Le Monde Diplomatique | Sobre la deserción escolar en Chile: ¿y si le preguntamos a las escuelas qué necesitan?
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Los académicos de la Escuela de Educación de la Universidad Andrés Bello, Carmen Gloria Garrido y René Valdés, ofrecen un análisis, a partir de los datos publicados por el Mineduc, referente a cuáles factores sociales han incidido en la creciente deserción escolar en Chile

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Las cifras entregadas por el Mineduc son paralizantes: más de 50 mil estudiantes abandonaron la escuela entre 2021 y 2022 y un 39% de los estudiantes matriculados presenta inasistencia grave. Sobre esta situación nos encontramos con dos tipos de explicaciones: unas más integrales y multidimensionales y otras con foco en la escuela, en la sala de clases y, por supuesto, en el profesorado. Esta última replica un reproche constante: que la escuela es aburrida, estática, negligente, sedentaria, que no se reinventa y que no se hace cargo de los problemas de la sociedad.

Pero toda explicación requiere de un ejercicio de memoria: volvemos de una pandemia que constató que habitamos la desigualdad, la pobreza y la segregación. Esta situación desequilibró la vida escolar y mostró un rostro frío para niños, niñas y jóvenes que no lograron conectarse a clases, para familias que debían turnarse el computador y para profesores que debían hacer clases en espacios que antes eran espacios familiares. ¿Cómo encontrar el sentido a una condición de escolarización sin sentido? ¿cómo seguir así el ritmo escolar? ¿Cómo lidiar, en estas condiciones, con la agotadora presencia del curriculum escolar?

Pero esto no es lo único: la escuela chilena está sometida al enfoque técnico, a la estandarización, al logro de indicadores, de competencia y de rendición de cuentas; elementos que lesionan la función socializadora de la escuela, debilita la idea de comunidad, precariza los tiempos para pensar y limita los espacios de autoconstrucción pedagógica en contextos reales. Desde esta lógica, la deserción escolar no se debe solo a la pandemia, es a pesar de ella. En paralelo, visualizamos una sociedad polarizada, en constante conflicto social, político y económico, maltratos públicos, violencias y un transitar sin vigilancia ética.

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