La Segunda | Carta al director de Pierre Romagnoli: rigor científico
El decano de la facultad de Ciencias Exactas reflexiona sobre el uso de la IA en la investigación científica.

Una de las demandas históricas de la comunidad científica ha sido la ausencia de evidencia y herramientas formales al momento de diseñar políticas públicas o tomar decisiones de Estado. Frecuentemente, esto ocurre porque la ciencia rehúye de los dogmas y verdades lapidarias, una prudencia que incomoda a quienes buscan imponer sus intereses como verdades absolutas e indiscutibles. Sin embargo, hoy nos enfrentamos a una crisis aún más insidiosa.
Con el acceso masivo y global a herramientas de IA para todo tipo de análisis, el debate público se ha saturado de supuestos estudios «científicos» validados únicamente por el procesamiento de grandes volúmenes de datos. Ante esto, es imperativo recordar un principio fundamental: los datos y los análisis automatizados, por sí solos, no son ciencia. Si la manipulación deliberada de la información ya es un peligro conocido, el uso de datos guiado por la ignorancia metodológica es una amenaza de proporciones insospechadas.
La IA actual es una herramienta extraordinariamente potente, pero carece de intuición epistémica. Multiplica exponencialmente nuestra capacidad de procesar datos, pero también nuestra capacidad de amplificar sesgos y falacias lógicas a una escala nunca antes vista. Entregar el análisis de datos a manos que ignoran los fundamentos del método científico no nos conduce a una sociedad más informada, sino a una gobernada por espejismos estadísticos. En la era del Big Data, la necesidad de un pensamiento científico riguroso no ha disminuido; se ha vuelto una cuestión de supervivencia democrática e institucional.
Esta carta fue publicada en el diario La Segunda el 2 de noviembre de 2026.
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