11 Junio 2026

La Segunda | Columna de Claudia Saavedra: Ciencia e inmediatez

La investigadora de la UNAB reflexiona sobre la poca visibilidad que tiene la ciencia en la vida cotidiana de las personas.

La ciencia enfrenta una dificultad singular en el debate público: sus recortes rara vez generan el mismo nivel de preocupación que los de otras áreas. Es comprensible que la seguridad, las listas de espera en salud, el costo de la vida o el empleo concentren la atención de la ciudadanía, porque son problemas inmediatos que afectan directamente la vida cotidiana de las personas. En comparación con esas urgencias, la ciencia suele parecer un tema lejano, casi invisible, y por ello los recortes o la menor ejecución presupuestaria generan escasa reacción social. No porque la ciencia sea menos importante, sino porque sus beneficios y también sus pérdidas se manifiestan en una escala temporal distinta.

La ciencia tiene un problema de inmediatez. Cuando se reduce el financiamiento científico no se cierran hospitales ni escuelas al día siguiente, ni se observa un impacto evidente en la vida cotidiana. Sin embargo, se debilita silenciosamente la capacidad del país para generar conocimiento, innovar y formar nuevas generaciones de investigadores. Muchas de las soluciones que hoy damos por sentadas en salud, medio ambiente, minería, agricultura o tecnología existen precisamente porque hubo personas e instituciones que decidieron invertir en investigación décadas antes de que sus beneficios fueran visibles. Por eso, mientras los problemas urgentes dominan legítimamente la agenda pública, la ciencia suele quedar relegada, aun cuando es una de las herramientas fundamentales para resolver muchos de esos mismos desafíos.

El riesgo es que los efectos de los recortes actuales no se verán mañana, sino dentro de cinco o diez años. Se reflejarán en menos investigadores, menos innovación, menor capacidad para responder a nuevas crisis y menos herramientas para impulsar el desarrollo del país. La paradoja es que la ciencia parece prescindible cuando se toman las decisiones presupuestarias, pero se vuelve indispensable cuando la sociedad necesita respuestas. Un país que sólo puede mirar la urgencia del presente corre el riesgo de debilitar las capacidades que necesita para construir su futuro.

*Esta columna fue publicada en el diario La Segunda el miércoles 10 de junio