La Tribuna | Columna de opinión: Rabia en murciélagos: una alerta sanitaria que exige prevención sostenida
Fernando Torres, Director de la Escuela de Química y Farmacia de la U. Andrés Bello, advirtió sobre la presencia de la rabia en murciélagos en Los Andes.
En una columna publicada el 3 de febrero por La Tribuna, el director de la Escuela de Química y Farmacia de la U. Andrés Bello, Fernando Torres, advirtió sobre la presencia de rabia en los murciélagos.
El académico señaló que «el reciente hallazgo de un murciélago con rabia en una zona urbana de Los Andes vuelve a generar preocupación por una enfermedad que, si bien presenta una baja incidencia en humanos, mantiene una letalidad extremadamente alta cuando no se actúa de manera oportuna».
«Este tipo de episodios no debe interpretarse como una situación excepcional, sino como parte de un fenómeno conocido y monitoreado por la autoridad sanitaria en Chile», añadió Torres.
La rabia es una zoonosis viral que afecta el sistema nervioso central de los mamíferos y cuya evolución clínica, una vez iniciados los síntomas, suele ser irreversible.
El experto explicó que «la erradicación de la variante canina representa un avance significativo en salud pública, pero no implica la eliminación del virus. La circulación de la variante silvestre en murciélagos persiste y constituye el principal reservorio del agente infeccioso a nivel nacional».
«Es relevante señalar que la proporción de murciélagos infectados es baja y que el riesgo real se concentra en situaciones de contacto directo sin medidas de protección», aclaró Torres.
El académico añadió que «la transmisión del virus ocurre principalmente a través de la saliva, por mordeduras, arañazos o contacto con mucosas o heridas abiertas. En este contexto, la manipulación de fauna silvestre se transforma en un factor de riesgo evitable».
Finalmente, Torres sentenció que «la experiencia acumulada muestra que la rabia, pese a su gravedad, es una enfermedad prevenible. La coexistencia con fauna silvestre en espacios urbanos exige información clara, conductas responsables y una coordinación permanente entre autoridades sanitarias, profesionales de la salud y la comunidad».
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