A raíz de los recientes hechos de violencia escolar que han marcado la agenda pública —entre ellos, la tragedia ocurrida en un establecimiento educacional de Calama—, el debate sobre la convivencia en las comunidades educativas ha cobrado renovada urgencia en Chile. En este contexto, el académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jonathan Martínez-Líbano, participó en el programa A Bordo de La Tercera, conducido por Polo Ramírez, donde analizó las causas y desafíos asociados a este fenómeno.
Martínez-Líbano, director del Magíster en Educación Emocional y Convivencia Escolar de la UNAB, planteó que el aumento de la violencia en espacios educativos no responde a una sola causa, sino a múltiples factores que interactúan entre sí. “El aumento de la violencia en contextos escolares responde a un fenómeno multicausal. Desde una perspectiva psicopatológica, se observa un incremento sostenido de dificultades en la regulación emocional, impulsividad y baja tolerancia a la frustración en niños y adolescentes. Esto se vincula con trayectorias de desarrollo marcadas por estrés crónico, experiencias adversas tempranas y contextos familiares o comunitarios con alta exposición a violencia”, explicó.

El académico también relevó el impacto del entorno digital y social en la configuración de estas conductas. “Muchos estudiantes han estado en contacto constante con contenidos violentos, dinámicas de ciberacoso y modelos de interacción desregulados. Este contexto favorece procesos de desensibilización frente a la violencia y normalización de conductas agresivas”, señaló.
Desde una perspectiva formativa, el análisis apunta a la necesidad de fortalecer herramientas de educación emocional y convivencia escolar dentro de los establecimientos, como una vía para abordar de manera preventiva estas problemáticas. En esa línea, el trabajo académico desarrollado por la UNAB en este ámbito busca aportar a la comprensión del fenómeno y a la formación de profesionales capaces de intervenir en contextos educativos complejos.
La discusión sobre violencia escolar abre así un espacio para reflexionar sobre el rol de las comunidades educativas, las políticas públicas y la formación docente en la promoción de entornos seguros. En este escenario, la evidencia y el conocimiento generado desde la academia resultan fundamentales para avanzar hacia estrategias integrales que aborden tanto las causas como las consecuencias de este fenómeno.