LT Board | Lo bueno y lo malo de los tres primeros meses sin celulares en la sala
Unos dicen que ahora los estudiantes están más concentrados; otros, que han aumentado los casos de violencia al interior del aula. En lo que sí, todos coinciden es en que el desafío no es sólo lograr que los alumnos guarden sus celulares -al menos durante las clases- sino reconstruir la convivencia, la atención y la vida escolar de una generación que ha sido prácticamente criada frente a las pantallas.
A tres meses de la implementación de la Ley 21.801, que regula el uso de teléfonos celulares en establecimientos educacionales, continúa generando debate en las comunidades escolares del país. En este contexto, Juan Pablo Catalán participó en una nota publicada por La Tercera A Bordo, donde abordó los desafíos pedagógicos, sociales y culturales que ha significado esta normativa para estudiantes y docentes.
El académico de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello sostuvo que los efectos de la ley se están manifestando de manera distinta según la realidad de cada establecimiento. “No se trata solamente de guardar los celulares, sino de recuperar la atención, la convivencia, la presencia y devolver a los recreos su condición de espacios de juego e interacción”, señaló.

Catalán explicó que muchas comunidades educativas han abordado la medida únicamente desde una dimensión administrativa, dejando de lado el objetivo formativo de la normativa. “El éxito de esta ley no se medirá por cuántos celulares se logren guardar, sino por cuánta vida escolar logremos reconstruir”, afirmó.
Asimismo, el investigador UNAB advirtió sobre el impacto que el uso excesivo de dispositivos móviles tiene en los procesos de aprendizaje y convivencia escolar. “La OCDE ya nos venía advirtiendo que la distracción digital se asocia con menores resultados de aprendizaje, y la UNESCO ha planteado que la tecnología en educación debe usarse con un propósito pedagógico y no como una presencia permanente”, indicó.
Para el académico, el desafío actual no pasa únicamente por restringir el uso de celulares, sino por fortalecer los espacios de encuentro y socialización dentro de las escuelas. “El tiempo libre dejó de ser un espacio para imaginar o crear y se transformó en un consumo automático de contenidos”, reflexionó.
En esa línea, agregó que la dinámica escolar también se ha visto afectada en los espacios de recreación y convivencia. “Antes de la ley era común ver a los estudiantes sentados mirando el teléfono. Había cuerpos presentes, pero vínculos ausentes”, sostuvo.
Finalmente, Juan Pablo Catalán enfatizó que la educación debe entenderse más allá del aula y que la recuperación de los espacios compartidos resulta clave para el desarrollo socioemocional de niños, niñas y adolescentes. “La educación no ocurre sólo dentro de la sala de clases; el patio también educa”, concluyó.
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