Sello Investigación| Mauricio Coppo apunta al desarrollo de vacunas chilenas para aves de corral - Noticias Universidad Andrés Bello
Concepción

Recién llegado de Australia, su objetivo este año es replicar en Concepción sus investigaciones sobre detección de enfermedades y elaboración de vacunas para animales, cuyo fin es colaborar con productores locales para que no tengan pérdidas por enfermedades.
Además, contó que en ese país aún está a cargo de una investigación, financiada por los gobiernos australiano y británico, sobre resistencia antibiótica. “Esa es la próxima pandemia que se nos viene”, adelantó.

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Estuvo 13 años becado en Australia especializándose en enfermedades infecciosas de aves de corral. Allá realizó sus estudios de Master y Doctorado. El médico veterinario, Mauricio Coppo, hoy forma parte del equipo de investigadores de la sede Concepción de la Universidad Andrés Bello.

Su objetivo, asegura, es generar investigación en Concepción sobre enfermedades infecciosas de animales y desarrollar técnicas de diagnóstico y control, con un enfoque en las aves de corral y también otros animales domésticos.

“Estas investigaciones son útiles, porque ahorran mucho dinero a los productores. Al tener pruebas de laboratorio precisas, sabemos de qué está enfermo un lote de gallinas, por ejemplo, y así podemos aplicar las medidas de control correctas”, precisa. En Australia también participó en la generación de vacunas para aves de corral, las que luego producía una empresa farmacéutica.

Proyectos a desarrollar

Este año, su meta es “replicar este mismo trabajo investigativo en Concepción, a través de obras concretas. Eso significa hacer difusión no solo dentro de la universidad, sino que también entre los veterinarios, los productores, las empresas que producen alimentos de base animal. La idea es que si los veterinarios no tienen donde mandar sus muestras lo hagan acá”, proyecta. “Vamos a realizar investigación conectándonos con quienes lo necesiten”.

Además, seguirá realizando investigación en Ciencias Básicas, las que son habitualmente financiadas por el Estado a través de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo.

“Apuntaremos a ambos lados. Por un lado, la parte práctica, de cómo apoyamos a los productores locales para ahorrarles plata, para que ellos no tengan pérdidas por enfermedades que no pueden identificar, y cómo los ayudamos a que controlen esas enfermedades para que no sigan ocurriendo. Además a investigación básica, que permite determinar los puntos clave de la biología de los organismos que causan enfermedades para generar vacunas u otras estrategias de control, y para eso recurrimos al financiamiento del Estado”, explica el investigador.

Vacunas chilenas

Adelanta que estas mestas son innovadoras dentro del contexto local, ya que no se desarrollan vacunas para aves de corral. Sin embargo, explica que es necesario realizar elaboración propia, ya que algunos virus cambian y mutan muy fácilmente, “entonces para este tipo de organismos vale la pena tener vacunas propias”.

El académico también será parte del equipo del Hospital Clínico Veterinario que se inaugurará este año, ya que el objetivo es apoyarlo con el laboratorio en el diagnóstico e investigación de las enfermedades infecciosas de los perros y gatos que llegarán a ese centro.

En la misma línea, Coppo estará a cargo de la asignatura Patobiología Molecular, en la que el enfoque será “cómo hacer investigación en Ciencias Veterinarias, porque son pocos los alumnos que se plantean la necesidad de saber cómo se identifican los organismos, cómo se controlan, quién desarrolla las vacunas y este ramo se va a enfocar a esto. Estoy contento, porque voy a poder compartir mi experiencia con los alumnos de acá, de todo lo que aprendí en Australia y que espero que a ellos también les sirva”.

El coronavirus, la influenza, los animales y los antibióticos

El inicio de la pandemia lo vivió en Australia, y como científico, está plenamente consciente de los riesgos del traspaso de virus de animales a las personas. “Los científicos hace muchos años sabíamos que esto iba a suceder. Esto ya pasó antes, con el SARS en Asia y con el MERS en Medio Oriente y la fortuna es que esos virus no fueron tan infecciosos o trasmisibles entre la gente”.

Detalla que, “en Asia hay frecuentemente brotes de influenza aviar, que se pasa de las aves a humanos, pero no de persona a persona. El problema es que basta con que el virus cambie un poquito y ya se pueda transmitir más eficientemente entre humanos y tendríamos una nueva pandemia, esta vez de influenza”.

Asegura que esto se puede evitar “gracias a los veterinarios que podemos elaborar sistemas de control y monitoreo de los casos de influenza (y otros virus) en esas aves, lo que reduce las posibilidades de transmisión entre la gente. Y por eso la importancia de las vacunas, porque ese virus va mutando, entonces hay que hacer una vacuna anual, y que es lo mismo que está pasando con el coronavirus (SARS-Cov2) , que va mutando, y por eso tiene que ser distinta la vacuna año tras año, por eso es clave el trabajo de los científicos, para ir adelantándose a este tipo de fenómenos”.

Resistencia a antibióticos

El trabajo de Mauricio Coppo no ha finalizado en Australia. Deberá volver cada cierto tiempo para seguir su investigación sobre resistencia a antibióticos, “que es la otra pandemia que se nos viene”, dice. “Hay bacterias en los animales que se hacen resistentes a los antibióticos, y como nosotros nos comemos la carne de esos animales esas bacterias pueden pasar a nosotros, o esas bacterias pueden pasar al agua, a la tierra, y entonces eso se resuelve con un concepto que se llama UNA SALUD, que es el abordaje multidisciplinario de los problemas de salud en los que participan los humanos, los animales y el medio ambiente”.

Así, el objetivo es optimizar el uso de antibióticos en humanos y animales para que se utilicen lo menos posible y de esta forma reducir le emergencia y transmisión de organismos resistentes.

Esos proyectos de asistencia internacional e investigación en países del sur y sudeste asiático son financiados por el gobierno británico y el estado australiano “para apoyarlos y que tengan la capacidad de detectar organismos resistentes, para que puedan hacer vigilancia y así elaborar políticas que sean más coherentes”.

 

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