La Segunda| Columna de opinión de Beatriz Mella: Decisiones de movilidad
Beatriz Mella señala que el aumento del precio de los combustibles no solo afecta el bolsillo, sino que evidencia la dependencia estructural del sistema de transporte y la necesidad de avanzar hacia alternativas más resilientes.
El reciente aumento en el precio del petróleo a nivel internacional volvió a instalar una preocupación recurrente en Chile: el alza en el valor de la bencina. Sin embargo, más allá del impacto inmediato en los costos, el fenómeno abre una discusión más profunda sobre cómo estas variaciones influyen directamente en las decisiones de movilidad cotidiana.
Así lo plantea Beatriz Mella, académica de la Universidad Andrés Bello y directora alterna del Centro Avanzado de Transporte, Logística y Competitividad Económica (CATLEC), quien advierte que estos episodios reflejan una fragilidad estructural del sistema.
Dependencia que se vuelve visible en crisis
Según explica la especialista, el alza de los combustibles no es un problema aislado, sino la manifestación de una dependencia que persiste en el tiempo.
“Cada shock externo termina trasladándose, de una u otra forma, a cómo nos movemos en la ciudad”, señala.
En ese sentido, crisis geopolíticas o variaciones en el mercado internacional del petróleo terminan afectando directamente la vida cotidiana, encareciendo los desplazamientos y condicionando las alternativas disponibles para millones de personas.
Avances en electromovilidad: una resiliencia aún parcial
Mella destaca que Chile ha avanzado en los últimos años en la electrificación del transporte público, lo que ha permitido reducir parcialmente esta dependencia.
Las políticas impulsadas en distintas administraciones han contribuido a posicionar al país con una de las flotas de buses eléctricos más grandes de América Latina, incorporando una capa de resiliencia frente a la volatilidad de los combustibles fósiles.
No obstante, advierte que este avance todavía es insuficiente.
“Esa resiliencia aún es parcial, ya que las tarifas pueden seguir ajustándose, los costos seguir subiendo y la exposición al contexto global mantenerse”, explica.
Viajes cortos, gran oportunidad
Uno de los puntos clave que plantea la académica es que una parte significativa de los desplazamientos urbanos podría resolverse con alternativas menos dependientes del petróleo.
En ciudades como Santiago, entre el 40% y el 50% de los viajes diarios son menores a cinco kilómetros, lo que abre espacio para repensar la movilidad.
“No todos pueden hacerse caminando o en bicicleta, pero es justamente en ese margen donde se juega una transformación mayor”, sostiene.
Hacia una movilidad más resiliente
Frente a este escenario, la experta plantea que el debate no debería centrarse únicamente en el precio de la bencina, sino en cómo reducir la dependencia estructural hacia los combustibles fósiles.
La micromovilidad, la caminabilidad y un transporte público integrado aparecen como alternativas clave para avanzar en esa dirección.
“Cada viaje que no depende del combustible fósil es, en alguna medida, un viaje menos vulnerable”, afirma.
Finalmente, Mella subraya que profundizar las políticas de electromovilidad no solo responde a desafíos ambientales, sino también a la necesidad de construir ciudades más adaptativas frente a un contexto global incierto.
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