17 Junio 2026

La Segunda | Columna de Mauro Basaure: los sujetos CAE

El CAE nació como promesa meritocrática: estudia, endeudate, titúlate, paga después con el salario que el mercado te devolverá. El Estado no financiaba directamente la igualdad; la garantizaba como deuda.

El CAE ha producido sujetos distintos según el gobierno que les habló. Primero les dijo: puedes ascender con tu esfuerzo; el Estado será tu aval. Luego les dijo: fuiste víctima de un sistema injusto; tu deuda será reparada. Ahora les dice: eres deudor moroso; debes pagarles a todos los chilenos. Como en Pirandello, el sujeto CAE es uno, ninguno y varios: emprendedor cuando se endeuda, víctima cuando se promete condonarlo, moroso cuando Tesorería lo persigue.

Esa mutación importa. Las políticas públicas no solo administran recursos; entregan señales. Definen sujetos: qué conducta es razonable, qué obligación es legítima y qué imagen de sí mismo puede adoptar el individuo.

El CAE nació como promesa meritocrática: estudia, endeudate, titúlate, paga después con el salario que el mercado te devolverá. El Estado no financiaba directamente la igualdad; la garantizaba como deuda.

La izquierda de Boric alteró radicalmente esa señal. Nombró al deudor como víctima de una injusticia estructural y prometió reparación. Pero lo hizo antes de contar con la traducción institucional de esa promesa: ley, mayoría, financiamiento, administración. La política no solo expresó una demanda moral; modificó las expectativas prácticas de quienes debían pagar. Si una deuda es declarada injusta y pronta a desaparecer, cumplirla puede parecer ingenuo. La denuncia normativa llegó antes que la institucionalización de su solución.

Esta es la falla que marca a Boric y su generación: tenían razones para impugnar el CAE, pero moralizaron la deuda sin construir a tiempo la institucionalidad capaz de superarla. Trataron una pretensión de justicia como si ya fuera un derecho adquirido. En vez de decir «queremos cambiar esto, pero mientras no haya ley, financiamiento y mayoría, la obligación sigue vigente», hablaron como si las condiciones políticas y fiscales de la reparación estuviesen garantizadas.

La derecha recibe ahora el caso servido. Envía una señal opuesta: las deudas se pagan, el Estado recupera recursos, las promesas irresponsables terminan en Tesorería. Es una escena perfecta para su relato de orden. Pero también contiene su riesgo: si el cobro aparece inhumano, el deudor deja de ser un irresponsable y vuelve a ser la víctima que tanto prefiere la izquierda de Boric.

El CAE ha sido precisamente una máquina de interpelaciones sucesivas, en el sentido de Althusser: estudiante meritorio, víctima de injusticia, deudor moroso. Uno convierte la deuda en inversión personal; otro, en injusticia estructural; otro, en incumplimiento individual desvergonzado. Pero el individuo es el mismo. Solo cambia el relato estatal que lo interpela.

Prometer abolir una deuda sin poder hacerlo erosiona la obligación. Cobrarla como si fuera una deuda cualquiera erosiona la legitimidad. El CAE es una deuda legal atravesada por señales políticas contradictorias.

Autor: Mauro Basaure Académico de Sociología UNAB y Núcleo Milenio Crispol.