027 queremos abrir una segunda sede en Las Condes y avanzar hacia alianzas estratégicas con grandes clínicas. Creemos que existe una necesidad de ofrecer espacios de salud donde la gente no se sienta enferma, sino parte de una comunidad enfocada en el bienestar.

Como egresado y emprendedor, ¿qué mensaje le darías a quienes quieren iniciar su propio proyecto?

Primero, que estén muy sólidos como personas: emocional, psicológica y familiarmente. Emprender es duro, largo y costoso.

Segundo, que no intenten inventar la rueda. Copien buenas ideas, pero atrévanse a ponerles su sello. La diferenciación real está en tu esencia y en tus valores.

Y tercero, entender el timing. Yo no fui visionario, tuve buen timing y mucha suerte. Hoy el mercado es más competitivo que hace 10 años. Por eso es clave saber quién eres tú y qué te hace distinto. La gente conecta más con tus valores que con tus competencias técnicas.